La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

EL TRABAJO EN LA CALMA – N o r a S a b a t e r

Intensivos consejos  para la ampliación de la consciencia al levantarse, preparatorios para el recuerdo de Sí.

Alex_Grey-Ecstacy

Trabajo en calma y sensación de uno mismo
Este ejercicio  debe practicarse todos los días, preferentemente por la mañana,
tan pronto como sea posible después de levantarse. Es el «trabajo en calma». Antes de
comenzar el ejercicio propiamente dicho, es útil prepararse durante unos días de la
manera siguiente:
Antes de levantarse por la mañana, uno ha de concentrarse en su cuerpo y debe intentar
ser consciente de todas las sensaciones que se presentan. Hay que dejar que la atención
se pasee por cada parte del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Uno debe notar de
qué partes del cuerpo es consciente, y con qué claridad e intensidad. Hay que notar todas
las partes que parecen calientes o frías, los pequeños dolores o tensiones musculares
inútiles. Cuando uno se da cuenta de ellas, hay que dejarlas por el momento, sin intentar
relajarse prematuramente. En principio, hay que llegar a ser consciente de las situaciones
y de sus límites precisos.
Una vez levantado, durante el aseo, hay que intentar mantenerse consciente de las
sensaciones espontáneas del cuerpo: ¿es más fácil sentir las sensaciones de una parte
del cuerpo cuando se está en movimiento o cuando se está en reposo? A medida que
uno se vuelve cada vez más consciente de las diferentes sensaciones y movimientos del
cuerpo, se debe comenzar a notar si se encuentran combinaciones entre las diferentes
sensaciones y tensiones, es decir, los acontecimientos que van juntos, que
aparentemente forman un todo que se siente al mismo tiempo.
Se debe notar igualmente si, de tiempo en tiempo, uno retiene el aliento o incluso deja de
respirar durante un tiempo más o menos corto, y si se acompaña de alguna sensación o
tensión especial. ¿Existe una relación entre las modificaciones del ritmo respiratorio y la
mirada? ¿Cuándo se esfuerza en escuchar, en oír mejor? ¿Cuándo se experimenta
alguna sensación insólita en la piel? ¿Qué otras combinaciones de sensaciones
descubre?
Tras realizar correctamente tal preparación, se pasa al ejercicio propiamente dicho, la
sensación del cuerpo o de uno mismo. Debe ejecutarse, de ser posible, un par de veces
al día, después de levantarse y antes de acostarse.
Hay que sentarse bien derecho, sobre una silla dura, con la espalda recta, los pies
descansando firmemente sobre el suelo, juntos, y las palmas de las manos sobre los
muslos, tan cerca de las rodillas como sea posible. Los dedos deben dirigirse hacia
adelante, pero no han de permanecer rígidos; el índice, paralelo al muslo, y los otros
dedos, colocados sin tensión a cada lado. La cabeza debe estar en equilibrio sobre la
columna vertebral, erguida, pero sin tensión ni rigideces. Cuando uno comienza el
ejercicio, un cojín colocado entre la espalda y la silla ayuda a sostener la columna
vertebral bien recta. El cuerpo debe permanecer distendido, sin caerse de la silla, y el
espíritu debe tranquilizarse. La mirada debe dirigirse hacia delante, y replegarse el
mentón hacia el cuello, pero sin tensión alguna.
A continuación, se cierran los ojos. Se relajan todos los músculos en la medida de lo
posible, comenzando por los pequeños músculos faciales. Es más fácil si los ojos,
cerrados tras los párpados, miran hacia abajo.
Cuando uno está seguro de que todos los músculos del cuerpo se han relajado por
completo, hay que verificar aún el estado de los músculos faciales, del cuello, de los
hombros y del resto de las articulaciones. Entonces hay que dirigir toda la atención sobre
el brazo derecho. Uno llega a ser consciente del brazo entero, desde la punta de los
dedos hasta el hombro. Hay que tomarse el tiempo necesario, asegurarse bien de que se
experimenta en efecto, en esa parte del cuerpo, una sensación a la cual no se está
