La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

CRISTIANISMO ESOTERICO

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR – LA FLECHA EN EL BLANCO

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
PRIMERA PARTE
Se nos indica que al rezar el ‘Padre Nuestro’ digamos:

“Hágase tu voluntad, así en la tierra
como en el cielo”.
γενηθητω το θελημα σου, ώς έν ούρανω, και έπι γης.

En un sentido psicológico, ‘tierra’ significa aquella parte del hombre creada por los sentidos.
Psicológicamente, esa es la ‘tierra’ que llevamos dentro. El hombre vive bajo el gobierno de lo
que con los ojos ve. La ‘voluntad del cielo’ no se hace en esta ‘tierra’, que es el hombre mismo.
Ha de aprender a comprender separado de los sentidos.

FLECHA En todo cuanto sigue ha de tenerse presente una cosa: la relación del Hombre con la
enseñanza esotérica que se ha sembrado en la humanidad desde un nivel superior. Las
categorías de hombres que se describen en las páginas siguientes son categorías de hombres
en su relación con ideas esotéricas: los que las pueden entender, los que las entienden
erradamente y aquellos otros que efectivamente las entienden del todo y las siguen.
El hombre fue creado como un organismo capaz de evolución propia, como una semilla que
puede crecer hacia arriba en la escala vertical del ser. Y toda enseñanza esotérica proviene de
aquel nivel superior que crea al hombre; esto es, una enseñanza eterna acerca del Hombre y su
posible evolución interna, y también los medios con que puede alcanzar este objetivo.
Cuando una persona lo toma todo literal o materialmente, significa que está usando un nivel
inferior de pensamiento, el más bajo o externo. En este nivel el mundo exterior va a su
encuentro por medio de los sentidos, y su pensamiento está situado ahí. Sus ojos contemplan
la luz física del sol y su mente se forma ideas a base de los objetos, a base de lo que ve, oye y
palpa a su alrededor. Estas ideas derivan de los objetos visibles y tangibles. Piensa partiendo
de este orden de ideas; pues nadie piensa ni puede pensar si no es partiendo de las ideas que
tenga. De modo que Id corriente es que todas las ideas de una persona se apoyen en las cosas
del mundo, o sea en los objetos que le revelan los sentidos. Y esto es lo que moldea su mente.
Esa es la mente literal. Dicho nivel de la mente no puede alejarse de las cosas. Sólo las cosas
y las ideas derivadas de ellas le son reales. Si se le priva de las ideas que derivan del mundo
de las cosas, su pensamiento quedará destruido. Y si a este nivel se le presenta la idea —
digamos— de que el tiempo es una dimensión en la que se extienden el pasado y el futuro, no
podrá tener nada con ella, porque no puede pensar sino sobre la base de lo que ve.
Este nivel inferior de la mente, que piensa de una manera natural, a base de lo aparente, es el
que primero se forma en nosotros. Y es de la mayor importancia, pues nos relaciona con la
vida exterior. Pero ha menester que este nivel se utilice tan sólo para lo que fue creado. No se
puede utilizarle para tratar ideas que no derivan de lo aparente. La mente tiene otros niveles
que no se abren por los sentidos externos, y a estos niveles pertenecen otras ideas y modos de
pensamiento. Tomemos el ejemplo más sencillo posible de lo que significa pensar sobre la
base de los sentidos, de una manera natural, literal, y sólo desde lo aparente. Y también
tomemos un ejemplo sencillo de lo que significa pensar desde un nivel ligeramente superior.
En apariencia, o sea según nos lo informan los sentidos, el sol nace en oriente y desaparece en
poniente. Un hombre de pensamiento natural jurará que esto es así. Pero si piensa desde un
nivel ligeramente superior, y contra lo aparente, verá que esto no es verdad. Es la tierra la que
gira y le hace parecer que el sol sale y se pone. Pero nadie puede ver la rotación de la tierra.
Vemos, más bien, que parece que el cielo rotase, y es solamente natural que pensemos que da
una vuelta en torno a la tierra cada 24 horas. Esta es una manera natural o mecánica de pensar.
Se apoya en el hecho que los sentidos le muestran, se apoya en una apariencia. Corresponde a
la mente literal que piensa únicamente en términos de cosas y las ideas que derivan de ellas.
Es muy importante que el hombre aprenda a distinguir entre diferentes categorías de ideas.
Tarde o temprano tiene que saber lo que significa “pensar en categorías diferentes”
(Ouspensky: UN NUEVO MODELO DEL UNIVERSO). De otro modo no podrá
desarrollarse internamente. Si no entiende que las ideas corresponden a diferentes categorías,
comenzará a mezclar valores de diversos grados; chocarán entre sí, y le parecerán
contradictorios. Hay distintas clases de ideas. Las ideas son de distintos niveles. La misma
idea de niveles indica que cada cosa es diferente, que no se puede mezclarlas y hay que
mantenerlas distintas las unas de las otras. Todas las ideas esotéricas yacen a un nivel que está
por encima de la mente de pensamiento natural, del pensamiento que se apoya sólo en las
apariencias. Es imposible entender estas ideas al nivel más mecánico y literal de la mente. Sin
embargo, y hasta cierto punto, deben primero caer sobre este nivel, pues nadie puede pensar
de una manera diferente, a menos que empiece por lo que ya sabe y comprende.
Con relación a la enseñanza esotérica existen muchos problemas. Las ideas esotéricas yacen
mucho más allá de las naturales. Sin embargo, es preciso tender un puente que las conecte.
Este es uno de los problemas que encara el esoterismo: hallar los medios para transmitir ideas
de una categoría superior, ideas que pertenecen a un nivel superior de la mente, a aquellas
personas de pensamiento natural, literal, que se apoyan en los sentidos y en la apariencia de
las cosas. En los Evangelios se tendió este puente por medio de las parábolas.

SEGUNDA PARTE
Una parábola es un medio que relaciona un significado inferior con uno superior. Pero es
necesario observar más de cerca la base de las parábolas y la razón de su existencia. En las
antiguas enseñanzas se toma al Hombre como el enlace entre un mundo superior y uno
inferior, entre el ‘cielo’ y la ‘tierra’. Como ser físico, vive en la tierra por la luz del sol; pero
como ser psicológico, vive por la luz que recibe su grado de entendimiento y comprensión, la
que es del ‘cielo’ y mucho más maravillosa. A medida que va creciendo en entendimiento y
comprensión, se pone cada vez más bajo esta luz. Bien puede decirse que el hombre es capaz
de pensar sólo gracias a esta fracción de luz que recibe. Existe un lenguaje que se conoció en
un tiempo y que conecta al Hombre del nivel de la tierra con el hombre del nivel del cielo.
Los parábolas están hechas en este idioma. Es un lenguaje específico, un lenguaje que al
hablar de cosas en términos terrenales, habla a la vez del significado que estas cosas tienen a
un nivel superior. En este idioma, todo lo que hay en la tierra representa algo correspondiente
en la comprensión. Los objetos representan ideas. Todas las cosas físicas tienen su significado
psicológico preciso. No son significados subjetivos ni arbitrarios que haya creado el hombre,
sino objetivos. Es decir, son significados bastante apartados de las asociaciones subjetivas del
Hombre. Todas las cosas creadas en la tierra tienen un significado cierto, real y objetivo, pues
representan algo que yace a un nivel superior y que sólo puede captarlo el entendimiento. Si
el hombre estuviese totalmente despierto podría captar el significado objetivo de todas las
cosas que le rodean. Le bastaría estar del todo despierto en el centro emocional, esto es, si
fuese consciente del centro de las emociones superiores. Este centro es un mundo que está por
encima de nosotros. El lenguaje del Centro Emocional Superior es el lenguaje de las
parábolas, el de la visión. Es, por ejemplo, el idioma en que está escrito el Apocalipsis. El
lenguaje de este extraño libro trata con imágenes de los sentidos. Cita caballos, trompetas,
espadas, estrellas, sol, luna, reyes, guerras, pestilencias y toda suerte de cosas. Cuando lo
leemos, pensamos que literalmente significa todas esas cosas. Su significado yace en lo que
esas cosas terrenales representan en este perdido lenguaje que, sin embargo, aún existe en nosotros.
Hubo una época en que se conocía y se entendía este lenguaje. Se le usó deliberadamente en
mitos, leyendas, parábolas y otros medios de expresión. Hubo una época en la que el Centro
de las Emociones estaba despierto en el Hombre. Entonces andaba y hablaba con Dios. Dio
nombres a todo lo creado. O sea que reconocía lo que representaba cada objeto.
Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos,
y trájolas a Adán para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adán llamó
a los animales vivientes, ese es su nombre. (Génesis, II, 19)
Si el hombre estuviese despierto en el Centro de las Emociones Superiores, su iluminación le
permitiría conocer el significado de todas las cosas. Las vería tal corno son. Conocería las
propiedades, cualidades y usos que tienen las cosas. Sabría lo que cada una representa.
Percibiría las ideas que representa cada objeto físico. Pasaría de un mundo de cosas físicas a
un mundo de significado sobrenatural, inconcebible. Estaría en una condición de conciencia
objetiva.

