La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

EL HOMBRE COMO MICROCOSMOS Rodney Collin

EL HOMBRE 
COMO MICROCOSMOS

Rodney Collin
CUARTO CAMINO

Esta entrada tiene por objetivo el estudio de Los Tipos de Hombres, iremos adentrándonos en diferentes tipologías y su significado. Las analogías con las glándulas endocrinas, los planetas, los órganos receptores de vibraciones, tiempos interiores y cósmicos así como el desarrollo de los estados de Consciencia más elevados nos reporta un arco iris de posibilidades que conviene saber diferenciar.

I  Los siete sistemas y sus reguladores: 
Cuando tratamos de imaginar el cuerpo largo del sistema solar, las cubiertas o hilos entrelazados formados por el trazo de los planetas nos evocaron el recorrido de los varios sistemas del cuerpo humano (esquelético, linfático, arterial, nervioso, etc.), los cuales parecían estar constituidos y reunidos de modo semejante.
La asociación no era accidental. Mientras más estudiamos estos sistemas, más nos parece que en efecto son exactamente análogos, que son redes distribuidoras que se destinan a transportar energías de tensiones diferentes.
La estructura humana consta de siete u ocho sistemas que se pueden reconocer, sostenidos por una armazón esquelética y reunidos en un todo sólido merced al tejido conectivo. Estos sistemas están unidos y armonizados por la acción vivificante del corazón, del que depende la existencia del organismo como individuo.
Cada sistema abarca al cuerpo entero, y sobre cada uno parece gobernar una de las glándulas de secreción interna, colocadas en lugares particulares, en calidad de reguladoras y transformadoras. La glándula transforma la energía vital general producida por el organismo y que obtiene de los alimentos, el aire, la luz, etc., a la tensión requerida por su propio sistema y función.
Además, esta séptuple disposición de las funciones humanas se deberá ver sujeta a tres controles nerviosos diferentes que interactúan entre sí –el cerebro-espinal, que produce funciones concientes, el simpático, que estimula funciones inconcientes o instintivas, y el parasimpático o vago, al que se atribuye el frenamiento de estas funciones instintivas y que, por lo tanto, actúa como complemento del último–. Esto nos sugiere un control para soltar impulsos nerviosos activos, otro para soltar impulsos nerviosos pasivos y un tercero para 
soltar los impulsos mediadores de pensamiento, razón o conciencia.Tenemos, en verdad, muchas razones para suponer que estos tres controles nerviosos representan la ley de tres fuerzas en el cuerpo humano, así como las glándulas endocrinas y sus productos reflejan la ley universal de octavas. Es precisamente esta sujeción de una mezcla siempre cambiante de siete ingredientes sometida a un control nervioso también en continuo cambio lo que hace que el mecanismo humano sea una imagen de todos los demás cosmos.
Al mismo tiempo, esta combinación crea un modelo tan sutil que su manifestación puede analizarse en cien maneras diferentes, todas certeras y todas falaces. Por ejemplo, sería sencillo decir que los nervios, como agentes de la ley de tres, controlan las glándulas como agentes de la ley de octavas, pues aparte de controlar los sistemas glandulares, los nervios mismos constituyen tales sistemas, siendo controlados a su vez -tal como el sistema solar, donde cada planetas actúa ya sea como fuerza mediadora de acuerdo con la ley de tres, ya sea como una sola nota en concordancia con la ley de octavas.
En otras palabras, las tres fuerzas y los siete aspectos son diferentes modos de ver un mismo fenómeno. Con nuestras mentes ordinarias no somos capaces de comprender la operación de los dos principios a la vez, así como el ojo humano no puede simultáneamente enfocarse sobre la superficie de un espejo y sobre los objetos distantes que se reflejan en el espejo. Si fuéramos capaces de comprender la ley de tres y la ley de octavas de modo simultáneo deberíamos comprender el sistema solar o el mismo organismo humano. No podemos simplificar mentalmente la interacción de estas dos leyes, puesto que un cosmos viviente es el modelo más sencillo de su unión.
Por la misma razón, nunca podemos tener verdadero éxito al separarlas, ni ningún intento de describir con detalle –digamos, en el cuerpo humano– la operación de una ley, primero, y después, la de la otra, puede ser lógicamente satisfactorio. Las dos explicaciones parecerán traslaparse siempre y siempre parecerán contradictorias o incongruentes a la mente lógica.
De cualquier manera tenemos que intentar una aclaración. Principiemos desde el punto de vista de la ley de octavas. Cada uno de los varios sistemas y su glándula directriz se consideran, ahora, que dotan al hombre de un conjunto especial de cualidades y capacidades. Merced al sistema esquelético es una criatura erecta y articulada, gracias al sistema linfático puede digerir y asimilar, gracias al sistema respiratorio, respira, gracias al arterial se calienta por sí mismo, gracias al cerebro-espinal ve, piensa y actúa y mediante otro sistema todavía está sujeto a la emoción y la conciencia. De hecho, estos sistemas constituyen dentro del hombre los reinos de la Naturaleza.
Volviendo a nuestra analogía eléctrica encontramos que las energías usadas en los diferentes sistemas o circuitos varían tanto en tensión como en cantidad de corriente. En el sistema linfático, por ejemplo, la cantidad de corriente es muy alta y constante pero la tensión es extremadamente baja. El canal linfático central de una vaca, cuando se le ha punzado, produce 95 litros de linfa por día, pero esta sustancia es tan diluida y de acción tan moderada, que sólo en estas cantidades puede rendir el trabajo relativamente sencillo de distribuir las materias alimenticias. En otras palabras, el amperaje es alto, pero es muy bajo el voltaje.
