La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

Los Cuatro Caminos II

Los Cuatro Caminos
La inmortalidad no es una propiedad con la que nace el hombre, pero
que ella puede ser adquirida. Todos los caminos que conducen a la inmortalidad —los que son
generalmente conocidos y los otros— pueden dividirse en tres categorías:

1. El camino del faquir.
2. El camino del monje.
3. El camino del yogui.
4. El camino cuarto.
(leer 1era. Parte)

“Los caminos también difieren mucho los unos de los otros en relación al maestro, o al guía
espiritual.
“En el camino del faquir un hombre no tiene maestro en el verdadero sentido de la palabra. En
este caso, el maestro no enseña, simplemente sirve de ejemplo. El trabajo del alumno se limita
a imitar al maestro.
“El hombre que sigue el camino del monje tiene un maestro y parte de sus deberes, parte de su
tarea, consiste en tener una fe absoluta en él, en someterse por completo a su maestro, en
obedecer. Pero lo esencial en el camino del monje es la te en Dios, el amor a Dios, los
esfuerzos ininterrumpidos para obedecer a Dios y servirlo, aunque en su comprensión de la
idea de Dios y del servicio de Dios, pueda haber una gran parte de subjetividad y muchas
contradicciones.
“En el camino del yogui no hay que hacer nada, y no se debe hacer nada, sin un maestro. El
hombre que emprende este camino, al comienzo debe imitar a su maestro como el faquir y
creer en él como el monje. Pero después, paulatinamente, llega a ser su propio maestro,
aprende los métodos de su maestro y gradualmente se ejercita en aplicárselos a sí mismo.
“Pero todos los caminos, tanto el del faquir como el del monje y el del yogui, tienen un punto
en común. Todos comienzan por lo que es más difícil, un cambio total de vida, un
renunciamiento a todo lo que es de este mundo. Un hombre que tiene un hogar, una familia,
debe abandonarlos, debe renunciar a todos los placeres, apegos y deberes de la vida, y partir al
desierto, entrar en un monasterio o en una escuela de yoguis. Desde el primer día, desde el
primer paso sobre el camino, debe morir para el mundo; sólo así puede esperar obtener algo
en uno de estos caminos.
“Para captar la esencia de esta enseñanza es indispensable darse cuenta cabal de que los
caminos son los únicos métodos capaces de asegurar el desarrollo de las posibilidades ocultas
del hombre. Además muestra cuán raro y difícil es un desarrollo de esta clase. El desarrollo de
estas posibilidades no es una ley. La ley para el hombre es una existencia dentro del círculo de
las influencias mecánicas, es el estado del «hombre-máquina». El camino del desarrollo de las
posibilidades ocultas es un camino contra la naturaleza, contra Dios. Esto explica las dificultad
tades y el carácter exclusivo de los caminos. Son estrictos y estrechos. Sin embargo, nada se
puede alcanzar sin ellos. En el
océano de la vida ordinaria, y especialmente de la vida moderna, los caminos aparecen sólo
como un fenómeno minúsculo, apenas perceptible, que desde el punto de vista de esta vida no
tiene la menor razón de ser. Pero este fenómeno minúsculo contiene en sí mismo todo cuanto
el hombre dispone para el desarrollo de sus posibilidades ocultas. Los caminos se oponen a la
vida de todos los días que está basada en otros principios y sometida a otras leyes. He aquí el
secreto de su poder y de su significación. En una vida ordinaria, aunque esté llena de intereses
filosóficos, científicos, religiosos o sociales, no hay nada y no puede haber nada en ella que
ofrezca las posibilidades contenidas en los caminos. Porque éstos llevan al hombre o pueden
llevarlo a la inmortalidad. La vida mundana, aun la más exitosa, lleva a la muerte y no puede
llevar a ninguna otra cosa. La idea de los caminos no puede ser comprendida si se admite la
posibilidad de la evolución del hombre sin su ayuda.
“Por regla general, es duro para un hombre resignarse a esta idea; le parece exagerada, injusta
y absurda. Tiene una comprensión pobre del sentido de la palabra «posibilidad». Se imagina
que si tiene algunas posibilidades en sí mismo, éstas tendrán que desarrollarse y que por cierto
los medios de desarrollo están a su alcance. Partiendo de un total rechazo a reconocer en sí
mismo cualquier clase de posibilidad, por lo general el hombre pasa súbitamente a la
imperiosa exigencia de su desarrollo inevitable. Para él es difícil adaptarse a la idea de que sus
posibilidades no sólo pueden permanecer en su estado actual de infra-desarrollo, sino aun
atrofiarse definitivamente, y que por lo tanto su desarrollo reclama de él prodigiosos y
perseverantes esfuerzos. De una manera general, si consideramos a las personas que no son ni
faquires, ni monjes, ni yoguis, y de las que podemos afirmar sin temor que jamás serán
faquires, monjes o yoguis, estamos en condición de afirmar con certeza absoluta que sus
posibilidades no pueden ser desarrolladas y que no se desarrollarán jamás. Es indispensable
persuadirse profundamente de esto para comprender lo que voy a decir.
“En las condiciones ordinarias de la vida civilizada, la situación de un hombre, aun
inteligente, que busca el conocimiento, es sin esperanza, porque no tiene la menor posibilidad
de encontrar alrededor de él algo que se asemeje a una escuela de faquires o a una escuela de
yoguis. En cuanto a las religiones del Occidente, han degenerado hasta tal punto que desde