TERCERA PARTE
Cada expresión que se emplea en las parábolas de los Evangelios, o en la descripción de un
milagro, tiene un significado especial que pertenece a este lenguaje de las cosas visibles del
mundo, pero con la comprensión de la mente y del Centro de las Emociones Superiores. La
parábola es cosa viva únicamente cuando se apoya en este lenguaje, pues entonces tiene
conexión con los niveles superiores. Todo lo literal que tiene una construcción correcta de los
términos de este lenguaje es un conducto de fuerza que proviene de los niveles superiores, y
así está viva. Tal es la base de los milagros, pues un milagro se produce atrayendo leyes de un
mundo superior para que obren en uno inferior. Esta era la razón de los rituales, sólo que
ahora el ritual ha perdido su significado, pues para que sea efectivo, para que sea un
conductor de fuerza se precisa no sólo un entendimiento de su significado, sino también alcanzar
cierto grado emocional. Por ejemplo, la colocación de las manos era un rito basado en
este perdido lenguaje. Las manos representan poder, y el toque significa contacto. Pero,
limitado a un simple rito, no puede resultar curativo. Sin embargo, el ritual es de la mayor
importancia. Se debía hacer las cosas de un modo correcto a fin de corresponder a este
lenguaje, pues de otro modo no había transmisión de fuerza. El asunto es similar al lenguaje
ordinario: si se ordenan las palabras de manera correcta, serán conductoras de significado.
Es también la base del arte objetivo. Una parábola constituye un ejemplo de arte objetivo. Al
estar en un orden correcto, es un conductor de significado permanente o eterno, y todos la
entenderán estrictamente conforme a su propio nivel de ser. Es decir que su significado
crecerá según el nivel de comprensión de la persona. Al nivel literal o más bajo de la mente, la
parábola se entenderá literalmente. Parecerá un simple relato acerca de un pastor, o de un hijo
dispendioso, y cosas por el estilo. Uno pensará que, efectivamente, se trata de un rey, de un
pastor o de un hijo, y un erudito quizás quiera hacer una minuciosa investigación a fin de establecer
a quién se refiere históricamente. Basta con leer los comentarios más modernos del
Nuevo Testamento para darse cuenta de cuan literalmente se puede tomar todo lo que dicen
los Evangelios. En tiempos pasados había una mejor comprensión de estas cosas.
Comencemos por la que se llama la parábola de las parábolas. Es la primera que se cita en el
libro de Mateo, en el Capítulo XIII. Hasta este punto, la enseñanza de Cristo se presenta en la
forma de discursos, como el Sermón de la Montaña. Luego, y de un modo abrupto. Jesús
comienza a enseñar en parábolas. La primera contiene la clave de todas las demás. Dice a sus
discípulos que, a menos que entiendan ésta, no podrán entender las demás. Esto se consigna
en la versión de Mateo, pero en la versión de Marcos (IV)Jesús dice: ‘¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?’ (v. 13) Esta parábola clave es la del Sembrador. Se da en los capítulos XIII de Mateo, IV de Marcos y VIII de Lucas. No se da en la versión de Juan, porque este Evangelio está escrito de un modo muy diferente y tuvo su origen en otra escuela.

Comencemos con la versión de Mateo. A veces es muy importante tomar nota de la
introducción a una parábola. En este caso, la introducción dice:
Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. Y se allegaron a él
muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba a la
ribera. Y les habló muchas cosas por parábolas… (Mateo, XIII, 1/3)
Puede tomarse esto literalmente, pero tiene otro significado. Posee un sentido psicológico
aparte del literal. En el lenguaje parabólico se emplea a veces la palabra mar para significar
algo distinto de tierra. En este caso, el significado es que Jesús habla de cosas que no
corresponden al entendimiento terrenal o literal del Hombre, sino de cosas que a primera vista
son incomprensibles para un entendimiento apoyado en los sentidos. Habla desde otro nivel,
de modo que se le representa como que no está en la tierra, sino en el mar, cerca de la playa.
Diferentes categorías de ideas corresponden a distintos niveles de entendimiento. En el
lenguaje natural de los sentidos se representan estos diversos niveles de modos diferentes,
como montañas que son algo distinto a una llanura, o como mar que es diferente de tierra.
Según Mateo, la parábola del Sembrador empieza así:
Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió a
sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó al camino; y vinieron las aves y la
comieron. (V. 3/4)
Tratemos únicamente esta parte por ahora y procuremos entender su significado. Ocurre que
esta es una de las parábolas que el propio Cristo interpreta. Los discípulos le preguntan qué
quiere decir, y por qué razón habla en parábolas. De momento no nos ocupemos de su razón
para hablar en parábolas. Tratemos de su interpretación de esta primera parte, que dice así:
‘Oíd, pues, vosotros la parábola del que siembra. Oyendo cualquiera la palabra del reino y no
entendiéndola, viene el malo y arrebata lo que rué sembrado en su corazón: este es el que fue
sembrado junto al camino.’ (V. 18, 19) Tomemos nota de que en la última línea dice: ‘este es el
que fue sembrado junto al camino (ούτος έστιν ό παρα την όδον σπαρεις) Se refiere al
Hombre, a cierta clase de hombre.

El Hombre es la semilla. Sin embargo, también se define la
semilla como ‘la palabra del reino’ ό λογος της βασιλειας

Esto, naturalmente, se refiere a la enseñanza acerca del Reino de los Cielos, y que en otra parte se dice expresamente que está en el hombre. Cuando los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el reino de Dios, Jesús les
dijo: ‘El reino de Dios no vendrá con advertencia; ni dirán helo aquí, o helo allí: porque he
aquí que el reino de Dios entre vosotros está.’ (Lucas, XVII, 20/21) Por consiguiente, la
semilla que se siembra es la enseñanza esotérica, la que trata de la posible evolución interior
del Hombre a un nivel superior llamado ‘el cielo’. Y la semilla es también el hombre, pues la
cita dice: ‘este es el que fue sembrado junto al camino.’ Toda enseñanza esotérica toma al
hombre como a una semilla. En este sentido se dice del hombre que, a menos que muera para
sí, no podrá dar fruto. Cuando Jesús se enteró de que ‘ciertos griegos’ habían venido para
hablar con él, anunció que ya había llegado su hora. ¿Por qué dijo esto justamente al llegar los
‘griegos’? He aquí este extraño episodio que se da únicamente en Juan: ‘Y había ciertos
griegos de los que habían subido a adorar en la fiesta: éstos pues se llegaron a Felipe, que era
de Bethsaida de Galilea, y rogáronle diciendo: Señor, quemamos ver a Jesús. Vino Felipe y
díjolo a Andrés; Andrés, entonces, y Felipe, lo dicen a Jesús. Entonces Jesús les respondió
diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. De cierto, de cierto
os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere,
mucho fruto lleva. El que ama su vida la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará.’ (Juan, XII, 20/25)
Este es un episodio de singular interés, pues en los Misterios Órficos de la antigua Grecia, el
grano de trigo, la semilla, era una idea central de su enseñanza, una enseñanza muy poco
conocida. El grano de trigo representaba al Hombre. Este episodio muestra con bastante
claridad una conexión precisa entre las antiguas escuelas griegas y el drama de Cristo; pero,
por algún motivo, ninguno de los comentaristas del Nuevo Testamento parece darse cuenta de
este hecho. El Hombre es una semilla y el esoterismo también lo es. Pero cuando el hombre
oye las ideas esotéricas, vienen las aves y las devoran. Las aves también representan algo
preciso en el lenguaje de las parábolas. Por lo general, representan pensamientos. Platón, por
ejemplo, da la imagen de la mente humana como un pájaro enjaulado. El tema principal del
Ititus es esta jaula. A ella entran toda clase de aves y luego se van. Si el hombre oye las ideas
esotéricas y no las entiende, significa que tiene pensamientos falsos o errados. Estos falsos
pensamientos, como aves, devorarán las ideas o las alterarán hasta convertirlas en una
mentira. Es decir, el falso pensamiento devora estas ideas. El falso pensamiento es el ‘malo’ (ό
πονηρος) Tal es el significado del ‘diablo’ con relación a la mente. Y todos podemos verle en
nuestros propios pensamientos. Todo el que sea sincero en lo que observa en sí mismo, verá el
enorme poder que tiene la mentira y cuánto hemos de luchar contra ella en nosotros mismos.
La mentira lo toma todo equívocamente, da un falso significado a las cosas que han ocurrido,
etc. Por consiguiente, las aves de este caso significan falsos pensamientos. Pero pueden
también significar pensamientos ciertos. Los cuervos del desierto alimentaron al profeta Elias:
‘Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde; y bebía del
arroyo.’ (I Reyes, XVII, 6) En este caso las aves significan también pensamientos, pero en
otro sentido. Le aumentaban con pensamientos ciertos, con una comprensión cierta. La mala
comprensión nos lo destruye todo interiormente. La comprensión cierta nos alimenta a todos.