habituado. Se sabe que uno tiene un brazo derecho fijando la atención en el brazo. A
partir de que uno es consciente del brazo derecho, hay que retirar súbita y
completamente la atención, y llevarla sobre la pierna derecha: se es consciente de la
pierna entera, desde la punta de los dedos hasta el muslo y la ingle derecha.
En la medida de lo posible, hay que llegar a «ser» la pierna derecha. No hay que permitir
que nada coexista con ella en el consciente. No se debe tener prisa, pero una vez
consciente de la sensación de toda la pierna, se debe retirar una vez más la atención y
fijarla, de la misma manera, sobre la pierna izquierda. Después, cuando uno está
preparado, hay que retirar la atención de la pierna y llevarla al brazo izquierdo, y cuando
se haya conseguido, decirse interiormente, en silencio y con convicción: «sé que estoy
aquí».
De nuevo se repite el proceso, pero esta vez intentando conservar la sensación en cada
miembro tanto tiempo como sea posible.
Nunca hay que permitir que desaparezca la sensación en contra de la voluntad. Esta
segunda vez es, a menudo, más fácil que la primera y se tiene la consciencia de una
cierta sensación en cada miembro. La sensación experimentada se expresa de manera
diferente de una persona a otra.
Una vez más, hay que efectuar el recorrido completo del ciclo, es decir, brazo derecho,
pierna derecha, pierna izquierda, brazo izquierdo, y llevar entonces la atención sobre el
resto del cuerpo, desde los órganos sexuales hasta la cabeza, esforzándose en mantener
esta sensación del cuerpo entero durante tanto tiempo como sea posible. Después, hay
que retirarla completamente antes de que desaparezca por ella misma. Cuando se haya
conseguido, hay que decirse de nuevo interiormente y con una gran convicción: «siento
que soy ahora». Durante ambas veces, pasando de una parte del cuerpo a la siguiente,
se retira la atención de la parte sentida y, entonces, se cesa de sentir. En la tercera y
última vez hace falta el esfuerzo de no perder la sensación de las diferentes partes del
cuerpo pasando de una parte a otra. Es decir, cuando se efectúa el repaso, no hay que
retirar toda la atención, sino que hay que guardar la atención suficiente para continuar
sintiendo la parte «abandonada» hasta el final del ejercicio. De esta manera, cuando se
efectúa el proceso completo del cuerpo, la persona es consciente al mismo tiempo de la
sensación de cada parte del cuerpo y del cuerpo como un todo. Hay que guardar esta
sensación global el máximo tiempo antes de retirar la atención y terminar el ejercicio.
La tercera y última vez se efectúa de la manera siguiente:
Se dirige la atención sobre el pulgar de la mano derecha, y si es posible, hay que llegar a
ser consciente incluso de su uña; después, sobre el índice y, uno tras otro, sobre el resto
de los dedos de la mano. Entonces, hay que dejar una parte de la atención en los dedos y
pasar a la palma, después, al dorso de la mano, y de ahí, al puño. Se continúa guardando
una parte de la atención en cada parte abandonada a medida que se sube a lo largo del
brazo: antebrazo, codo, brazo, hombro y axila. La persona debe ser consciente, en ese
momento, del entero brazo derecho, desde las uñas hasta la punta del hombro y la axila.
Después, hay que enfocar la atención progresivamente en sentido inverso, es decir,
comenzando por el hombro y terminando por los dedos. Una vez que se ha retirado
completamente la atención del brazo, hay que reemplazarla de golpe por la atención al
brazo entero y continuar siendo consciente de la sensación de este brazo, mientras uno
continúa el ejercicio efectuando el mismo proceso para el resto de miembros (pierna
derecha, pierna izquierda, brazo izquierdo).
Se continúa probando la sensación en los cuatro miembros, y se fija la atención sobre los
órganos sexuales externos e internos. En ese momento, se avanza desde lo bajo hacia lo
alto del cuerpo subiendo por la columna vertebral y sintiendo el recorrido en cada nivel
