La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

CUARTO CAMINO LIBROS

NOTAS SOBRE LA LITERATURA DE GURDJIEFF

MICHEL DE SALZMANN

El creciente número de publicaciones dedicadas a Gurdjieff no debería engañarnos, ya que casi con certeza éstas ignoran lo esencial. Que haya autores mal informados que produzcan todo un abanico de desinformación, es algo que se puede entender. Pero ¿cómo no estar confundido cuando aquellos que afirman tener alguna relación con la Enseñanza de Gurdjieff, contribuyen a la distorsión de su perspectiva real, por su enfoque subjetivo? La transmisión de la esencia metafísica de la enseñanza implica la auto-realización y la capacidad correlativa para una acción verdadera, y es un desafío casi imposible, fuera de su propio terreno. Por supuesto uno no puede reprochar el fracaso de intentos prematuros, pero ¿han considerado aquellas personas responsables de estos intentos que las intenciones ingenuas y pretenciosas en este dominio, muy bien podrían engendrar pensamientos y reacciones que pueden extraviar profundamente? Tenemos que reconocer que el problema no es sencillo y está lleno de ambigüedad.

Ambigüedad que se origina ya en el fenómeno incontrolable de la creciente fama de Gurdjieff. Durante su vida fue casi desconocido, pero la propagación de la literatura sobre él en la actualidad, y la filmación de “Encuentras con Hombres Notables”, han hecho que su nombre sea ampliamente conocido por el público. Probablemente no pase mucho tiempo antes de que se encuentre entre las figuras populares. Por un lado nos sentimos justificadamente irritados en la medida en que esta ola de interés creciente se basa mayormente en una caricatura de la realidad. Por otro lado no podemos poner objeciones si reconocemos su profunda legitimidad subyacente.

La ambigüedad aparece otra vez cuando observamos que a pesar de todas las diluciones, distorsiones y mistificaciones que ha sufrido el mensaje de Gurdjieff, éste conserva, a pesar de todo, el poder de despertar.

La ambigüedad, o más bien, la falta de comprensión que surge de ella, serán encontradas necesariamente cerca de Gurdjieff. Pertenece de hecho a la clase de conocimiento que intentó transmitir y a los requisitos inherentes a su transmisión, los cuales están más allá de la comprensión ordinaria. La falta de reconocimiento de este punto esencial impide cualquier oportunidad de evitar la equivocación.

No es posible presentar aquí un repaso convencional de todo lo que se ha escrito sobre Gurdjieff. Ni la censura, ni los argumentos, ni los juicios en general pueden ser útiles al intentar aproximarnos a una realidad que los sobrepasa. Las siguientes palabras de Heráclito indican maravillosamente un ideal alternativo: “Cada uno de los que duermen vive en su propio mundo; sólo aquellos que están despiertos tienen un mundo en común.”

Por lo tanto, hasta que aparezca el libro definitivo, parece preferible sugerir, y quizás hacer aceptable mediante un comentario cándido, la idea de que tanto en la literatura de Gurdjieff, como en cualquier otra empresa humana, se expresan diferentes niveles, necesariamente. También uno puede darse cuenta de que la mayor parte de lo escrito sobre este tema, solamente ha tocado la parte visible y engañosa del iceberg, o también, por emplear una mejor imagen, se ha comentado meramente sobre la fachada, detrás de la cual comienza “el camino”.

LIBROS “DE” LA ENSEÑANZA.

Una característica definitiva de una Enseñanza o camino vivientes, es que no puede ser encontrado en libro alguno. Muchos libros pueden sensibilizarnos a la existencia del camino y pueda ayudarnos a encontrar el umbral, pero son raros aquellos que pueden ir más lejos y servir de plano preciso de orientación a lo largo del camino.

Respecto al viaje en sí mismo, no puede llegar lejos sin un guía o sin una “escuela” en el sentido original del término.

No tendría ningún sentido enunciar aquí los principios aplicados necesariamente a la enseñanza de Gurdjieff, así como a cualquier otra enseñanza tradicional, puesto que son en esencia universal. Pero puede ser útil resaltar dos equivocaciones ampliamente difundidas.