El Hombre es una semilla sembrada en la tierra y el esoterismo es una semilla sembrada en el
hombre, a fin de que despierte a la vida la semilla que es el Hombre.

sem

La primera categoría que describe la parábola del Sembrador es el que cayó junto al camino.
Este hombre no puede entender las ideas esotéricas, o las entiende mal y las falsea. Como
semillas, las gentes son sembradas en la vida de modos diferentes y su poder de comprensión
varia según el lugar en que se les sembró.

CUARTA PARTE
Ahora hemos de pensar acerca de la extraña idea de que se siembra a los hombres de
diferentes modos en la tierra. Hemos de pensar a la luz de lo que dice la parábola según
Mateo. Citaré una vez más la primera parte:
He aquí, el que sembraba salió a sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó
junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
Tras haber contestado la pregunta que le hicieron los discípulos de por qué hablaba en
parábolas, y tras haberles dicho que a -ellos les era concedido saber los misterios del reino de
los cielos, Jesús agrega:
Oíd, pues, vosotros la parábola del que siembra. Oyendo cualquiera la palabra del
reino, y no entendiéndola, viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su
corazón; este es el que fue sembrado junto al camino.
La última frase es muy extraña: ‘este es el que fue sembrado junto al camino.’ Extraña, porque
significa que al Hombre se le siembra de diferentes maneras en el mundo. Es decir, no todos
tienen la misma oportunidad de entender lo esotérico. Ya Jesús ha dicho que la multitud, las
gentes, no pueden saber de los misterios del reino de los cielos, pero que sí pueden saberlo los
discípulos. Les ha dicho: ‘Mas bienaventurados vuestros ojos porque ven; y vuestros oídos
porque oyen’, (V. 16)

Esto, por cierto, no se refiere ni a ojos ni a oídos materiales, no se refiere a los órganos de los
sentidos. Los ojos significan la percepción interna, y los oídos, capacidad para percibir con las
emociones. La mente es lo único que puede reconocer la verdad de una cosa, y las emociones
pueden medir su valor y bondad. Pero en su propia interpretación de esta parábola Jesús
destaca la idea de que sólo unos cuantos entre muchos pueden captar y seguir su enseñanza. Y
define clases o categorías de gentes. La primera es aquella que oye la palabra (la enseñanza
de las ideas esotéricas, la idea del hombre consciente y la de la propia evolución hada el
estado que se llama el reino de los cielos y que es el círculo consciente de la Humanidad) y
que no entiende nada. Lleva ojos y oídos abiertos a la vida, a las cosas de los sentidos. O sea
que intelectual y emocionalmente sólo saben del mundo. Pero no tienen la culpa de ser así. Se
dice que éstos son los sembrados junto al camino. Yacen por entero en la vida. Como lo dice
la enseñanza de Sócrates, estos hombres están pegados a los sentidos. Las ideas que van más
allá de los sentidos les están vedadas porque sólo pueden pensar natural, literalmente, en
términos de las cosas. Este es un hecho que se acentúa mucho en el lenguaje de las parábolas
que estamos estudiando. La versión de Lucas (VIII, 5) dice: “Uno que sembraba salió a
sembrar sus simientes; y sembrando, una parte cayó junto al camino y fue hollada, y las aves
del cielo la comieron.”
Ha de notarse que esta versión agrega una frase a la que se da en Mateo; una parte cayó junto al camino ‘y fue hollada’. ¿Qué es esto de hollar? Se huella con la planta del pie. El hombre toca el mundo material, el que registran sus sentidos, con la planta del pie. Y en el lenguaje de las parábolas esto significa el nivel más literal, natural, externo y sensual de la mente humana. Se refiere a la mente que piensa apoyándose en lo externo.

