La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

LA PRIMERA INICIACIÓN JEANNE DE SALZMANN

LA PRIMERA INICIACIÓN

JEANNE DE SALZMANN

CAPÍTULO 1: UN LLAMADO A LA CONCIENCIA………………………………. 35

El recuerdo de sí…………43

5. Dónde está nuestra atención……………………………..43

6. La primera iniciación……………………………………………….. 45

7. ¿Podemos volvernos conscientes?………………………………. 46

8. El que vigila…………………………………………………………… 48

Aprender a ver es la primera iniciación al conocimiento de sí. Jeanne de Salzmann

Detrás de todas mis manifestaciones existe el deseo de conocerme, de darme cuenta de que existo y cómo existo. Pero, cuando se producen mis contactos con el mundo, simultáneamente se forma una imagen de mí. Estoy apegado a esa imagen, porque la confundo conmigo y busco afirmarla y protegerla. Soy esclavo de esa imagen. Y estoy tan apegado a ella y tomado por sus reacciones, no tengo ya atención disponible para saber que soy algo diferente.

Tal como soy, no reconozco nada más allá de mí, ni afuera ni en mí mismo. En teoría tal vez, pero no en la realidad. De manera que no tengo una referencia con la cual medirme y vivo únicamente de acuerdo con “me gusta” o “no me gusta”. Sólo me aprecio a mí y vivo pasivamente según lo que me agrada. Esa apreciación de mi yo me ciega. Es el mayor obstáculo para una vida nueva. La primera exigencia para un trabajo en dirección

a la consciencia de sí es cambiar esa apreciación, lo cual sólo puede suceder si veo en mí mismo algo que antes no había visto. Y para ver tengo que aprender a ver. Ésa es la primera iniciación al conocimiento de sí.

Trato de verme tal como soy en el estado de identificación; trato de experimentarme como soy cuando estoy identificado. Necesito conocer la enorme dimensión de la fuerza que está detrás de la identificación y de su movimiento irresistible. Esa fuerza que nos sostiene en la vida no quiere el recuerdo de sí. Ella nos arrastra hacia la manifestación y rechazar el movimiento hacia el interior.

Verme en la identificación es ver que estoy en la vida. Pero cada vez que recuerdo mis posibilidades más altas, me pierdo y rechazo lo que soy en la vida. Es rechazo me impide conocerla. Tengo que ser astuto para atraparme sin cambiar nada, sin cambiar mi deseo de manifestarme. Necesito verme como una máquina arrastrada por todos los procesos que aparecen: los pensamientos, los deseos, los movimientos. Necesito conocerme como máquina, estar presente cuando funciono como máquina. ¿Quién soy en la vida?

Página 45

Tengo que experimentarlo y tener una impresión de ello más consciente.

Para hacer frente a la fuerza de la identificación, tiene que haber algo presente, algo que presencie, una atención estable, libre, que aspire a otro nivel. Quiero estar presente a lo que pasa, permanecer consciente de mí , no perderme. Mi esfuerzo proviene de algo que no forma parte de mis medios ordinarios. Necesito de cierta voluntad y de un deseo que mi persona ordinaria no conoce. Mi yo ordinario debe ceder su puesto. A fuerza de mantener la atención y no olvidarme de mirar, tal vez un día podré ver una segunda vez, y si esto se repite, ya no seré capaz de no ver.

Para observar, tengo que luchar. Mi naturaleza ordinaria rechaza la observación de mí mismo. Necesito preparar, organizar mi lucha contra el obstáculo, retirarme un poco de mi identificación – de hablar, de imaginar, de expresar emociones negativas – para poder observar. Una lucha consciente exige una elección y una aceptación. No es mi estado el que debe dictar esa elección. Debo escoger la lucha por estar presente y aceptar que el sufrimiento aparecerá. No hay lucha sin sufrimiento. La lucha es inaceptable para mi naturaleza inferior. Eso perturba. Por eso es tan importante recordar lo que uno quiere: el sentido de nuestro trabajo y de nuestra Presencia. Si me niego a satisfacer un hábito, por ejemplo el de comer o sentarme de una cierta manera, no estoy luchando para cambiar ese hábito. Y cuando trato de no expresar las emociones negativas, no estoy luchando contra las emociones mismas, o para destruir su expresión. Es una lucha contra nuestra identificación, de forma que la energía, que de otra manera se desperdiciaría, sirva para el trabajo.