sucesivo: espalda, costados, vientre, pecho, cuello y, al final, la cabeza.
En relación a la cabeza, se empieza por la sensación del mentón, el labio inferior, las
encías y los dientes de la parte inferior, la lengua, el paladar y el interior de la boca, las
encías y los dientes de la parte superior, el labio superior, la mejilla derecha, la mejilla
izquierda, la nariz, el ojo derecho, el ojo izquierdo y la frente. Llegados a este punto, se
siente la cara por entero, como una máscara. Se pasa a la frente, el cuero cabelludo, la
oreja derecha, la oreja izquierda y la nuca. Se retiene la sensación del cuerpo entero
(extremidades, tronco, cuello y cabeza) durante tanto tiempo como sea posible. Entonces,
antes de retirar la atención del cuerpo, uno se dice a sí mismo de la misma forma que en
procesos anteriores: «aquí, ahora, yo soy». Una vez acabado el ejercicio de sensación
corporal, hay que ser consciente de que uno mismo es quien ha realizado el esfuerzo de
dirigir la atención sobre su cuerpo por propia voluntad. Hay que estar seguro de
acordarse siempre que ninguna otra persona puede dirigir el cuerpo de uno ni controlar la
propia atención. Sólo uno mismo, el yo, es capaz de hacerlo.
En tal estado de saber, de sentir el yo que reacciona, es cuando verdaderamente se
comienza a experimentar, a ser consciente. Esto se llama «recordarse a uno mismo»,
«ser consciente de uno mismo», «presencia de uno mismo» o «sensación de uno
mismo». Este estado es muy especial, y cuando la persona llega con éxito a probarlo, a
sentirlo, tal estado se puede reconocer en el futuro por su «gusto» particular y singular.
Hay que hacer el esfuerzo de acordarse de dicho gusto para ser capaz de conectarlo, a
voluntad, todas las veces que uno se olvida de querer estar en ese estado.
El esfuerzo de practicar el ejercicio para llegar a ser consciente de la sensación del
cuerpo, y no olvidarse de hacerlo, el «trabajo en calma», procura un beneficio
inestimable, según el pensador, cuyo valor es indecible y múltiple. Al principio, es
imposible obtener la sensación corporal sin un esfuerzo consciente. La sensación
«normal» nunca es mecánica, como lo son el dolor u otras molestias. El sobreesfuerzo
consciente implica la voluntad y le permite a uno adquirirla con esta disciplina, como hace
un faquir, pero ignorando las restantes posibilidades de desarrollo de los centros
emocional y del pensamiento. Gurdjieff opina que uno de los puntos importantes de este
ejercicio tiende a que uno se separe constante e inconscientemente de la sensación de
sueño agradable. Ello impide ejecutar el ejercicio de forma correcta, es decir,
conscientemente, ya que desde que la atención es captada por un sueño, la persona
comienza a imaginar que continúa trabajando, aunque en realidad no lo está haciendo. El
sueño inconsciente constituye un proceso inútil y no conduce al desarrollo de uno mismo.
Otra circunstancia a evitar mientras se está practicando el ejercicio son los pensamientos
que distraen la atención y la concentración sobre el cuerpo y sus sensaciones. En ese
caso, hay que decirse a uno mismo: «detente, déjame hacer mi trabajo ahora y te dejaré
hacer lo que quieras más tarde». Lo esencial de este ejercicio es no permitir que los
pensamientos se ocupen de otra cosa más que de la experiencia propia de la sensación
del cuerpo:
Experimentar una sensación no es lo mismo que percibir un sentimiento o emoción, pensar
o saber. La persona piensa y conoce con su espíritu mental o intelectual, la persona siente
con las pasiones, emociones y sentimientos, pero contacta con el mundo a través de los
sentidos, internos y externos. Se puede decir que estos tres tipos diferentes de experiencia
tienen lugar gracias a tres centros distintos: el centro activo, el centro pensador y el centro
emocional, sentimental y pasional. Para realizar el esfuerzo de sentir; es necesario que la
persona se encuentre tranquila, el cuerpo distendido, y el espíritu en reposo. Ninguna parte