hace mucho tiempo ya no hay nada viviente en ellas. En fin, del lado «ocultista» o
«espiritista», ya no hay nada que esperar sino experiencias ingenuas.
“La situación seria realmente desesperada, si no existiese otra posibilidad, la de un cuarto
camino.
“El cuarto camino no exige que uno se retire del mundo, no exige que uno abandone todo
aquello por lo que se ha vivido hasta el momento. Este camino comienza mucho más lejos que
el del yogui. “Esto significa que es necesario estar preparado para entrar en el cuarto camino,
y que esta preparación, que es de las más serias, tiene que adquirirse en la vida ordinaria y
aplicarla sobre muchos lados diferentes. Además, el hombre que quiere seguir el cuarto
camino tiene que reunir en su vida condiciones favorables al trabajo, o por lo menos aquellas
que no lo hagan imposible; porque es necesario convencerse de que tanto en la vida exterior
como en la vida interior, ciertas condiciones pueden constituir barreras infranqueables para el
cuarto camino. Añadamos aún, que este camino, contrariamente al del faquir, al del monje y
al del yogui, no tiene una forma definida. Ante todo, tiene que ser hallado. Es la primera
prueba. Y es difícil, porque el cuarto camino es mucho menos conocido que los otros tres
caminos tradicionales. Son numerosas las personas que nunca han oído hablar de él o que
niegan simplemente su existencia o aun su posibilidad.
“Sin embargo, el comienzo del cuarto camino es más fácil que el comienzo de los caminos del
faquir, del monje y del yogui. Es posible seguir el cuarto camino y trabajar en él mientras uno
continúa atendiendo sus ocupaciones ordinarias, en las condiciones habituales de la vida, sincortar las relaciones que uno tiene con la gente, sin abandonar nada. Este camino no exige el
renunciamiento. Por el contrario, las condiciones de vida en las que un hombre se encuentra
cuando emprende el trabajo —o en las que el trabajo lo sorprende, por así decirlo— son las
mejores posibles para él, por lo menos al comienzo. Porque ellas le son naturales. Ellas son el
hombre mismo, porque la vida de un hombre y sus condiciones corresponden a lo que él es.
La vida las ha creado a su medida; por consiguiente, cualquier otra condición sería artificial, y
en este caso el trabajo no podría tocar inmediatamente todos los lados de su ser.
“De esta manera, el cuarto camino alcanza simultáneamente todos los lados del ser humano.
Es un trabajo inmediato sobre las tres habitaciones a la vez.
El faquir trabaja sobre la primera
habitación, el monje sobre la segunda, el yogui sobre la tercera.
Cuando alcanzan la cuarta habitación, el faquir, el monje y el yogui dejan atrás muchas tareas
incumplidas y no pueden hacer uso de lo que han alcanzado porque no dominan todas sus
funciones. El faquir es amo de su cuerpo, pero no de sus emociones, ni de sus pensamientos;
el monje es amo de sus emociones, pero no de su cuerpo, ni de su pensamiento; el yogui es
amo de su pensamiento, pero no de su cuerpo, ni de sus emociones.
“Por lo tanto el cuarto camino difiere de los otros, en que exige del hombre ante todo la
comprensión. El hombre no debe hacer nada sin comprender — salvo a título de experimento,
bajo el control y la dirección de su maestro. Cuanto más comprenda un hombre lo que hace,
tanto más valor tendrán los resultados de sus esfuerzos. Es un principio fundamental del
cuarto camino. Los resultados obtenidos en el trabajo son proporcionales a la conciencia que
uno tiene de ese trabajo. No se requiere «fe» en este camino, por el contrario, la fe de
cualquier naturaleza que fuera, es aquí un obstáculo. En el cuarto camino, un hombre tiene
que asegurarse por sí mismo de la verdad de lo que se le dice, y en tanto que no haya
adquirido esta certidumbre, no debe hacer nada.
“El método del cuarto camino es el siguiente: si uno comienza un trabajo sobre una
habitación, debe emprender simultáneamente un trabajo correspondiente sobre las otras dos.
En otros términos, mientras uno trabaja sobre el cuerpo físico, hay que trabajar
simultáneamente sobre el pensamiento y sobre las emociones; mientras uno trabaja sobre el
pensamiento hay que trabajar sobre el cuerpo físico y las emociones; mientras se trabaja sobre
las emociones, hay que trabajar sobre el pensamiento y sobre el cuerpo físico. Lo que permite
llegar a esto es que en el cuarto camino es posible hacer uso de un cierto saber, inaccesible en
los caminos del faquir, del monje y del yogui. Este saber proporciona la posibilidad de un
trabajo en las tres direcciones a la vez. Toda una serie de ejercicios paralelos sobre los tres
planos, físico, mental y emocional, sirven a esta meta. Aun más, en el cuarto camino es
posible individualizar el trabajo de cada uno; dicho de otro modo, cada uno no debe hacer
sino lo que le es necesario, y nada de lo que no tiene utilidad para él. Porque el cuarto camino
pone de lado todo lo superfluo que se mantiene en los otros caminos simplemente por rutina.
“De esta manera, cuando un hombre alcanza la voluntad por el cuarto camino, se puede servir
de ella, porque ha adquirido el control de todas sus funciones físicas, emocionales e
intelectuales. Y por añadidura, ha ahorrado mucho tiempo al trabajar a la vez, paralelamente,
sobre los tres lados de su ser.

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