El rito del lavado de pies significa
haber lavado la mente, haberla librado de las taladas de los sentidos, de lo aparente. En Juan
(XIII, 17), tras haberles lavado los pies. Jesús dice a sus discípulos: ‘Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciereis. Pues si yo, el señor y el Maestro, he lavado vuestros
pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado,
para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: el siervo
no es más que su señor, ni el apóstol es mayor qué el que le envió. Si sabéis estas cosas
bienaventurados seréis, si las hiciereis.’
Pero si el hombre no piensa ni entiende sino lo que le muestran los sentidos, no puede lavar su
mente natural. Todavía no puede pensar ni entender lo que tratan las ideas esotéricas. Es
necesario tener presente en todo momento que el esoterismo comienza partiendo de algo que
los sentidos externos no muestran. Proviene de lo invisible en uno mismo. No empieza con la
observación del mundo exterior, sino con la observación de sí mismo, con el mundo invisible
que cada cual lleva en sí. Creo que os haría mucho bien procurar daros cuenta de lo que aquí
se quiere decir con que la propia observación no es asunto de los ojos físicos, ni del oído
físico, ni algo que se ha de palpar. Es un asunto interno, que dista mucho de los sentidos.
Cuando Cristo dijo (Lucas, XVII-20): ‘El reino de Dios no vendrá con advertencia’, se refirió
a que no es cosa de los sentidos, no es algo que podamos advertir por fuera, sino algo interno,
un estado de evolución interior por sobre nosotros, o por encima de nosotros, y en nosotros,
en la escala vertical del posible conocimiento del ser. Esta escala comienza con la propia
observación a la luz de las ideas de la enseñanza esotérica. Entonces se empieza a entender
por qué, siendo uno tal cual es, el Reino de los Cielos es inalcanzable y se necesita un largo
período de trabajo en sí mismo antes de poder siquiera soñar con semejante logro. ¡Cuan lejos
estamos del Reino de los Cielos! Pero ¡cuan maravilloso es comenzar a ver el camino que
hacia él conduce! Y esto es lo que las ideas esotéricas pueden mostrar a quien las busque y
atesore. Cosa maravillosa es comprender que la bondad maquinal no puede conducir sino a la
maldad maquinal. Y también es maravilloso darse cuenta de lo que significa luchar contra la
propia maquinalidad.
Volvamos a la idea de la palabra “Hollar”. Si interpretamos los pies como el nivel natural y
literal del hombre, lo que toca la tierra, podremos advertir el significado de “junto al camino”.
La semilla que cae junto al camino es hollada. ¿Qué significa esto de estar “junto al camino”?
En un sentido psicológico significa aquel punto en que la vida trafica en nosotros con todos
los pensamientos maquinales. Es todo el aspecto maquinal del ser vuelto hacia la vida, hacia
los sentidos. Es imposible que esta parte maquinal, esta parte que obra maquinalmente
apoyada en cosas de la vida, comprenda las ideas esotéricas. Si tales ideas caen en la parte
maquinal, caen “junto al camino”. O sea en un lugar incierto, tal vez muy útil para vivir, pero
del todo inútil para el propio desarrollo. Debemos recordar que el hombre ha de ser capaz de
pensar en varias y diferentes categorías. Tiene que pensar en los asuntos de su propia vida.
Tiene que pensar también en las ideas esotéricas. Pero no debe pensar en sus asuntos y en las
ideas esotéricas en la misma categoría, como si fuesen iguales. Debe aprender a conocer y a
advertir que son de diferente calidad. Y si no puede captar esta diferencia es porque carece de
centro magnético. El esoterismo trata acerca de la vida en el mundo, pero no es del mundo. Su
fuente no está en la vida del mundo. Si lo estuviese podría sacaros del mundo, elevaros por
encima de la maquinalidad. ¿Cómo podrá lo del mundo elevaros sobre el mundo? El
esoterismo es una soga, por encima de la vida del mundo. Y el centro magnético en el hombre
significa el poder de distinguir entre las influencias que se originan en la vida y las que tienen
su origen en los hombres conscientes, que están fuera del mundo. Por ejemplo, el hombre ha
de saber distinguir las noticias deportivas, las noticias de la guerra, etc., y las ideas esotéricas.
No debe permitir que se contradigan o se destruyan entre sí. Si carecéis del sentido de escala
—y el sentido de escala es un modo de tener centro magnético—, entonces todo os parecerá
contradictorio por la sencilla razón de que no habéis puesto las cosas en su debido lugar, a su
nivel debido, sino que las habéis mezclado todas en el mismo plano. Es decir, no sentís el
brazo vertical de la señal de la cruz que representa distintos niveles y categorías diferentes,
superiores e inferiores, más conciencia o más maquinalidad. Y recordad que si queréis morar
en planos más conscientes en vosotros mismos, sólo podéis llegar a ellos, primero, mediante
la atención dirigida. Todo el propósito del esoterismo es haceros, antes que nada, más
conscientes, más avisados de lo que pensáis, sentís y hacéis. El objeto es hacernos vivir en los
aspectos más conscientes de nuestro ser y que en la mayoría de las gentes son como las
habitaciones desocupadas de una casa. La propia observación es un acto de atención interior.
El propósito esotérico consiste en elevarnos en la línea vertical del ser.
Por consiguiente, el centro magnético es lo que proporciona al hombre su primer sentimiento
de lo alto y bajo de las cosas, de lo íntimo y de lo externo. Y le relaciona con la idea de la
escala vertical de todo, aunque al comienzo esto sea vago. Pues lo vertical es lo interno, y lo
elevado en la escala vertical es lo íntimo del hombre. Viene a ser como una máquina que
asciende o desciende. Quien posee un centro magnético no solamente captará lo literal y lo
natural, sino que también captará el significado de lo que yace sobre el nivel literal o natural.
Esto es, logrará entender el significado interior, aparte del exterior. Tal es el punto de partida
en la evolución humana. El hombre que no posee esta máquina es uno de los sembrados en el
mundo y que oyendo las ideas esotéricas no saca ningún provecho de ellas. Notad entonces
que la primera categoría o clase de gentes a que se refiere la parábola es la que carece de
centro magnético. Se dice muy expresamente que fueron sembrados “junto al camino”. La
versión de Lucas lo expresa más vigorosamente. Presenta a Cristo diciendo de ellos: “La
simiente es la palabra de Dios. Y los de junto al camino, éstos son los que oyen y luego viene
el diablo y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.” Tomad nota de la
frase: “porque no crean y se salven.” ¿Qué significa esto? Que no todos pueden ser salvos.
La “palabra de Dios” es la enseñanza esotérica. O sea la enseñanza que trata de los medios de
la propia evolución, de aquello en lo que uno ha de pensar para evolucionar en sí mismo hasta
aquel grado o nivel de ser consciente que se llama el Reino de los Cielos.
A esta altura se hace necesario captar el sentido de una analogía. Hay un antiquísimo aforismo
hermético: “Como arriba, así es abajo.” Esto significa que todas las cosas llevan el sello de las
leyes que rigen el universo creado. Lo que se da en gran escala también se da en pequeña
escala. Como arriba, así es abajo.
También hay una analogía en el cuerpo humano. En sí mismo, el cuerpo humano representa la
idea del hombre consciente y del hombre maquinal. Con relación al resto del cuerpo, las
células cerebrales, tan ocultas y aisladas, representan el círculo de las células conscientes con
relación al resto del cuerpo. Comparadas con otras células, las cerebrales son inmortales. Si
todas las células tratasen de ser cerebrales, o sea si tratasen de evolucionar hasta alcanzar ese
nivel, el cuerpo se destrozaría. Dejaría de ser un cuerpo, cesaría de funcionar como tal. Pero
de entre los miles de millones de células que hay en el cuerpo, pueden huir unas cuantas sin
desorganizar nada. Lo mismo ocurre con respecto a la vida de la Naturaleza, que es un gran
cuerpo. Hay ciertas células, y éstas son seres humanos, capaces de huir de sus leyes sin
perturbar sus funciones generales ni su propósito. Si se pondera esto, puede captarse lo que
significa. Pero aquí es menester añadir algo: el número de los que en determinado momento
pueden huir de su servidumbre a la naturaleza es superior a los que tratan de hacerlo. Este
pensamiento ayuda a entender la situación. De otro modo las gentes, en cuanto se enteran de
esta explicación y no tratan de ver lo que significa, piensan que no es justo. Y bien sé que
algunos de vosotros ya pensáis más o menos así: ‘Esta cita de Lucas dice que viene el diablo y
se lleva la semilla porque no crean y se salven. Parecería que una fuerza maligna impidiese
despertar a las gentes. Esto me suena a injusticia, etc. …’ Procuraré daros una respuesta. La
versión de Mateo llama ‘el malo’ a lo que la de Lucas ‘el diablo'; y en la parábola se dice que
son las aves quienes se comen la semilla. Como ya lo hemos visto, estas aves representan
pensamientos errados, pensamientos defectuosos o, sencillamente, una mala manera de
pensar. Si un hombre piensa erradamente, ¿cómo podría entender la enseñanza esotérica? El
diablo es él mismo. Él es el malo. Cambiemos la idea del diablo o del malo por la idea de
maquinalidad. Si el hombre piensa maquinalmente no puede captar las ideas esotéricas. En el
aspecto maquinal del hombre, las aves devoran las semillas, las destruyen. Todo estriba en
mantener lo esotérico fuera del alcance de los pensamientos maquinales. Todo consiste en
valorizarlo, en hacerlo sagrado, o sea en atesorarlo como algo muy especial, muy santo. Este
es el significado de la palabra “santificar”. De otro modo cae donde no debería caer, las aves
lo devoran o bien alguien lo huella, lo pisotea. Pero entendamos que este hollar ocurre en
nuestra propia mente. Es preciso pensar conscientemente acerca de lo esotérico, ser
consciente cuando se piensa en ello. No se puede pensar en lo esotérico todo el tiempo,
permanentemente, sobre todo al comienzo; pero de ninguna manera se ha de pensar maquinal,
negativamente, etc. Sin embargo, en el hombre existen ciertas fuerzas que le sujetan a sus
hábitos, a su maquinalidad. Se le prenden, se prenden a su humanidad y le retienen haciéndole
obrar, decir y pensar las mismas cosas, una y otra vez. Como una ronda. Esta es la razón por
la que es indispensable que las ideas esotéricas sean más fuertes, más poderosas que las del
mundo. El hombre ha de hacerlas más fuertes en sí mismo. De otro modo, la presión del
mundo, de lo maquinal lo retendrá en un nivel literal, natural, apoyado en los sentidos, de
modo que oyéndolas, rechazará las ideas esotéricas y pensará mal de ellas; sospechará de las
ideas esotéricas, se hará ciego y sordo, etc. Intentad hablar con otros acerca del esoterismo y
pronto veréis cómo las aves devoran la simiente. Y si sois tan románticos que pensáis que las
gentes son incapaces de pensar mal y que jamás lo hacen, solamente os diré que aún no os
habéis observado a vosotros mismos con sinceridad, ni os habéis dado plena cuenta de lo que
vosotros mismos sois capaces de hacer.