Se contrasta este hecho con la energía que manifiestan en el hombre las emociones de temor religioso, amor, odio extremo y otras similares. En este caso la corriente es tan pequeña que pueden pasar semanas, meses y aun años sin que un hombre pueda percatarse más que de un escurrimiento ocasional e insignificante. Por otra parte, cuando se puede lograr la energía transformada en esta forma, su poder es enorme: puede impelirlo a establecer una orden monástica o a cometer un asesinato. El amperaje es bajo, pero extraordinariamente alto el voltaje.
Ahora bien, estando de acuerdo en que estas diferentes glándulas dan muchas señales de ser adaptadores o transformadores de la energía general creada por el organismo, ¿cuál es la relación que existe entre ellas? ¿Es que están dispuestas en un orden definido? ¿Podemos descubrir una escala general de sus tensiones? Una sugestión inesperada inspira su disposición. Si, tomando el corazón como centro, trazamos un diagrama esquemático del cuerpo humano en donde estén marcadas las varias glándulas, encontraremos que todas descansan sobre una espiral logarítmica regular, semejante a la que representa las líneas de fuerza o de crecimiento en muchos fenómenos naturales.* Así como el sistema solar aparecía como una espiral de planetas en expansión, así el cuerpo humano da ahora la impresión de una espiral de funciones que se expanden.
El sol y fuente de esta espiral es el corazón. Desde ahí se desdobla a través del timo y del páncreas, de la glándula tiroides y las paratiroides, del plexo solar donde tienen efecto las suprarrenales, de la pituitaria anterior y posterior y en su circunvolución final, a través de las glándulas sexuales hasta el cuerpo pineal, la última y más avanzada posibilidad del organismo.
Si retrocedemos hasta la diferenciación primordial del embrión humano en tres cubiertas germinales durante la primera quincena de su existencia, podemos ver efectivamente esta espiral en su forma originaria. Las capas germinales que se desarrollan de la primera multiplicación de las células se enrollan unas sobre las otras. De la capa germinal que forma la bobina interna (ectodermo) se desarrollan las funciones conectadas con las tres glándulas mencionadas en primer término, a saber: el crecimiento, la digestión y la respiración; de la que forma la bobina intermedia (mesodermo) se desarrollan las funciones conectadas con las tres siguientes, o sea, la circulación de la sangre, el movimiento voluntario y el involuntario; de la capa germinal que forma la bobina externa (ectodermo) se desarrollan las funciones conectadas con las tres  últimas, esto es, mente, emoción y reproducción.
Si añadimos a este orden lo que sabemos acerca de las funciones de las diferentes glándulas, de los sistemas por ellas controlados, de sus elementos clave y de su aparente correspondencia con los planetas, obtenemos la tabla siguiente:
Las funciones controladas por las glándulas dan, en este orden, la fuerte impresión de estar graduadas de lo tosco a lo fino, de lo material a lo inmaterial. Todas las funciones que estamos acostumbrados a considerar como físicas se sitúan hacia el principio, aquellas que apreciamos como psíquicas, hacia el final. Traduciendo esto a nuestra terminología eléctrica, podríamos decir que por la evidencia de su producción, los transformadores parecen estar dispuestos en orden creciente de voltaje y en orden decreciente de amperaje.
Más aún, este orden hace eco en forma sorprendente a la disposición de los planetas en el sistema solar, pero con la secuencia de tensiones a la inversa. Lo que está más cerca del centro es el sistema solar más pequeño, más fino y de mayor presión; pero más grande, más grueso y de menor presión en lo humano. En el primer caso el amperaje aumenta hacia la circunferencia, en el segundo, el voltaje. Esto parece extraño hasta que recordamos, con referencia a la radiodifusión, la idea obvia de que el alcance del receptor está en proporción inversa a la potencia de la estación emisora.
Y en este punto empieza a sernos evidente la inmensa significación de la correspondencia entre estos dos sistemas de transformadores. Las glándulas endocrinas son precisamente esos receptores de influencias planetarias cuya existencia supusimos con anterioridad. 
Quizá sería más exacto decir que la intrincada antena de los grandes plexos nerviosos (el cervical, el cardiaco, el solar, el lumbar y el sacro) constituyen el aparato sensitivo para tal transmisión planetaria, mientras que las glándulas endocrinas a través de las cuales ésta se produce, como un altavoz o una pantalla de televisión, suministran el mecanismo por medio del cual tales impulsos invisibles se manifiestan como movimiento o acción físicos. En todo caso, las glándulas, de acuerdo con su distancia del corazón, obedecen a la misma ley, del modo como los planetas lo hacen de acuerdo con su distancia del Sol. Creados bajo el mismo diseño, uno responde al otro. Y cada glándula se revela como un instrumento sensible que no sólo transforma energía humana en la tensión requerida por su función, sino que está sintonizada a un instrumento análogo en una escala cósmica, a cuyo gobierno obedece. 

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