 No luchamos contra algo. Luchamos por algo.

PARA LEER MÁS DE SALZMANN

Para los que nos gusta comparar aquí les dejo una versión que pulula por ahí de dudosa apariencia, pero rica en entonaciones, ustedes saquen sus propias conclusiones sin dejar de ver que lo que importa es llegar a la verdad.

Here’s the translation of a text often quoted in this forum, and called “The First Initiation”, by Jeanne de Salzmann (one of Gurdjieff’s pupils). It’s an important text, so I think it’s good to make it available in French also, and in other languages if possible.

No figura en el libro

Ustedes verán que en la vida reciben exactamente lo que pusieron en

ella. Su vida es un espejo de lo que ustedes son, es su propia

imagen. Ustedes son pasivos, ciegos y demandantes. Ustedes toman todo,

aceptan todo, sin ningún sentimiento de endeudamiento. Su actitud hacia el

mundo y hacia la vida, es la actitud de alguien que tiene el derecho

de demandar y de tomar. De uno que no necesita pagarlo o ganarlo.

¡Creen que todas las cosas son debidas a ustedes, sólo porque son

suyas! Todas sus cegueras están ahí. Pero esto no captura su

atención.

Y es lo que siempre separa, en ustedes, un mundo del otro.

Ustedes no tienen una medida para medirse a ustedes

mismos. Viven sólo entre: “Yo quiero esto” y “Yo no quiero aquello”.

Lo cual significa, que sólo tienen apreciación por ustedes mismos. No

permiten que nada esté arriba de ustedes, quizás teórica y lógicamente, pero no en la realidad. Éste es el por qué ustedes siempre están demandando, y permanecen pensando que todo debe ser barato, y que pueden permitirse pagar por cualquier cosa que quieran.

No reconocen nada superior a ustedes mismos, ni fuera de ustedes

mismos, ni dentro de ustedes mismos. Éste es el por qué, lo repito,

ustedes no tienen una medida y viven sólo para satisfacer sus propios

antojos

¡Sí, su apreciación de ustedes mismos los mantiene ciegos! Este es el

mayor obstáculo hacia una nueva vida. Uno tiene que ser capaz de

pasar este obstáculo, este umbral, antes de que pueda continuar. Esta es la

prueba que separa la “cascarilla” del “trigo” en la gente. No importa

qué tan inteligente, qué tan dotado, qué tan brillante sea un hombre,

si él no cambia su opinión acerca de él mismo, estará perdido para el

desarrollo interior, para el trabajo basado en el conocimiento de sí

mismo, para una evolución real. Permanecerá tal y como es toda su

vida.

La primera demanda, la primera condición, la primera prueba para el

que quiere trabajar sobre sí mismo, es cambiar su apreciación de él

mismo. Él no puede sólo imaginarlo, o simplemente creer o pensar

acerca de ello, sino “ver” en la actualidad cosas en él mismo que no

había visto antes, realmente verlas. Su opinión acerca de él mismo

nunca cambiará, mientras no vea dentro de él mismo. Y para poder ver,

tiene que aprender a ver, y esta es la primera iniciación del hombre

dentro del conocimiento de él mismo.

Antes que cualquier otra cosa, tiene que saber a qué

mirar. Y una vez que lo conozca, tendrá que hacer esfuerzos,

focalizar su atención, y mirar constantemente, con tenacidad. Por mantener su

atención sobre eso, por no olvidarse acerca del mirar, quizás un día

podrá llegar a ver. Si él ve una vez, el puede ver otra vez, y si es

repetido, no podrá ignorar el ver. Este es el estado del mirar en

nuestras propias observaciones; es a partir de esto que el verdadero

deseo, el deseo de evolucionar, nacerá. De fríos nosotros llegaremos

a ser calientes, vibrantes; seremos tocados profundamente por nuestra

propia realidad.

