La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

lA REALIDAD DEL SER

L A META DE MI ESFUERZO

Estamos divididos entre un movimiento de interiorización, de regreso
a nosotros mismos, a nuestra naturaleza esencial, y un movimiento
hacia el exterior. Estamos ocupados, a veces con uno, a veces
con el otro, y no logramos vivir los dos simultáneamente. Esto se vuelve
una suerte de oposición y nos pasamos toda nuestra vida buscando
una forma de vivir en la que esa tensión pueda ser resuelta. Necesitamos
sentir esa contradicción, darle toda su importancia. Nos hace falta
una nueva manera de abordar este problema que no ponga en peligro
la totalidad de nuestro ser. Nos hace falta encontrar el camino hacia
una posible unidad. Una unidad que englobe todos los centros y funciones
de nuestro ser en un movimiento al servicio de la fuerza de vida
única, un movimiento de interiorización para que esta fuerza pueda
actuar a través de ellos en un movimiento hacia el exterior. Esto quiere
decir que de esos dos aspectos algo es asumido, algo es reconocido.
Ellos son indispensables el uno para el otro. Esta fuerza de vida no
puede actuar sin mí; y por mi parte debo renunciar a toda pretensión
de ser algo independiente, por mi mismo, sin esa vida.
Siempre estamos centrados por una fuerza que nos impulsa a una
realización. Pero esa fuerza y esa realización tienen un sentido diferente
dependiendo del yo del que se trate. Para encarar la vida, es la
fuerza del yo la que me impulsa, y siento mi vida como una red de
relaciones vistas desde un centro. Yo siento ese centro: soy yo. Llamo

yo a ese centro, y es desde allí desde donde pienso y siento. Todo el
espacio está tomado por mi noción habitual de yo que regresa incluso
en mis mejores momentos de trabajo. Es siempre una sola parte de
mi mismo la que reclama; a veces mi cabeza, a veces mi emoción,
hasta puede ser mi cuerpo, pero nunca juntos para actuar. No hay un
sentido del todo.
Estar centrado significa renunciar. Cada parte del todo debe renunciar
a la pretensión de querer, ver y dirigir el todo; es decir, renunciar a una
pretensión de ser el todo. Como si me sometiera a un orden más grande
que yo, un orden de una escala cósmica. Y para permitir que ese movimiento
se haga en mí es necesario que todas mis partes acepten servirle,
acepten permanecer voluntariamente pasivas delante de él. Mi plexo y
mi cabeza se relajan profundamente. La energía no se fija, permanece
en movimiento. Siento su movimiento de descenso hacia su fuente, como
si ella necesitara recentrarse antes de volver a subir a alimentar los otros
centros. Es un movimiento constante de circulación, de equilibrio, de
relación. Para esto necesito de mis funciones, pero no de cualquier funcionamiento
que produzca un obstáculo. Necesito de mi pensar, pero no
de pensamientos, palabras e imágenes que retienen la energía pura del
pensamiento y lo vuelven pasivo. Necesito de mi sentimiento, pero no
de un sentimiento sometido por una imagen a la cual está pasivamente
apegado. Necesito de un cuerpo sin ninguna tensión, inmóvil, pasivo,
que no retenga la energía en ningún lugar. Veo que necesito de la ayuda
de mis funciones; sin esto, esas funciones llegarán a ser un obstáculo
infranqueable. No me puedo abrir a la Presencia sin ellas.
En mi estado habitual, esa energía en movimiento que llamamos
atención no es voluntaria. Tiene una calidad muy baja, sin poder, y
fluye pasivamente hacia el exterior. Mi atención tiene la posibilidad
de transformarse, de adquirir una calidad más pura al mantenerse en
una dirección que reconozco como necesaria. El movimiento de mi
energía cambia. En lugar de ir hacia fuera, por la fuerza de mi atención
activamente vuelta hacia adentro, la energía se concentra hasta formar
el centro de gravedad de mi Presencia. Todo mi trabajo, todo mi es-
fuerzo, consististe en mantener esa dirección: mantener un cuerpo tan
relajado, tan suelto, que la energía no pueda salir; mantener un pensamiento
vigilante, vuelto hacia mí, que controle con su presencia la
inmovilidad de mi cuerpo; mantener el sentimiento de lo que quiere
ser reconocido, de lo que está aquí. Es un esfuerzo de atención que
viene de todas las partes de mí mismo para purificarse y así concentrarse
sobre mí. Descubro un trabajo de mis funciones que es diferente
de su trabajo pasivo habitual; un trabajo donde ellas son llamadas a
obedecer al movimiento de mi atención.
Toda mi lucha, la meta de mi esfuerzo, es alcanzar una cierta unidad.
Para conocer un estado más consciente, trato de equilibrar mis
centros; los vínculos entre las diferentes partes de mi Presencia son
mantenidos por la atención que se despierta. Mis partes deben aprender
a trabajar juntas en la misma dirección, a ocuparse de la misma
meta, la de recibir la misma impresión. Veo que esta visión, mi comprensión
de las cosas, mi inteligencia, depende de ese estado de Presencia.
Cuando estoy totalmente atento a esa Presencia, siento la vida
en ella, una vida misteriosa que me relaciona con todo lo viviente del
mundo. Mi visión de mí mismo está relacionada con el todo.

LA REALIDAD DEL SER VI

Una respuesta

  1. Daniel

    La llave se esta activando!

    15 septiembre, 2014 en 15:11

Responder

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