La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

Cosmovisiones: Niveles de Ser

Niveles de Ser

Si se dejan caer en un estanque una piedra pequeña y una grande a cierta distancia la una de la otra, se formarán dos círculos concéntricos de ondas que se extenderán sobre la superficie del agua. Pronto los círculos se alcanzarán el uno al otro formando ondas mayores en forma de cresta, donde las periferias se encuentran, y espacios planos en los lugares donde los surcos se mezclan, interfiriéndose mutuamente. De la misma manera, dos rayos láser se mezclarán para crear un «prototipo de interferencia», o sea, una imagen sólida a la que llamamos un holograma.El físico cuántico David Bohm – uno de los más eminentes físicos teóricos actuales – sostiene que el prototipo – o modelo – del entero universo está contenido en cada una de sus partes. Su teoría del «Orden Implicado» expone la idea de que los eventos existentes son la manifestación de un número infinitamente mayor de eventos potenciales, o posibilidades, en un universo que tiene una estructura similar a la de un holograma conteniendo la totalidad del espacio y del tiempo.Podemos comparar el universo holográfico en seis dimensiones de Bohm con el holograma que conocemos y del que sabemos que es una imagen tridimensional reproducida en el espacio. La más notable característica de un holograma es que si su diapositiva es rota en varios pedazos, cada uno de estos trozos separados contiene la imagen completa del original, aunque un poco más difusa y desenfocada. De forma similar, cada célula del cuerpo humano contiene información genética sobre la totalidad del cuerpo, oculta y codificada en las moléculas del ADN. Es esta característica la que hace posible la «clonación»: el producir un organismo idéntico a partir de una sola célula, que no es un óvulo fecundado como lo disponen las leyes de la naturaleza.Este principio y su imagen del todo contenido en cada parte, según Bohm, se extiende a la totalidad del universo. Cada parte del universo contiene la suficiente información para reconstruir el todo. Las implicaciones de la física cuántica no se aplican solamente al nivel subatómico de la misma manera que las implicaciones de la Relatividad no conciernen solamente a distancias inconcebibles de proporciones cósmicas. Nosotros estamos colocados justo en el medio de ambos. Bohm escribe:«En último término, el entero universo – con todas sus «partículas», incluyendo estos científicos, sus laboratorios, sus instrumentos de observación, etc. – tiene que ser comprendido como una simple y no dividida totalidad en la cual el análisis de partes existentes en forma separada e independiente no tiene una base fundamental.»«La unidad – dice Bohm – está «replegada» en el universo como una expresión de su orden implícito o «implicado». Este orden está replegado en el mundo en formas ya descritas por la física: a través de ondas electromagnéticas, ondas de sonido, rayos electrónicos y muchas otras formas de movimiento y de vibración. Todas ellas constituyen un no fraccionado «holomovimiento». Uno puede seleccionar ciertas fases de ese holomovimiento para estudiarlo: electrones, luz, gravedad, sonido, etc., pero todas estas formas de holomovimiento emergen inseparables. El holomovimiento en sí mismo es indefinible e inmensurable.»El universo está impregnado con formas de ondas – tanto la luz como el sonido son una expresión del movimiento de ondas – incluyendo cualquier forma de movimiento conocido o desconocido. El universo holográfico es una multitud de estas ondas que chocan e interfieren, se mezclan y armonizan, para producir un sinfín de complejos modelos. Nosotros mismos somos partes y parcelas de este proceso. La «implicación» del orden implicado es que cada individuo contiene, o más bien es, una pieza del holograma universal: una parte del total universo de consciencia (aunque quizás, una parte fuera de foco).El Orden Implicado subyace y unifica todo, ¿Por qué entonces es el mundo una tal multitud de procesos y en ocasiones manifiesta una tan caótica actividad? ¿Cuál es el punto de vista correcto: el enfoque hacia la unidad, o el enfoque hacia el detalle?El clásico contraste entre las partículas sólidas y el espacio vacío que las rodea ya no existe más. La «substancia» básica del universo resulta ser estas «ondas-partículas» unidades de energía, quanta, que no poseen nada de esa sólida realidad a la que estábamos acostumbrados. El campo cuántico es el medio continuo que está en todas partes; las partículas son como «concentraciones» de este campo que vienen y van, emergiendo desde él y disolviéndose de regreso en el campo subyacente, cuya conducta no puede ser distinguida de la conducta de las ondas. Aquí, la materia es energía y la energía es materia. Ellos no son principios opuestos sino relativos: es decir, mientras más lento vibra un campo de energía, más densa es la materia; en tanto que mientras más rápido vibra una energía, más sutil es la materia.Todos los «objetos», incluyendo plantas, animales, seres humanos y planetas, son parcelas de energía fluyente que ocupa un «lugar» en cada uno de estos «cuerpos» con vibraciones de calidad más y más finas (rápidas). Una hueste de matemáticos y físicos está continuamente preocupada de producir una «teoría de campo unificado», o