En primer lugar, desde una perspectiva tradicional, es completamente inapropiado designar como enseñanza al mero ocuparse de las ideas. La palabra “enseñanza” debe referirse estrictamente a una experiencia de relación directa que tiene lugar en presencia de un maestro en particular a través de transmisión oral.

La segunda equivocación que de hecha surge de la primera, está reflejada en el uso indiscriminado de la palabra “esotérico”. Dejando aparte consideraciones etimológicas y otras más abstractas, debemos de darnos cuenta que en las ideas por sí mismas, cualesquiera que éstas sean, de ninguna manera se encuentra esoterismo; pero sí en la capacidad de comprenderlas convenientemente. Esto trae consigo un aspecto experimental y práctico en el cual el significado de una idea puede incluso adquirir un nuevo sabor. Implica, por así decirlo, un control consciente sobre estados superiores de conciencia, donde lo reflejado por las ideas corresponde efectivamente con lo realizado en la dinámica de ese estado, y viceversa. Esto, se refiere a la identidad fundamental entre “conocimiento” y “ser”.
El esoterismo por la tanto no es algo voluntariamente oculto. Es algo auto protegido por naturaleza, puesto que no puede ser comprendido sin la preparación interior correspondiente.

Estas consideraciones pueden ayudarnos a no abusar de la palabra “esotérico” cuando hablemos meramente de libros, y también a clarificar el por qué, aparte de los escritos por Gurdjieff, hasta ahora sólo ha surgido un libro entre sus alumnos, que puede ser considerado sin perjuicio alguno, como definitivamente útil en la enseñanza. Es “Fragmentos de una enseñanza Desconocida” de P.D. Ouspensky.

Los alumnos de Gurdjieff se han sentido siempre profundamente en deuda con Ouspensky por esta contribución excepcional e incomparable a su trabajo. Es una exposición brillante, honesta y fiel de los recuerdos de aquello que le había sido transmitido al autor. Sí uno tiene en cuenta que tomar notas nunca estaba permitido, el libro es tanto más extraordinario. Aunque corresponde a una etapa inicial del trabajo de Gurdjieff, tanto en el tiempo (1915-1923) como respecto a la preparación de los alumnos, conserva una fuerza y una viveza notables al orientar a aquellos que están en el camino, hacia un cuestionamiento activo.

Las calificaciones y motivaciones de Ouspensky fueron sin duda inusuales, pero la calidad secreta que emana de su libro proviene del hecho de que nos acerca tanto como es posible a las condiciones de enseñanza oral, donde la influencia del maestro da vida a las ideas.

LIBROS “SOBRE” LA ENSEÑANZA.

Lo anteriormente expuesto no significa que carezcan de interés otros libros escritos con seriedad. Puede ser que tengan una visión especial, que revelen aspectos originales o que proporcionen información nueva y en algunos casos lo hacen. También pueden ser más accesibles para las personas que están fuera de la enseñanza. También pueden servir dé excelentes espejos a los seguidores, al impulsarles hacia una confrontación personal referente a la propia comprensión; y tienen la muy deseable ventaja de no engendrar malas interpretaciones excesivas. No obstante, estos libros a pesar de su seriedad, suelen ser pálidos reflejos del de Ouspensky en lo que a la doctrina se refiere; y teniendo en cuenta su motivación más subjetiva, no pueden por menos de modificar su espíritu.

El destino de Ouspensky fue separarse de Gurdjieff en cierto momento y por lo tanto disociar al maestro, de su Enseñanza. Esto ciertamente nos trae la cuestión vital de la fragmentación y de la continuación efectiva y transmisión de una enseñanza. Si ésta carece de la influencia de la que se origina, la cual sobrepasa el nivel humano, según reconocen todas las tradiciones, y que es la única fuerza que puede animarlo, una enseñanza se convierte esencial y substancialmente en un “aparato” diferente, incapaz de cumplir el mismo propósito.

Una enseñanza espiritual puede muy bien convertirse en una doctrina meramente moral o psicológica, sin cambiar de forma apreciable su aspecto formal. Esto depende en todo caso del nivel alcanzado por el alumno.