del cuerpo debe estar rígida ni crispada. Para ello, hay que fijarse en los músculos faciales,
ya que a menudo, cuando se hace un esfuerzo cualquiera, las cejas se contraen y la frente
se arruga. No se debe permitir que ello se produzca, sino que hay que relajar los músculos
sin la función inmediata de mantener el cuerpo en la posición deseada.
Puede ser de ayuda repetirse, silenciosa e interiormente, la orden de que la atención se
pose sobre las diferentes partes del cuerpo; por lo menos, al principio, ello facilita seguir el
orden correcto de progresión de la consciencia de sensación corporal. Esto impide también,
en gran medida, que aparezca un estado de sueño. Si al realizar el ejercicio uno nota que
va a dormirse o tiene sensación de somnolencia, hay que caminar dos o tres veces
alrededor del asiento y recomenzar.
Algunas personas sienten su cuerpo más fácilmente si dirigen sus ojos hacia la parte
sobre la cual se centra la atención, y así llegan a ser conscientes de la sensación, o bien
imaginan (visualizan) esta parte mentalmente. Esto es de mucha ayuda, sobre todo
cuando se comienza a practicar el ejercicio de trabajo en calma; pero no es preciso que la
cabeza se incline o se desplace de su posición de equilibrio sobre la columna vertebral.
Según Gurdjieff, es necesario comprender que la finalidad del ejercicio consiste en llegar
a ser consciente de la sensación corporal normal, siempre presente en el cuerpo. Éste no
es un ejercicio de visualización-imaginación, y no hay que desviarse de ese fin; ser capaz
de visualizar de una manera fácil y conveniente constituye una ventaja en todo trabajo
interior.
El ejercicio de recordarse a uno mismo comienza con el empleo intencionado de la
facultad de dirigir, a voluntad, la atención de uno mismo sobre una parte determinada del
cuerpo y, al mismo tiempo, de saber que «yo estoy» aquí para hacer precisamente eso, y
que lo hago ahora por «mí mismo», en el momento presente y actual, por «mi» propia
voluntad y al servicio de «mi» albedrío. Cuando se llega a tener éxito, incluso una sola
vez, entonces uno ya se encuentra en el camino de sentir y de «ser», no importa dónde ni
en qué momento; de saber que «soy».
Este objetivo no tiene por qué ser difícil de alcanzar. Fue Gurdjieff quien habló primero de
«recordarse a sí mismo» y quien señaló este olvido en el hombre, así como el primero en
proponer a sus alumnos ejercicios que permitían entrar en ese estado. Antes de Gurdjieff,
ningún psicólogo lo había remarcado, pero a partir de él, numerosas escuelas de
psicología y de esoterismo lo han adoptado, normalmente sin referencia alguna a
Gurdjieff.
Cuando una persona practica dicho ejercicio a menudo con el fin de adquirir una gran
facilidad por sentir, llegar a ser consciente y tener la sensación del cuerpo, debe realizar
el esfuerzo suplementario de alcanzar, al mismo tiempo, el estado de recordarse a sí
mismo durante todo el ejercicio.
Ese estado de tener consciencia de uno mismo simultáneamente a la consciencia de la
sensación del cuerpo, se denomina «estado de recogimiento». Hay que guardarlo el
máximo tiempo posible, sin dejar que la sensación corporal desaparezca ni disminuya
contra la voluntad de uno mismo. En el momento en que la sensación del cuerpo
comienza a debilitarse, hay que retirar la atención de la propia decisión. Se debe hacer
saber al cuerpo que es uno mismo el maestro, y no al revés:
Nunca hay que permitir a una voluntad cualquiera que prevalezca sobre nuestra voluntad.
La sumisión a la voluntad de otro sólo conduce a la perdición, y nunca a la consciencia
objetiva.
Cuando la persona ha adquirido el gusto de recordarse a sí misma y sabe cómo llegar
rápidamente a la consciencia de la sensación corporal, es decir, a entrar a voluntad en el
estado de recogimiento, se deben mantener los ojos abiertos durante todo el trabajo en
calma.

N o r a S a b a t e r, 

Pregúntale a Gurdjieff

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s