sea, encontrar un campo único de fuerza donde estén incorporadas las cuatro fuerzas de la naturaleza: electromagnética, gravitación, nuclear fuerte y nuclear débil.Harold Saxton Burr presenta la teoría de «Campos-L», diciendo que son campos que organizan la estructura de los seres vivientes. Burr sugiere que un Campo-L tiene propiedades holográficas, de modo que cualquier parte del campo contiene el diseño del organismo total.El físico Jack Sarfatti privilegia la idea de la gravedad como el «campo unificante» maestro del universo. De acuerdo a su teoría, un tipo de campo gravitacional organiza el núcleo de los átomos, otro es responsable de la organización de la materia como electrones, y otros organizan los átomos y las moléculas. Hay campos relacionados con sistemas vivientes y otros que organizan la materia en gran escala en sistemas solares y galaxias. Sarfatti representa al universo como una especie de «niebla cuántica» en la cual varias fuerzas magnéticas y gravitacionales producen diseños vibratorios tal como los torbellinos en la superficie del mar. Estos diseños serían como las pulsaciones nerviosas de un gran cerebro cósmico que lo impregna todo. Sarfatti llega a sugerir que la consciencia es un campo biogravitacional que sostiene unida la estructura de la materia – siendo la mente y la materia ondas de diferentes tamaños en el mismo océano – de modo que los campos que gobiernan la consciencia también gobiernan la materia.El físico Keith Floyd plantea que la «ubicación» de la consciencia nunca puede ser encontrada por un neurocirujano, pues ella no aparece referida a un órgano u órganos sino que es como la interacción de campos de energía. El dice: «A los neurólogos les desagrada encontrar que están buscando fuerade su propia consciencia, porque aquello que están buscando es precisamente quien busca.» Si la consciencia es un campo – y uno de los más altos niveles de vibración en una escala, o jerarquía de campos – entonces de nuevo vemos que la mente es una continuación de la materia. Mente y materiaaparecen como ondas más grandes y más pequeñas del mismo océano.Robert Monroe también presume que hay un número de campos, como mundos interpenetrantes, todos los cuales operan en diferentes frecuencias. El piensa que todos estos mundos pueden incluso ocupar la misma área que ocupa nuestro mundo de materia física, en la misma forma que las frecuencias de diferentes radio transmisoras – algunas más altas, otras más bajas – pueden ocupar el mismo espacio. Nadie puede tocar un campo porque él está dentro de la mano; los campos dan forma a la materia desde adentro. La energía del campo, su poder de moldear, actúa a través de – y está conectado con – todos los otros campos.El bioquímico Rupert Sheldrake sugiere que la forma biológica misma está gobernada por campos mórficos más que por programación genética, y que esos campos actúan invisiblemente a través del espacio-tiempo. El sugiere que la información codificada en las moléculas de ADN en las células del cuerpo puede ser comparada con los componentes de un aparato de televisión. La eventual forma del cuerpo humano sería como la imagen vista en la pantalla, como un programa trasmitido. La forma del cuerpo humano – dice Sheldrake – está gobernada por un «campo morfogenético», Cada especie animal tiene su propio campo, como si tuviera su propio canal de radio o de televisión con el cual se sintoniza. Esto parece estar de acuerdo con la aserción de los indios norteamericanos que aseguran que cada animal tiene su propio Espíritu Maestro al que pertenecen todos los animales de su misma especie.Todo esto nos lleva a la idea de que un campo de energía no es un lugar sino un estado, o nivel de Ser. A este punto la ciencia empieza a concordar con las enseñanzas esotéricas que presentan el universo como una escala de procesos energéticos, con la consciencia como su fuente de origen.El universo puede ser descrito como emanando del más alto posible nivel de energía – el Absoluto – y descendiendo en una escala de creciente complejidad, en donde cada nivel presenta más y más detalladas actividades de vida. Aunque cada nivel tiene diferentes características, ninguno de ellos existe separadamente sino sólo como una parte de un sistema de mutua dependencia en el cual todos están subordinados al Absoluto.Así como una línea sin fin nunca podrá describir un cuadrado o un cubo, ni una longitud de tiempo indefinida nos llevará a la eternidad, así, de la misma manera, un innumerable número de partículas nunca producirá una célula, o un innumerable número de células dará como resultado un órgano o un cuerpo, sin una inteligencia organizadora, o campo de energía, en operación. Es lo mismo en cada nivel de Ser: una innumerable cantidad de planetas no podrá producir un sistema solar, ni tampoco una multitud de sistemas solares dará forma a una galaxia, sin el apropiado campo de energía puesto en juego.El universo es un Ser viviente, manifestándose como una escala de inteligencias, en la que cada una organiza las actividades de su propio nivel y en el proceso asume la correspondiente forma material.El universo es creado y ordenado por una energía consciente de su propia existencia. La consciencia misma es el medio que trasmite las variadas cualidades de energía dentro de la estructura universal. Tal