QUINTA PARTE
Pasemos a la segunda categoría. La primera es la del hombre sumamente externo, se apoya en
los sentidos. La segunda ya es algo más íntima. Cada categoría se adentra más, es más y más
elevada en la vertical. La versión de Mateo describe la segunda categoría así:
“Y parte [de la simiente] cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nadó
luego, porque no tenía profundidad de tierra: mas en saliendo el sol, se quemó y
secóse, porque no tenía raíz.”
Procuremos entender esta categoría de hombres con relación a la siembra de la simiente de la
enseñanza esotérica en la humanidad. Son personas que poseen cierta clase de centro
magnético que os explicaré más adelante. Primero veamos la interpretación atribuida a Cristo:
“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra y luego la recibe
con gozo. Mas no tiene raíz en sí; antes es temporal: que venida la aflicción o la
persecución por la palabra, luego se ofende.”
A primera vista, esto describe al hombre que no puede hacer frente a las dificultades de lo
esotérico, ni en sí ni en la enseñanza. No puede trabajar en sí mismo, ni con otros, ni soportar
sus manifestaciones desagradables.
Al ir en pos de una enseñanza esotérica, tiene que haber ante todo una valorización de las
ideas esotéricas. Luego viene la aplicación de las ideas a uno mismo, a si mismo. Y junto con
esto llega a darse cuenta de las propias dificultades. Si una persona llega a este punto,
advertirá que sus dificultades no las debe a otros, sino que las lleva todas en sí misma. Si no
es violenta ni se deprime, podrá seguir adelante, pues hallará la energía necesaria al no malgastarla
en quejas, lamentaciones, ni en culpar a los demás o sentirse ofendido.
Pero esta segunda categoría indica algo más que un entusiasmo superficial. Llega más
hondamente en su significado. Y su significado más profundo se refiere al hombre que va
solamente en pos de conocimiento. Es quien únicamente trabaja en la línea del conocimiento.
Se ha de trabajar (o sea, se han de hacer esfuerzos) para introducir el conocimiento esotérico
en la mente. Esto produce nuevas conexiones. Pero también se ha de trabajar para ser. Vale
decir, trabajar sobre sí mismo, sobre la clase de gente que uno es. Si se es violento, pues hay
que trabajar sobre la violencia. Lo mismo si se es perezoso. Quien se nutre de emociones
negativas ha de cambiarlas, etc., etc. El hombre que sólo trabaja en la línea del conocimiento
es unilateral. En cuanto surgen las primeras dificultades humanas se quiebra. Sabe, pero no
puede. ¿Por qué no? Porque su nivel de ser, o sea la clase de persona que es, vive muy por
debajo de su conocimiento. La parábola se refiere a este hombre. Es el sembrado en
pedregales. Las rocas, las piedras, en el lenguaje evangélico, representan conocimiento;
digamos, solamente conocimiento de la verdad. La piedra de los Tiempos significa la Verdad
Eterna. Por verdad entendamos en este caso el conocimiento esotérico y no una verdad
ordinaria del mundo, sino una verdad especial acerca de la transformación del hombre. La
verdad esotérica. El conocimiento corriente no transforma el ser. Pero tampoco lo transforma
el conocimiento especial, a menos que lo aplique.. Y a sí mismo. Pues el sujeto del
conocimiento es uno mismo. Y uno mismo es el experimento.
El hombre que posee cierto grado de centro magnético recibe gozoso el conocimiento
esotérico. Quiere enterarse de todo, y lo compara con otras ideas esotéricas que ha estudiado.
Pero cuando tiene que aplicarlas a sí mismo, vacila y cae, falto de una raíz. emocional. Para
que nos afecte, el conocimiento tiene que hacerse emocional en nosotros. Para que nos
influyan, las ideas esotéricas deben llegar a nuestras emociones. El hombre del pedregal es el
que quiere conservarlo todo en la forma de conocimientos y tener la satisfacción de saber
acerca de la Verdad. Es el teórico. Podrá oír la palabra, pero no podrá hacerla, y tampoco
tratará de hacerlo. Gusta oír todas las novedades de lo esotérico, etc. Distingue las ideas
esotéricas de las ordinarias, pero todo se le queda en la mente. Su centro magnético obra en la
zona del conocimiento. Cuando sale el sol, o sea cuando viene la tribulación y la persecución,
es débil. No puede hacer frente a sus dificultades internas, a sus negaciones, a sus dudas, a la
persecución y tribulaciones íntimas. No puede luchar en defensa de lo esotérico en si mismo,
y no puede dar frutos. Esta es la segunda categoría. Es cosa bastante extraordinaria conocer a
tales personas. Van de un maestro a otro; se entusiasman con esto y al poco tiempo con otra
cosa. Cuando se habla con ellos, uno encuentra que tienen una colección de fragmentos de
información o de conocimiento que a menudo les confunden y que no los aplican
prácticamente. Su interés estriba en coleccionar cierta clase de ideas, pero no sienten su
profundidad, ni su propia relación con ellas. Y en cuanto las cosas se ponen difíciles, huyen y
corren en pos de otras ideas. Es una condición ligeramente mejor que la de una mera
curiosidad intelectual acerca del esoterismo. Todo en ellos permanece externo, no tanto como
en la primera categoría, pero entre interno y externo. Sea cual fuere la enseñanza que les
sacuda personalmente, se ofenden. En griego, el término (σκανδαλιζω) significa no sólo ser
ofendido, sino también ser escandalizado. La persona se hace negativa, se compadece, habla
mal, no ve conexión alguna entre lo que se le enseña y la forma como se conduce. Conforme
se ha dicho, en el lenguaje de las parábolas la Piedra de los Tiempos quiere decir la Verdad
Eterna. Simón, el discípulo de Jesús, fue rebautizado con el nombre de Cephas, que significa
“piedra”. Acerca de Pedro, Jesús dijo: “Sobre esta piedra edificaré mi iglesia.” (Mateo, XVI-
18) Pedro poseía conocimiento y lo guardaba. Pero todavía no era un conocimiento
emocional, de modo que Cristo le dijo que no tenía fe y que lo negaría. Y puesto que era
solamente un hombre de conocimientos, un hombre de la verdad, pero incapaz de
comprensión profunda, Cristo tuvo que enseñarle lo que significa perdonar. Por eso se citan
dos parábolas acerca del perdón y ambas dirigidas a Pedro. El hombre que solamente se apoya
en la Verdad es áspero, despiadado. No perdona a nadie. Por este motivo se dice que después
de haber negado a Cristo, Pedro lloró. Lloró porque en ese momento la enseñanza de Cristo se
hizo emocional en él. Dejó de verla solamente como un conocimiento. Lo que fuera
intelectual llegó a su nivel emocional. Se vio a sí mismo a la luz de lo que se le había
enseñado. Vio la enorme distancia que había entre su saber y su ser. Y en vez de solamente
saber, empezó a comprender. La referencia que aquí se hace a Pedro sólo tiene que ver con el
sentido de piedra según lo emplea el lenguaje de las parábolas, y con relación al significado
del hecho de que Cristo llamase Pedro, o piedra, a Simón. De ninguna manera quiero decir
que Pedro correspondía a la segunda categoría de los hombres de la parábola del sembrador,
pues cuando le llegó la hora de la aflicción y la persecución tuvo raíces en sí. Pero en un
comienzo creyó únicamente por medio de su maestro, y no por si mismo.
La piedra representa un nivel primitivo de la verdad, un nivel que no calma la sed. Las
escrituras mencionan a menudo a los que tienen ‘hambre’ y ‘sed’. Cuando la persona carece de
conocimiento de la verdad, se dice que tiene sed; Y las piedras no calmarán su sed. Es preciso
sacar agua de la piedra, como lo hizo Moisés. Cristo dice que quien crea no sufrirá sed. El
libro de Amos explica que habrá hambre en la tierra, y explica concretamente que no será
hambre de pan ni sed de agua literales. “No hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la
palabra de Jehová.” (Amos, VIII, 11) No cabe duda de que todas estas palabras, tierra,
hambre, sed, tienen un sentido psicológico y no literal. En la cita que sigue se representa una
vez más que la falta de la palabra de Dios es hambre y sed: “.. .y no miran la obra de Jehová,
ni consideran la obra de sus manos. Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo
ciencia: y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.” (Isaías, V, 12/13) La
falta de conocimiento de la verdad, que es una condición psicológica, se representa en el
lenguaje visual de las parábolas como una falta de alimento y de agua, que da lugar a ciertos
estados físicos.