Hoy sólo tenemos la ilusión de lo que nosotros somos. Nos

sobrestimamos a nosotros mismos. No nos respetamos a nosotros mismos.

Para respetarme a mí mismo, tengo que reconocer en mí una parte que

Es superior a las otras partes, y hacia la cual mostraré respeto por la

actitud que tenga hacia ella. De esta manera yo me respetaré a mí

mismo. Y mis relaciones con los otros serán reguladas por el mismo

respeto.

Tenemos que comprender que todas las otras unidades de medida:

talentos, erudición, cultura, genio, son unidades cambiantes,

unidades de detalle. La única y verdadera medida nunca cambia, es Objetiva, es

la única real, y es la medida de la visión interior. “Yo” veo, “Yo me

veo a mí mismo”, y ustedes se habrán medido. Con una parte superior,

real, ustedes habrán medido una parte inferior, también real. Y esa

medida, definirá por sí misma los respectivos roles de cada parte, y

aparecerá en ustedes el respeto por ustedes mismos.

Pero ustedes verán que no es fácil. Y que no es una

ganga. Uno tiene que pagar bastante. Para los malos pagadores, para los

perezosos, para los perdedores, no hay oportunidad alguna. Uno debe

pagar, pagar bastante, pagar inmediatamente y pagar por adelantado.

Pagar desde uno mismo, con esfuerzos sinceros, con entusiasmo, sin

expectativas. Lo más que ustedes voluntariamente paguen, sin

evasiva, sin trampas, sin falsedades, lo más que ustedes recibirán.

A partir de ese momento, ustedes encontrarán su verdadera naturaleza.

Y verán todos los trucos, todas las deshonestidades que utilizan para

evitar pagar de contado. Porque ustedes tendrán que pagar con todas

sus teorías gratuitas, con todas las convicciones profundamente

enraizadas, con todos los prejuicios, con todas las conveniencias,

con  todos sus “yo quiero esto” y “yo no quiero aquello”. Sin regateos,

honestamente, no con creencias. Traten de ver cuándo utilizan moneda

falsa.

Traten por un momento de aceptar la idea de que ustedes no son lo que

piensan que son, que se sobrestiman a ustedes mismos, y que por lo

tanto, se mienten a ustedes mismos. Que ustedes siempre se mienten a

ustedes mismos, a cada momento, a todo lo largo del día, durante la

totalidad de su vida. Que la mentira los regula hasta el extremo de

que ustedes no pueden controlarla nunca más. Ustedes son su víctima.

Ustedes mienten en todas partes. Sus relaciones con los otros,

mienten. La educación que ustedes están dando, sus hermosas

convicciones, mienten. Su erudición, miente. Sus teorías, su arte,

mienten. Su vida social, su vida familiar, todo miente. Y lo que

ustedes piensan de ustedes mismos, también miente. Pero ustedes no

detienen lo que están haciendo, ni lo que están diciendo, porque

ustedes creen en ustedes. Ustedes tienen que detenerse internamente y

observar. Observar sin prejuicios.

Y por mientras, acepten por un tiempo esta idea de la mentira. Y si

ustedes observan de esta manera, pagando por ustedes mismos, sin

autocompasión, por dar todas sus riquezas por un instante de

realidad, quizás algún día, ustedes verán repentinamente algo en ustedes que no

habían visto con anterioridad. Verán a otro diferente de lo que

ustedes pensaban que eran. Verán que ustedes son dos. Uno que no es, pero que toma el lugar y juega el rol del otro. Y el otro que es,

pero que es débil y tan inconsistente, que con sólo ponerlo al frente

desaparece inmediatamente. Éste no puede soportar la mentira. La

menor mentira lo mata. Éste no pelea, no resiste, es vencido por

adelantado.

Aprendan a mirarse hasta que ustedes hayan observado la diferencia

entre sus dos naturalezas, hasta que ustedes hayan visto la mentira,

el impostor en ustedes. Cuando ustedes lleguen a ver sus dos

naturalezas, ese día, en ustedes, la verdad habrá nacido.

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