El mismo Ouspensky dio a la palabra “psicología” un significado tradicional y elevado, pero no se puede negar que sus seguidores más o menos lejanos, que escribieron sobre la enseñanza, le dieron un sabor cada vez mayor de: “entretejido psicológico” ordenado y sin fin. Este proceso culmina evidentemente en formas muchos más exteriores de lo que desafortunadamente aun se llama “el trabajo”, que parece florecer ahora en muchos lugares y que parece tener más de búsqueda de publicidad y aceptación social que con Ouspensky, y mucha menos con Gurdjieff.

No parece necesario extenderse sobre los libros que podrían ser denominados clásicos, que tratan del “sistema” de Gurdjieff. Como se ha dicho antes, éstos son mayormente una expresión de la línea de pensamiento de Ouspensky y se refieren a nociones adaptadas para etapas primeras del trabajo.

Podríamos incluir aquí principalmente los libros de M. Nicoll, Kenneth Walker, y J. G. Bennett. También puede ser mencionado C.S. Nott en este contexto. Todos estos autores fueron Ingleses, y asociados con Ouspensky o profundamente influenciados por él. Todos ellos estuvieron en contacto directo con Gurdjieff y su Enseñanza en una época u otra de sus vidas, aunque brevemente, y sintieron claramente en su proximidad algo que no recibieran de Ouspensky. Bennett no obstante tuvo un itinerario particular, al ser seguidor de muchos maestros sucesivamente y al hacer una mezcla de enseñanzas que son difíciles de separar. Al final de su vida estableció un centro propio, volviendo resueltamente a lo que él consideraba que era “el camino de Gurdjieff”. Su último libro: “Gurdjieff haciendo un Mundo Nuevo”, es interesante debido a la profusión de material informativo, pero desafortunadamente se complace en interpretaciones altamente especulativas sobre la vida y trabajo de Gurdjieff, las cuales, obvio es decirlo, han sido explotadas a fondo por comentaristas de toda clase.

Una aportación más reciente que bien puede representar un reflejo importante del desarrollo de la enseñanza de Gurdjieff después de su muerte es: “Hacia el Despertar”, de Jean Vaysse, que da una importancia especial a la experiencia de la atención y la sensación corporal, singularmente ausentes en Ouspensky, y tiene por tanto sabor de una etapa más avanzada.

Todos estos autores tuvieron por lo menos una evaluación personal del trabajo de Gurdjieff, al cual han pagado un tributo mediante sus propios esfuerzos e inevitables sacrificios. Fueron y son respetados como hombres dignos, por todos aquellos a quienes ellos ayudaron a convertirse en seres humanos más auténticos. El entorno formado por las demandas concretas de la enseñanza les capacitó para transmitir las ideas con una meta realista y con un sentido de relatividad.

LIBROS “EN TORNO” A LA ENSEÑANZA.

Cuando este entorno experiencial no existe, no se está capacitado para dar a las ideas del trabajo su porque real; éstas se convierten en abstractas, pierden su profundidad y se manipulan más o menos alegremente bajo el exclusivo control de la apreciación subjetiva. “El Trabajo de Gurdjieff” de Kathleen Speeth puede parecer un resumen de hechos claro e incuestionable, pero sin substancia. Además la candidez en este caso como en todos, produce como resultado inevitable una mezcla totalmente indiscriminada de información de fuentes diversas, calidades y credibilidad. Todo ella situado en un mismo nivel. El reciente ensayo sobre la filosofía de Gurdjieff de Colin Wilson, “La Guerra contra el Sueño“, aunque más práctica y limitado en su objetivo, refleja la misma ausencia de fondo que no puede ser compensada con su Inteligencia y que él parece estar justificando inconscientemente cuando escribe: “La peculiarmente estrecha y puritana visión del trabajo, por parte de Ouspensky, le convenció de que escribir estaba de alguna manera prohibido. De hecho, la publicación al fin de su libro, así como la de otros libros brillantes de otros autores relacionados con el “trabajo” prueban sin ninguna duda que la esencia de las ideas puede ser transmitida perfectamente en letra impresa”.