SEXTA PARTE
La tercera categoría de la parábola se enuncia de esta suerte:
“Y parte cayó en espinas, y las espinas crecieron y la ahogaron.”
Se dice que Cristo la interpretó así:
“Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este
siglo (eón, αίων) y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y hácese infructuosa.”
La versión de Marcos dice, además: “y las codicias que hay en las otras cosas, entrando
ahogan la palabra.”
La interpretación de Cristo, según Lucas, expresa:
“Éstos son los que oyeron [oír significa entender] mas yéndose son ahogados de los
cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.”
Esta categoría se refiere a los que entienden y comprenden lo esotérico, pero en que algo anda
mal en su parte emocional. La tercera lleva la atención al centro emocional. Las espinas se
refieren al aspecto emocional, a los intereses emocionales. Esta idea aparece en otra parte, ahí
donde Cristo dice: “Por sus frutos los conoceréis. Tómense  uvas de los espinos, o higos de los
abrojos?” Los espinos y los abrojos representan la vida emocional. Las malas emociones no
pueden dar buen fruto. Ni puede esperarse frutos de las personas cuyos intereses emotivos
corrientes se sobreponen al interés emocional y a la valorización necesaria para que la
enseñanza esotérica se desarrolle en ellos. El centró magnético no es lo suficientemente fuerte
en la parte emocional. La corona de espinas que colocaron en la cabeza de Cristo antes de
crucificarlo tiene un significado idéntico. Representa la condición de quienes le crucificaron.
Y le crucificaron justamente aquellos que podían comprender, y que estaban siempre
distraídos por las intrigas, los celos, las ambiciones de poder, etc. En este caso se llaman
espinas y en otras citas, abrojos. A esto corresponde también la idea de las preocupaciones, de
la ansiedad y de toda suerte de emociones negativas. La corona de espinas representa la
condición emocional de la humanidad en aquellos tiempos. Estaban emocionalmente
ahogados por los propios intereses. Y aun cuando muchos de ellos pudiesen entender la
enseñanza de Cristo, no le daban cabida en su vida diaria. La ‘voluntad’ que brota del estado
emocional en el hombre, y que cambia según se desarrolla, estaba en tal condición entonces
que la enseñanza de Cristo no les podía afectar de una manera real. Es decir, no podía ser lo
primero en ellos, no podía ser su principal sentimiento. Pues si no se le puede sentir
emocionalmente, el conocimiento no toca el ser. No puede obrar. No tiene ningún poder sobre
la persona. Dicho de otro modo, aunque se le sienta hasta cierto punto, no se puede aplicarlo y
vivirlo. Hay otros intereses emocionales demasiado fuertes.
Esta es una idea que se expresa en muchas parábolas. Vale decir, la idea de lo que uno más
quiere. Son las emociones las que dan su importancia a las cosas; o sea que son las que nos
hacen valorizarlas, amarlas, buscarlas. La imagen de la parábola se refiere al hombre
demasiado identificado con las cosas del mundo y cuyos principales intereses emocionales
tienen que ver con sí mismo; no sólo le hieren y acongojan, sino que le impiden todo
desarrollo. Un hombre así tiene centro magnético, pero no fuerte. Le abruman todas las
inquietudes y preocupaciones del mundo y todo cuanto el mundo le ofrece. Puede entender,
pero no comprende. Está sembrado de tal modo en la vida que nada puede ocurrirle.
Todas las categorías que hemos considerado: el hombre que nada entiende, el que entiende
sólo intelectualmente, el que entiende también emocionalmente, pero poco, todas representan
más profundamente distintos estados del hombre con relación al esoterismo. Pero hablaremos
de esto más adelante.

SÉPTIMA PARTE
A las tres categorías de personas que no pueden lograr una evolución interior porque se las
sembró en el mundo en tal forma que les es imposible, siguen otras tres según la definición de
la Parábola del Sembrador.
Estas tres categorías constituyen una sola clase de gente. Son las sembradas en buena tierra,
las que llevan fruto, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta. En su interpretación. Cristo
dice de ellas:

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y
el que lleva fruto; y lleva uno a dentó, y otro a sesenta, y otro a treinta.” (Mateo, XIII,23)