como los eruditos en esoterismo, algunos científicos actuales visualizan el universo como una escala – o espectro – de energías que forman campos que impregnan el total del universo material, organizando sus actividades en niveles progresivos. Cada nivel tiene su propia densidad, conteniendo todo el «material» de los niveles más altos, de modo que todo lo que vemos en el mundo físico está impregnado por las energías más finas y superiores de los mundos psicológicos, como una esponja remojada en agua en la que se ha disuelto un gas.Las actividades de cada nivel de Ser forman una jerarquía de procesos sintrópicos: el movimiento de onda molecular está organizado en diseños de movimiento de onda celular, estos llegan a ser un movimiento de onda a nivel de órgano, y así sucesivamente. Cada nivel permite al nivel superior organizar y aun regenerar el sistema. En el esquema de los hechos, nuestro papel individual como seres humanos es el de actuar de puente entre los mundos materiales y los mundos psicológicos.Mi vida está nutrida por tres formas de energías: la que me proporciona el alimento: carne, pescado, vegetales, cereales, agua; la que viene en el oxígeno del aire que respiro; y la energía que me traen las impresiones sensoriales. Al comer, el alimento habitual es, primero, convertido en las energías que necesito para sostener mi vida física; mi organismo tiene la inteligencia instintiva para digerir y transformar esta comida de modo de renovar las células y tejidos de mi cuerpo; en seguida refina esta energía para producir «energía vital», la que necesito para mi movimiento físico. Parte de esta energía vital es retransformada en energías más finas, energías psíquicas que necesito para pensar y sentir.Todo es alimento: nos alimentamos no sólo con la comida ordinaria, sino además con vibraciones sonoras y visuales, con toda clase de impresiones, formas y colores, armonías y ritmos, ideas y conceptos. Todo esto es absorbido, aun sin una real atención, para formar lo que llamamos personalidad.Pero, como ser humano, yo tengo una posibilidad única. Puedo llevar estas energías aún más lejos en relación a mi naturaleza superior. Todo lo que encuentro en mi vida es la materia prima para este otro proceso, el que no puede suceder automáticamente. Debe ser hecho en forma intencional. Tal transformación de energías puede estar ocurriendo continuamente, no sólo en forma horizontal: en niveles biológicos, físicos, psicológicos y espirituales, sino también verticalmente: entre niveles superiores e inferiores.Mi propósito intencional como ser humano es producir un intercambio de energías e influencias de un nivel a otro, traer influencias desde los más altos niveles de consciencia del Ser hasta este mundo; – a la vez que soy testigo de mis propias acciones, pensamientos y sentimientos mientras transito por esta vida – con el fin de retornar energía hacia su fuente de origen.A través de todos nosotros están pasando una octava descendente y una ascendente: dos flujos de energía. Como estos procesos, o flujos de energía, no pueden ser observados desde afuera, no puedo hacer observaciones sobre ello sin incluirme yo mismo.El concepto de «octava» no es un esquema congelado sino una evolucionante y dinámica estructura de vibraciones que se aplican no solamente a «ordinarios» intercambios de energía, como octavas musicales, espectros luminosos, etc., sino a muchos otros procesos. La octava se aplica no sólo a procesos mecánicos y predeterminados, sino también a cambios de niveles de consciencia, desde la limitada y personal percepción de ver pasar el tiempo hasta la posibilidad de emerger en los más altos niveles de Ser. Es posible que yo pueda conectarme con niveles más altos de energía, logrando, quizás, el poder concentrar una cierta cantidad de esta energía dentro y alrededor de mí.La escala del Ser no es un concepto intelectual sino un sistema viviente, traído a la vida por el constante fluir de energía desde el Ser hacia nuestro tiempo presente. Sin embargo, esta energía no es ilimitada ni proyectada infinitamente sino que es parte de un sistema cíclico de flujo y retorno, como lo es el ciclo de la respiración o la circulación de la sangre.Esta ilustración, extraída de textos medievales, muestra los niveles de existencia desde Dios, a través de los ángeles, hombres, animales, plantas, minerales, materia, hasta la nada en las esferas cíclicas cósmicas. El nivel más alto de todo, llamado “Dios” – significando absolutamente todo – y el más bajo de todo llamado “nada” – significando la nadidad absoluta – están ambos fuera del tiempo. Cada uno de nosotros es un mundo en el que están representados todos los niveles del Ser: el reino mineral – en los huesos, – la vida vegetal – en los intestinos, los instintos animales – en nuestra psiquis – subiendo hasta las más altas posibilidades espirituales. La evolución no se detiene en el nivel de cada día, ella es continua y nuestra tarea es transportarla hacia arriba.

Bruce ThomasTraducido y extractado por Alberto Carvajal

deThomas, Bruce.-

The Body of TimePenguin Books.-

ArkanaEngland.

Una respuesta

  1. encuentro este blog sumamente interesante… Gracias por el conocimiento impartido.Saludos desde Ecuador

    12 agosto, 2011 en 0:12

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