Tenemos que estar de acuerdo que en todos los campos las ideas pueden ser trasmitidas bien por gente adecuadamente preparada. Sin embargo es evidente que en el caso de disciplinas basadas en la experiencia, las cuales están incluidas normalmente en las enseñanzas espirituales de forma muy sofisticada, las ideas tomadas demasiado literalmente sólo pueden conducir a teorizar de forma estéril y a distorsionar cuando no se comprende su significado simbólico y práctico. Y no debemos olvidar que la parte más importante de la enseñanza de Gurdjieff se transmite necesariamente bajo el manto de la analogía y el simbolismo.

No obstante, puede ocurrir que personas que no toman parte activa en la enseñanza, motivadas por un interés personal auténtico, (quizás asociado con la erudición y la paciencia) transmitan impresiones lozanas y percepciones interiores a pesar de grandes errores. Tal es el caso de la obra de Pichel Waldberg basada en los libros de Gurdjieff. Tales empresas espontáneas ciertamente no deben ser desalentadas.

El reciente libro de James Webb, “El Círculo Armónico”, también debe de ser mencionado aquí como un intento aparentemente serio de descifrar los fenómenos de y sobre Gurdjieff y Ouspensky a través de libros y entrevistas. Pero por desgracia también está cargado de malas interpretaciones, citas fuera de contexto y meros rumores.

LOS GRANDES MALENTENDIDOS.

Es importante recordar que antes de reaparecer en el “mundo” siendo portador de un conocimiento de dimensión abrumadora, Gurdjieff desapareció prácticamente durante veinte años al final del siglo pasado y principios de éste. La enseñanza que el trajo representaba según Colin Wilson, “probablemente el mayor intento individual en la historia del pensamiento humano, para enseñarnos el potencial de la conciencia humana”.

También está clara que Gurdjieff no inventó una filosofía propia para ser original e impresionar a la gente. No obstante, su enseñanza puede asombrarnos verdaderamente. A la vez que estaba conectada con las más profundas fuentes de pensamiento tradicional, nos proporciona una forma, una luz y un lenguaje que no pueden ser encontrados en ningún otro lugar, a pesar de los esfuerzos simplistas y engañosos para seguir la pista de las fuentes, llevados a cabo por escritores como Boris Mouravieff, Idries Shah y J.G. Bennett. Otras autores, como Whitall Perry, al no poder situar la enseñanza dentro de un “camino” establecido con un linaje regular, no han vacilado en calificarlo de pura y simplemente antitradicional, un argumento que sólo puede ser aventurado por quien se deje guiar por los rumores, y sea indiferente a la intuición.

La enseñanza de Gurdjieff, que está expuesta fragmentariamente en el libro de Ouspensky, contiene un aspecto estrictamente metafísico, una cosmología y una explicación detallada de ese complejo transformador de energía representado por la totalidad de cada individuo humano. Pero su carácter específico aparece no solamente en la doctrina sino que es evidente también en los múltiples medios o apoyos que representan la praxis, o las “obras”, como se diría en terminología cristiana, las cuales le son básicas. Son estos apoyos los que hacen posible armonizar los diferentes elementos del nivel funcional ordinario a fin de llegar a poder corresponder y participar en más altos niveles de ser, relacionados con influencias más sutiles. Este proceso interior obedece a leyes, y se desarrolla en etapas precisas.

Una de las particularidades de la enseñanza de Gurdjieff es el notable énfasis que pone en la importancia de la primera fase de armonización de las funciones y adquisición de un centro de gravedad de presencia individual (lo que nos recuerda al Hara). Gurdjieff dio el nombre de “conciencia de sí” a la definitiva y completa realización de esta fase. Él señaló que éste era el estado normal y primordial que el hombre moderno debe de desear espontáneamente y ser capaz de alcanzar, pero del que se encuentra muy lejos. Era implacable al impedir a sus seguidores que soñasen con lejanas posibilidades antes de haber trabajado a fondo en la realización de la primera fase. El asiduo y a veces visible trabajo relacionado con esta fase, a pesar de la progresiva transformación del “esfuerzo” en “no esfuerzo”, ha contribuido sin duda a que se haya dicho que la enseñanza de Gurdjieff es “voluntarista”, “sin amor”. etc.