En total, la parábola describe cuatro clases de tierra: A una la llama ‘junto al camino'; a la
segunda, ‘pedregales'; a la tercera, la ‘espinas’. La cuarta es la ‘buena tierra.’ La simiente que
cae en mala tierra no da frutos. La que cae en buena tierra da tres grados de fruto que se
representan con los números 100, 60 y 30. Tomemos nota de la inversión, pues más natural
fuera esperar un orden distinto y que culminase con el que da mayor fruto. Esta inversión no
aparece en las versiones de Marcos y Lucas. En Marcos se cita a Cristo diciendo: “Y éstos son
los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben y hacen fruto,
uno a treinta, otro a sesenta y otro a dentó.” Y en Lucas: “Mas la que en buena tierra, éstos son
los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída y llevan fruto en paciencia.”
(Lucas, VIII, 15)
En su versión de esta parte de la parábola en si. Lucas dice:
“Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fue nacida llevó fruto a dentó por uno.
Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.” (Lucas, VIII, 8)
La interpretación del propio Cristo varia en cada uno de los Evangelios. Por ejemplo. Lucas
parece no entender que es el Hombre mismo a quien se le siembra de un modo diferente. Así,
en su interpretación dice: ‘y los de junto al camino, éstos son los que oyen’ (οι δε παρα την
όδον), “y los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo”(οι δε
έπι της πετρας), etc. Mateo’ y Marcos hablan de gentes sembradas en la vida de distintos modos.
A algunas se les siembra junto al camino, a otras en pedregales, etc. Y la palabra de Dios
también se siembra en ellas, pero sus resultados son muy distintos. Los Evangelios se
escribieron mucho tiempo después de haber muerto Cristo. Lucas jamás le conoció. Era
discípulo de Pablo, y Pablo tampoco recibió enseñanza directamente de Cristo. Es posible que
Pablo aprendiese en alguna escuela cerca de Damasco. Cuanto más allegado está un
Evangelio a la fuente original de la enseñanza, tanto más rico es su lenguaje de parábolas. Si
estudiamos la curiosa inversión de cifras en Mateo como si poseyeran un significado que no
entendieron ni Marcos, ni Lucas, tal vez diríamos que el de Mateo es el evangelio más allegado
a la enseñanza original. Pero, por lo general, se considera que es el de Marcos el más
original. Los primeros tres Evangelios se llaman sinópticos. Pero esto no quiere decir que
fueran escritos por testigos presénciales, como por lo común se presume. Significa que los
tres coinciden en mucho. Y esto es lo que los diferencia del de Juan. Si el Evangelio de Mateo
lo escribió el propio discípulo Mateo, originalmente Leví el publicano, entonces seria el único
escrito por un testigo presencial de Cristo. Marcos y Lucas o no habían nacido o eran muy
niños cuando murió Cristo. Es preciso tener siempre presente que el conocimiento de la
enseñanza que impartía Jesús se conservaba en escuelas. La enseñanza era oral y se la mantenía
viva. La fecha de su primera publicación escrita es cosa secundaria. La enseñanza
acerca de la posible evolución interior del hombre, y acerca de su verdadero significado en la
tierra, se ha mantenido siempre en escuelas, y así se ha podido conservarla a través del
tiempo. Surge con ciertos intervalos fijos, o más bien en ciertos períodos históricos, ya sea en
forma religiosa o de otra clase. Su finalidad es dar un impulso a la humanidad para elevarla
por encima de la barbarie hada la cual tiende a caer si se la desampara. Esta enseñanza
posibilita el desarrollo del arte, de la ciencia, de la literatura, y de este modo eleva las gentes a
cierto ‘nivel normal’ de comprensión. Y este nivel de normalidad es el que las gentes han de
alcanzar, al menos algunas, antes de que siquiera se haga posible plantear la idea de una
evolución interior.
Lo que llamamos ‘cultura cristiana’, en la que históricamente, al menos, han podido surgir
varios movimientos de arte, literatura, filosofía y ciencia, comenzó en parte con el impulso
que dio el drama de Cristo que se representó tan cuidadosamente; y en parte gradas al trabajo
de muchos hombres anteriores y posteriores a Cristo. Aun cuando sea muy cierto decir que no
ha habido verdaderos cristianos (o sea personas que hayan alcanzado la evolución interior que
alcanzó Cristo al pasar por una infinidad de tentaciones y sufrimientos además de la
crucifixión), no hemos de olvidar que este impulso fue el origen de una gradual organización
de la vida del Hombre y que, externamente al menos, lo elevó por encima de una condición de
barbarie e hizo posible cierto grado de civilización.
Retornemos a la idea general de la Parábola del Sembrador antes de buscar el significado de
la ‘buena tierra’. El detalle y la parte no pueden entenderse salvo con relación a la idea total.
Como un todo, la parábola trata de la enseñanza para la evolución interior del hombre. Las
categorías de personas a quienes define se refieren a las posibilidades que hay en las que se
hallan (o fueron sembradas) en la vida con relación a la recepción y comprensión de la
enseñanza y que se someten a la evolución interior, pues tal es su motivo. Tras cada una de las
parábolas hay una idea general, y los detalles y el lenguaje varían con ella. En esta parábola
todo se refiere a la idea general de que, primero, hay una enseñanza que se llama la Palabra;
segundo, que los hay que pueden y que no pueden entenderla y entre los que pueden
entenderla hay quienes la aceptan íntegramente, y la aplican. A estos últimos se llama la
simiente caída en ‘buena tierra’ y son los que pueden dar frutos de perfección. Ahora bien, una
enseñanza sobre la evolución interior trata principalmente del hombre en sí. El sujeto del
experimento es el propio hombre. Es él quien tiene que evolucionar a través del conocimiento
y la aplicación de la verdad sobre la evolución interior. Únicamente de este modo podrá dar
frutos. La simiente de la Palabra crecerá en él. A la vez, él mismo es una semilla de la
enseñanza sembrada en él. La semilla, la Palabra, no puede crecer a menos que él mismo
crezca o evolucione. Es decir, a medida que él crezca crecerá la Palabra en él. Al contrario,
esto puede ser cosa difícil de entender, pues los hombres toman el conocimiento, o la verdad,
como si fuese algo aparte o separado de ellos mismos, algo distinto a la clase de gente que
son. La idea es que existe un orden de conocimiento o de verdad que no puede entenderse
debidamente, salvo por medio del desarrollo personal de sí mismo. Parece raro, pero pensadlo.
Lo evidente es que si existe un conocimiento acerca de la propia evolución, ésta tiene que ser
la evolución de sí mismo. Su arte lo hemos de aplicar a nosotros mismos.
El arte, el artista, el sujeto con que trabaja son una sola cosa. Nadie se molestaría en aplicar
cualquier clase de conocimiento, en el orden de cosas que fuere, a menos que advierta su
bondad. Si el hombre no capta la bondad de una cosa, no conseguirá saber mucho de ella. O
bien puede aprender algo, pero al hallarlo de difícil aplicación, lo abandonará. Lo que hace
que un hombre sea fuerte, en cualquier cosa que haga y con relación a su conocimiento, es la
convicción que tiene de que su conocimiento es bueno. Si carece de una convicción profunda
de la bondad de algo, este ‘algo’ no pesará gran cosa en sus decisiones, aun cuando tenga
cierto interés intelectual como una forma de conocimiento o de verdad. Ya hemos visto que la
categoría de ‘pedregales’ en la definición de la parábola se refiere a los seres de esta
naturaleza. Reciben la verdad, pero carecen de profundidad de tierra, o sea que no pueden ver
su bondad. Y en cuanto aumentan las dificultades, su interés se esfuma.
Los que dan frutos son únicamente los clasificados de ‘buena tierra’. Tener buena tierra
significa tener el poder de ver el bien. De ver el bien, la bondad de la Palabra, del
conocimiento que enseña la verdad acerca de la evolución interior o Reino de los Cielos que
está en el hombre mismo. El poder de captar el bien de la enseñanza les es posible solamente a
los de esta categoría. Los de la primera, los sembrados junto al camino, no ven nada
realmente bueno en ella. La segunda ve algo bueno; son los sembrados en los pedregales. Los
de la tercera, sembrados en los espinos, ven demasiado lo bueno en otras cosas, en las
preocupaciones y los afanes del mundo. La última categoría ve lo bueno en distintos grados,
pero en cada uno ve lo suficiente para, dar fruto.. Dar fruto es hacer florecer, en sí mismo, la
enseñanza de la evolución interior. El fruto son ellos mismos mediante su propia evolución.
Se ve lo mismo en muchas de las cosas de la naturaleza, sólo que esta es una evolución
maquinal, automática. La oruga se transforma en mariposa. Pero esto ‘sucede'; es maquinal.
En el caso del hombre, su posible evolución a un estado superior de sí mismo no es cosa que
suceda. Tiene que trabajar el conscientemente. Pero, como en el caso de la oruga, el
experimento es él mismo; él es el experimento de su propia metamorfosis o transformación,
que tanto y tan claramente acentúan los Evangelios, destacándola como la verdadera finalidad
del hombre. Tal cual es, el hombre es ‘tierra'; cuando pasa por una evolución interna, es ‘cielo’.
Cuando se emplea el “Padre Nuestro” con este fin y se dice: “Hágase tu voluntad, así en la
tierra como en el cielo”, uno en realidad implora la transformación de sí mismo, pero sin
saberlo. Cuando las gentes rezan eso, piden el más pleno florecimiento de sus propias vidas,
de sí mismas. Pero la Tierra en el hombre es de muy distintas caudados. En algunos es
solamente tierra junto al camino. En otros, pedregales. Los hay llenos de abrojos y de espinas.
Y también quienes son buena tierra. Para poder cambiar, el hombre debe ante todo recibir la
enseñanza correspondiente a su nivel natural, en su propia ‘tierra’. La simiente ha de hallar una
tierra adecuada, y esta tierra es en el hombre la clase de persona que es.
Ya hemos visto que hay distintas clases de hombres, distintas ‘tierras.’ Al caer únicamente
como semilla en el hombre, la verdad es importante. Tiene que caer en tierra adecuada. La
verdad, la enseñanza, el conocimiento de la evolución interior ha de unirse al bien para
desarrollarse y crecer. Esto significa que el hombre ha de ser capaz de ver lo bueno de la
verdad que se le enseña, pues de otro modo no pasará nada. El poder ver el bien o lo bueno de
cualquier cosa es muy distinto a “ser bueno.” En realidad, no tiene nada que ver con “ser
bueno”, sino con el poder o la potencialidad del bien. Tener bien es poseer la capacidad de ver
el valor de alguna cosa. Esto es bondad. Y tal la concepción fundamental del bien en los
Evangelios. Toda forma de conocimiento, toda forma de verdad tiene que hallar y unirse a su
correspondiente bondad para que se haga viva.
Toda verdad tiene su propia bondad, y el punto en que pueden encontrarse y unirse es el
Hombre.
El bien y la verdad han de unirse para dar fruto. Cuando una persona empieza a ver lo bueno
de alguna verdad que se le enseña. comienza a producirse una unión entre lo que sabe y lo que
es. Y esto se debe a que el hombre no puede querer (en el sentido de aplicar la voluntad) cosa
alguna hasta no haber reconocido su bondad No basta saber que una cosa es cierta. Ha de
querer la verdad, y para poder quererla necesita ver lo bueno de ella, lo bueno del conocimiento
que se enseña. De este modo la verdad se conecta íntimamente a lo que él es, y así se
convierte en una verdad viviente. Entonces, cuanto mejor vea en ella, tanto más crecerá la
verdad y más se desarrollará. Y mientras más verdad vea, más crecerá el bien que ve.
Más adelante trataré el significado del bien y lo relacionaré con una de las primeras
enseñanzas griegas. Todas estas ideas están ocultas en la Parábola del Sembrador, junto con
muchas más, pues una parábola yace en una dimensión de altura y profundidad, y su
significado se extiende desde el sentido más externo y literal hasta el más elevado o íntimo, y
son comprensibles sólo en los estados superiores de conciencia en que el lenguaje y la
imaginación constituyen puro significado1.

moztaza
EL GRANO DE MOSTAZA:
“Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? O ¿con qué parábola le
compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la
más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; mas después de sembrado
cubre, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas de tal
manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.” (Marcos, IV, 30/32)

¿Por qué a la semilla de un nivel superior se le llama ‘la más pequeña de todas las simientes’?
Porque al nivel de los sentidos y de la mente que se apoya en ellos y en sus abrumadoras
pruebas, la idea de que haya un nivel más elevado de significado, una distinción mucho más
fina, es casi nada. El nivel superior no puede ser más que un punto en el inferior. Un punto sin
el menor desarrollo. Del mismo modo que un nivel inferior, y todo cuanto corresponde a esa
vida y su significado, no es sino un punto en el nivel superior. Y en este caso algo que tiene
muy poco significado. Puede representarse como una de las ideas que contiene un símbolo
muy antiguo: el Sello de Salomón.
El nivel inferior y todo lo que le corresponde, terminan como solamente un punto en el
superior. Como un significado muy pobre, o como ninguno. Y todo lo que corresponde al
nivel superior es un simple punto en el inferior. Si dibujamos un árbol que comience en el
punto donde el nivel superior toca al inferior y lo extendemos hasta el superior, nos mostrará
las conexiones a que se refiere la parábola.


Gurdjieff y el Cristianismo de los Orígenes

EL CUARTO CAMINO

Gurdjieff y el Cristianismo de los Orígenes

  ¿Sabías que la enseñanza de Gurdjieff era, en realidad, Cristianismo esotérico?

jesus griego// Giorgio C. Tagliafico

Querría introducir, en la disertación de este argumento, algunas citas sacadas de un texto poco conocido en el cual el mensaje gurdjieffiano es presentado en su más profunda esencialidad. Se trata de:

“Monsieur Gurdjieff, pero quién es él?” de René Zuber, un alumno de G. durante la ocupación de París por parte de los alemanes. Zuber parece haber encontrado la llave de lectura que permite comprender el mensaje esotérico de Textos Sagrados de nuestra Tradición, como el Viejo y Nuevo Testamento; además de los de otras Tradiciones más alejadas de la nuestra.