Las ideas de Gurdjieff parecen corresponder especialmente a la psicología del hombre moderno. Las resistencias del hombre irreligioso de hoy día no son provocadas, ya que la enseñanza aparentemente no requiere ninguna creencia, ni culto, ni ritual. Al principio propone simplemente que uno debe de conocerse a sí mismo tal como es, a fin de permitir poner remedio al caos del funcionamiento interno. Pero no nos llamemos a engaño. El despertar de uno mismo implica necesariamente descubrir una dimensión interior de ser, unificadora, que no es percibida al principio: un Yo profundamente escondido”, un “Conocedor” que ilumina y experimenta lo que es vivido, como conocimiento inmediato y no discursivo. Y así cobra significado la etimología de la palabra “religión”: aquello que reúne, o “yoga”: unión.

La enseñanza que trajo Gurdjieff, en su esencia no puede estar en contradicción con ninguna de las enseñanzas tradicionales. Por el contrario, cuando uno está suficientemente preparado, esta enseñanza posibilita una correspondencia verdadera y en profundidad con otras tradiciones. Y no es de modo alguno sorprendente que en cierto nivel se haga posible una apreciación muy directa y mutua, ya que la realización del desarrollo interior y los estados de ser que le corresponden, están sujetas en todas partes a las mismas leyes.

LIBROS “SOBRE” GURDJIEFF.

Un aspecto más, relacionado con el carácter específico de la enseñanza de Gurdjieff, fue la especial influencia despertadora transmitida por su propia presencia. Todo el que se aproximaba a él sobre una base correcta fue marcado de forma indeleble. Aunque causó ciertamente un fuerte impacto en general, es especialmente interesante notar las diferentes y peculiares relaciones que estableció con sus alumnos.

Uno puede dejarse tentar por explicar esta influencia por el especial carisma de Gurdjieff a su dominio sobre lo que los psicoanalistas llaman “transferencia”. Pero tales interpretaciones sólo conducen a dar importancia a su persona, a inculcar un culto a la personalidad que él mismo hubiese destruida sin piedad. No hay leyendas doradas referentes a él. El único propósito de un maestro auténtico es despertar a los demás. Y este despertar siempre tiene lugar a través de leyes simples pero difíciles de aplicar, según las cuales la conciencia real despierta a la conciencia, de la misma forma que el verdadero amor despierta al amor. Si esto estuviese ligado a la persona individual, y no fuese inherente a las intencionalidades altas del ser, no habría enseñanza transmisible. Esto no contradice la visión de que será un gran hombre aquel que consiga elevar verdaderamente a los demás sobre sus limitaciones ordinarias. Y ciertamente esa era la que uno sentía con intensidad cerca de Gurdjieff.

Era notable también su forma de enseñar y de dirigirse a cada cual según sus capacidades particulares, insuficiencias y necesidades. Evidentemente dio a Ouspensky más información sobre las ideas que a los demás. Con Thomas de Hartmann desarrolló especialmente cierto trabajo sobre la música. Con otras profundizó en el estudio del fluido de energías a través de un intenso trabajo sobre ciertos ejercicios y “movimientos sagrados”.

Además de las condiciones comunes para todos, cada cual recibía un alimento apropiado. O por decirlo de forma más general: a su lado, parecía no haber límite para transformar la vida ordinaria en condiciones llenas de significado para el trabajo interior. La diversidad característica de su entorno era una poderosa ayuda para prevenir una visión rígida y demasiado personal de las cosas. Pero a pesar de este ejemplo, algunos de sus alumnos formaran más tarde grupos propios de un carácter definitivamente elitista.

No debemos de extrañarnos pues que los relatos sobre Gurdjieff tengan expresiones tan diversas. Pero todos ellos, aunque a menudo caigan en torpes malinterpretaciones, chismorreo o incluso narcisismo y oportunismo literario, nos dan reflejos de la misma experiencia fundamental. Uno no puede permanecer indiferente a los acontecimientos íntimos de estos relatos. El lector podrá encontrar admirables evocaciones de Gurdjieff con Thomas y Olga de Hartmann en los primeros anos de enseñanza, según su capacidad de separar la paja del trigo; más tarde con Kathryn Hulme y Fritz Peters; y aun después, con Wílliam Welch y René Zuber. Margaret Anderson transmitió impresiones personales de forma más diletante y más recientemente A.L. Stavely y Anna Butkovsky Hewitt entre otros muchos, han contribuido en el delicado campo del testimonio personal.

MISTIFICACIONES VOLUNTARIAS E INVOLUNTARIAS.
El escribir ciertamente ha perdido sus cánones éticos, y los libros, su aura de credibilidad. No obstante uno no puede evitar preguntarse sobre la clase de perversión que existe en cierta clase de libros sobre Gurdjieff, en los que ni siquiera hemos encontrado que sean vehículos de humor. Hay que citar aquí para su gloria las invenciones intencionalmente abusivas de “Los maestros de Gurdjieff”, presentado con el seudónimo de Rafael Lefort; la insípida burla de, conversaciones secretas con Gurdjieff de E. J. Gold, y los imaginativos “Diálogos con Gurdjieff, de Jan Cox.

Kathleen Speeth e Ira Fríedlander, que no es intencionalmente falaz, explotan abusivamente un tema que se ha convertido en algo especulativamente comercial, el libro de Gurdjieff, “Encuentros con Hombres Notables”, al presentar como hechos biográficos objetivos, las principales secuencias de su libro. La extensa bibliografía al final del libro no compensa una producción tan débil.

Por supuesto tenemos que citar aquí aquella fuente de indignas leyendas que es “Señor Gurdjieff” de Louis Pauwels, el cual nunca conoció a Gurdjieff como reconoció públicamente. Aunque este libro fue un desafortunado ejemplo de que cualquier cosa puede ser escrita impunemente, Pauwels lamentó más tarde su dudosa hazaña, calificándola de “pecado de juventud”.

Es interesante notar que hasta ahora ninguno de los alumnos cercanos de Gurdjieff, excepto Ouspensky, haya escrita un libro sobre él. Lo que más importa a los discípulos es la continuación y vitalidad de la enseñanza, y eso está lejos de ser una preocupación literaria o histórica. Lo que es realmente prometedor es que hoy día el árbol ha dado fruto. Los relatos escritos, ligados a comentarios anecdóticos o históricos sobre Gurdjieff, dan una impresión un tanto idólatra a algunos de nosotros para quienes Gurdjieff está más vivo que nunca.

Nos parecen mucho más vitales los trabajos de aquéllos que, por estar especialmente ligados a la literatura, intentan transmitir lo que han comprendido de una forma original y peculiar. Mencionemos aquí a A.R. Orage, Jean Toomer, P.L. Travers y René Daumal entre otros. Asimismo, Maurice Nicoll nos proporciona un ejemplo interesante con su intento de profundizar en los Evangelios, en particular en sus libros “El Nuevo Hombre”, y “La Flecha en el blanco”.

Ciertamente siempre cabe la esperanza de una visión más holística que sitúe a Gurdjieff en relación con las grandes tradiciones. Pero, ¿estaremos a salvo de la ambigüedad? Cuando él nos veía perdidos en nuestras tentativas dualistas, Gurdjieff, en el momento preciso se dirigía a nosotros sonriendo, con el dicho de resonancias taoístas: “Un palo siempre tiene dos puntas, de cualquier manera que se tome”.

Alfredo Marinelli

4 comentarios

  1. Osho por ejemplo

    12 abril, 2011 en 20:38

  2. Sergio A. Mendieta

    Muy buena observación y una exposición aun mejor.

    3 mayo, 2011 en 17:47

  3. Pingback: LOS NUMEROS DE 2011 « EL CUARTO CAMINO

  4. Víctor Manuel Altamirano Jiménez

    Buen artículo, cuyo propósito es el de no deformar la enseñanza.

    24 mayo, 2016 en 19:02

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