Leemos, del testimonio de René Zuber, cómo Gurdjieff hablaba de estos argumentos: “Haciendo alusión a uno de los más conocidos mandamientos que prescribe amar al prójimo como a uno mismo, quienquiera que fuese capaz de ello, dice: ‘Los mandamientos existen como un ideal, pero la ciencia que nos daría la capacidad de observarlos, se ha perdido. Ella, sin embargo, constituye la otra mitad del cristianismo, su esoterismo, y ha sido conservado en algunas escuelas.

 Cada uno podrá recibir la iniciación a esta unidad perdida del cristianismo en el Instituto recién abierto en el Prieuré, siempre y cuando se haya sentido una profunda necesidad’.

Así habló él del cristianismo, pero solo a aquellas personas que tuvieron cierto conocimiento de ello. Se sabe, en todo caso, cuán poco le importaba la etiqueta: judío, cristiano, budista, lamaísta, islámico… si cuando se llega a tocar la médula, son todos apelativos diferentes de una misma verdad.” (Pág. 41 versión italiana)

Leemos también en “Fragmentos”: “Recuerden, decía, que toda religión verdadera – hablo de aquellas que fueron creadas por hombres realmente sabios con una meta precisa- está compuesta por dos partes: La primera enseña lo que debe ser hecho.

Esta parte cae en el dominio de los conocimientos generales y se corrompe con el tiempo a medida que se aleja de su origen. La otra parte enseña cómo hacer lo que enseña la primera. Esta segunda se conserva secretamente en ciertas escuelas, y con su ayuda siempre se puede rectificar lo que ha sido falseado en la primera parte, o restaurar lo que ha sido olvidado. Sin esta segunda parte, no puede haber conocimiento de la religión, o en todo caso, este conocimiento permanece incompleto y muy subjetivo.

Esta parte secreta existe en el cristianismo, al igual que en todas las otras religiones auténticas, y enseña cómo seguir los preceptos de Cristo y lo que realmente ellos significan.” (Pág. 441-2)

¡Quién como yo ha padecido la influencia de la religión exotérica (exterior),  sintiéndola como un grave peso del cual librarse lo más pronto posible! El asociar el pensamiento del “método” de Gurdjieff al Cristianismo podría sonar forzado a primer impacto, sobretodo si el recorrido lo llevara a cruzarse con ideas que pensaba haber liquidado definitivamente, siendo éstas en ningún caso adherentes a “su” idea de realidad: como la imagen de un Dios antropomorfo, o el ejercicio de rituales y “mantras” que reviven aquella parte de la religión que ninguno de nosotros conocemos.

Las religiones esotéricas intentan dar respuesta al porque. Aquellas que “esconden” el como. ¿Estás de acuerdo?

Gurdjieff explica los evangelios:

Pero volvamos a un fragmento del texto de René Zuber en donde expone el pensamiento de su nueva comprensión: “En el instante en que me atravesó como un relámpago de fuego, la idea de la enseñanza no fue otra que una versión del Evangelio en un lenguaje diferente. Me sentí inmerso en una inmensa alegría y al mismo tiempo tocado por cierta inquietud. ¿Por qué? Para simplificar, digamos que tuve la sensación de haber entrado en un territorio reservado, ya que el Cristianismo no a nacido ayer y por derecho pertenece a los santos y a los doctores de la Iglesia.

Además, a pesar que en nuestros días se pone esto universalmente en duda, claro está que es el fundamento de nuestras instituciones, de nuestros códigos, de nuestra ética y que influye de manera profunda en nuestros pensamientos.

¿Será posible que no lo hayamos sabido reconocer en la enseñanza desconocida? Para reconocerlo bajo una forma que jamás habíamos visto, habríamos tenido que saborear la esencia que conserva su sabor aun atravesando los cambios que distorsionan su apariencia. ¿La esencia del Cristianismo? No se espera que intentes definir algo que aparece más allá de toda definición. Pero sería injusto ignorarlo completamente.”

Ahora, en “Fragmentos”, encontramos la siguiente declaración del mismo Gurdjieff: “No se lo que sabéis sobre el Cristianismo, contestó G. acentuando esta palabra. Sería necesario hablar durante mucho tiempo para aclarar qué entendéis por este término. Mas para aquellos que saben, diré, si se quiere, que esto es Cristianismo esotérico. Hablaremos del significado de esta palabra a su debido tiempo.” (Pág. 163)

Apunto hacia nuestro objetivo en esta sede, o mejor aun, definirlo: Intentamos acercarnos al sentir, partiendo del centro intelectual que a menudo tiene la tarea de “abrir una vía”. Mientras tanto podemos observar que el propio Gurdjieff fue de origen cristiano-ortodoxo y que nació y vivió su juventud en contacto con varias tradiciones.

Sus primeros maestros fueron su padre y un sacerdote, por los cuales el cristianismo, sobre todo la figura de Jesús y la Cábala de la tradición hebrea, se convierte en una importante contribución a su formación a la cual posteriormente se sumaría el estudio con uno o más maestros Sufíes de la tradición esotérica Islámica. Por esto, quienquiera que desée apropiarse indebidamente de las raíces histórico-culturales, como lo hace el autor-pseudónimo Rafael Lefort en “Los Maestros de Gurdjieff” despojándolas de sus raíces profundamente cristianas, comete un grave error.

Gurdjieff explica los evangelios

Las correspondencias entre los Evangelios y las palabras de Monsieur Gurdjieff son numerosísimas. Más bien, el mismo Gurdjieff muchas veces hace explícitas referencias a ellos. Quiero ahora publicar solo algunos paralelismos entre Fragmentos de una Enseñanza Desconocida de Ouspensky (excepto donde esté expresamente citado) y algunos versículos de los cuatro Evangelios. Estas “correspondencias” son innumerables. .

Mateo 10:38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

Mateo 10:39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

“El sacrificio es necesario, dijo G. Si nada es sacrificado, nada puede ser obtenido. Y es indispensable sacrificar lo que es precioso en el momento mismo, sacrificar mucho y sacrificar por mucho tiempo. (Fragmentos pág. 67)

Mateo 5:37 – Pero sea vuestro halar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

“Fusión, unidad interior, se obtienen por “fricción”, por la lucha del “si” y del “no” en el hombre”. (Pág. 65)

Mateo 23:27 – ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

Mateo 23:28 – Así vosotros también por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

 

 “En la mayoría de los casos, un hombre se identifica con lo que piensan los demás de él, con la forma en que lo tratan, con la actitud que tienen hacia él.

Un hombre piensa siempre que los demás no lo aprecian lo suficiente, que no son suficientemente corteses o atentos. Todo esto lo atormenta, lo preocupa, lo vuelve receloso y hace que desperdicie una cantidad enorme de energía en conjeturas o en suposiciones; de esta manera desarrolla en él una actitud desconfiada y hostil respecto a los demás. Cómo lo han mirado, lo que se piensa de él, lo que se dice de él, todo esto toma una importancia enorme en sus ojos. (Pág. 230)

Mateo 7:1 No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Mateo 7:2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

Mateo 7:3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no hechas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Mateo 7:4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

Mateo 7:5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

“La consideración exterior… es una adaptación a la gente, a su comprensión y a sus exigencias. Al considerar exteriormente, un hombre realiza todo lo necesario para hacerse la vida más fácil a sí mismo y a los demás… Pero si un hombre se recuerda realmente a sí mismo, comprende que el otro es tan máquina como él. Entonces se pondrá en el lugar del otro. Al hacerlo, llegará a ser realmente capaz de comprender lo que el otro piensa y siente. Si puede comportarse así, su trabajo se volverá mucho más fácil para él… Es muy importante en el trabajo una justa consideración exterior.” (Pág. 233)

Lucas 21:34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez…

Lucas 21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando…

“No hay nada nuevo en la idea del sueño. Casi desde la creación del mundo, se ha dicho a los hombres que están dormidos y que deben despertar. Por ejemplo, ¿cuántas veces se dice esto en los Evangelios? Despertad, vigilad, no durmáis. Los discípulos de Cristo, aun en el Huerto de Getsemaní, mientras su maestro oraba por última vez, dormían. Esto lo dice todo. ¿Pero lo comprenden los hombres? Lo toman como una figura retórica, una metáfora… Aunque parezca mentira, a menudo se me ha preguntado por qué en los Evangelios no dice nada acerca del sueño… En cada página se trata de esto. Esto demuestra simplemente que la gente lee los Evangelios dormida. (Pág. 220-1)

Estudio de  www.gurdjieff.es 

LaTeca


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