La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

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LA REALIDAD DEL SER JEANNE DE SALZMANN PDF

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El trabajo con la señora de Salzmann

S

Jeanne de Salzmann, al cumplir 100 años

El hombre tiene una función especial que otras criaturas no pueden cumplir. Puede servir a la Tierra al convertirse en un puente para ciertas energías superiores. Sin esto, la Tierra no puede vivir de la manera adecuada. Pero el hombre, tal como es por naturaleza, está incompleto. Para cumplir la función que le es propia necesita desarrollarse. Hay una parte en él que está insatisfecha con su vida. A través de las tradiciones religiosas o espirituales puede llegar a darse cuenta de lo que esa parte necesita. Jeanne de Salzmann

Un corazón sin medida 

Ravi Ravindra

Quedarse enfrente

…Reflexioné largo tiempo sobre lo que yo quería, pero no estaba claro para mí. ¿Cuál era mi

aspiración? Quiero saber si hay un propósito para mi existencia aquí en la tierra, saber lo que se pide de mí y tratar de realizarlo. Algo que está llegando a ser bien claro es que necesito cambiar radicalmente,

experimentar una metanoia, volverme hacia dentro, hacia lo que es real y esencial. ¿En cuál estadio de mi vida me habré vuelto tan viejo copio para tomarme el mundo tan en serio?

Mi llegada a París no pudo ser más inoportuna. A causa de un feriado religioso, todo estaba

cerrado, hasta la Maison. Empece a sentir mucha lástima de mí mismo por mi piala suerte. Pero es increíble cuan poco sabe uno lo que realmente es bueno para sí. Parece difícil permitir que las fuerzas ayuden. Yo siempre intervengo, pensando que sé más. En realidad las vacaciones terminaron pueden ser de gran ayuda: pude ver a la señora de Salzmann en seguida ya que no estaba tan ocupada como de costumbre con las reuniones y otras actividades en la Maison.

La señora de Salzmann parecía contenta del esfuerzo que había hecho sólo en llegar hasta allí y en tratar de aprender algo de francés. Le interesó el hecho de que antes de ir a verla había estado en la Alianza Francesa y me había matriculado para cuatro horas diarias de francés. Me dijo: “\Me doy cuenta de cómo hace usted las cosas”. Ahora que sabía que no hablaba francés, me dijo que en las reuniones podría preguntar en inglés.

Tres días después de haber llegado a París recibí un telegrama que la señora de Salzmann me

había enviado a Canadá y que me había sido remitido desde allá. Decía: “Si usted no habla francés, será difícil. Venga por unos pocos días y veremos. Afectuosamente, Jeanne de Salzmann”. Menos mal que nunca recibí ese telegrama antes de viajar.

Había llegado a París con toda clase de reservas. La gente en Nueva York me había dicho que

los franceses no eran nada cálidos con los extranjeros. Esa no ha sido mi experiencia. Ni ha sido así en mis viajes anteriores. He recibido mucho más de lo que me hubiera atrevido a esperar o a imaginar. La señora de Salzmann me recomendó que participara en todo: las clases de movimientos, las reuniones de grupo, las sesiones de meditación. Me sugirió que me reuniera con toda la gente mayor en el Trabajo.

Además, quería verme ella misma a menudo.

Almorcé con la señora de Salzmann y con Michel al día siguiente. Me impresionó el hecho de

que ella comiera muy liviano. Hablamos acerca de muchas cosas, incluso de Krishnamurti, a quien ella apreciaba mucho y consideraba un ser humano excepcional. Le dije que a mí Krishnamurti me resultaba demasiado santo. Y que lo que me había interesado de la enseñanza de Gurdjieff era que él incluía todo, hasta el Diablo.

Hay algo tan enteramente razonable, normal y digno de amor en la señora de Salzmann!

Desborda de amor, pero no hay en ello nada sentimental. Tiene un enorme sentido común y tiene sitio para todo y para todos -en su debido lugar-. Krishnamurti, en cambio -indudablemente un ser muy elevado- parecía tan correcto, tan bueno, casi un santo. Para él, era obviamente cuestión de principio insistir en que los procesos deben ser excluidos, en que las tradiciones no son sino trampas, en que el pensamiento en todos los niveles engendra miedo, en que uno no debe tener nada que ver “con dinero, sexo y todo eso”. Le conté a la señora de Salzmann sobre una conversación que tuve con Krishnamurti.

Yo le había dicho a él que de la misma manera que un buzo necesita ser lastrado con algún material pesado para poder llegar más profundo en el océano, él debería usar un cinturón de plomo a fin de bajar hasta nuestro nivel; de lo contrario, su extrema liviandad le impide ponerse en contacto con nosotros, en la Tierra. El me preguntó: “¿Qué quiere usted decir? ¿A qué tipo de cinturón se refiere? Y yo le contesté: “Krisnaji… un poquito de carne y de sexo”.

Le pareció graciosa mi observación, pero se negó a entrar en esa discusión y me dijo: “Usted es demasiado inteligente para su propio bien”.

La señora de Salzmann fue generosa como siempre al decir: “Usted puede darse cuenta de la

libertad interior que tiene Krishnamurti. Pero él no tiene una ciencia del ser. El señor Gurdjieff nos trajo una ciencia del ser”.

Delante de la señora de Salzmann, Michel dijo: “Por lo que a mí concierne, el mejor consejo que puedo darle es quedarse en el darshana de mi madre tanto como le sea posible”. Me impresionó su uso de esa palabra en sánscrito, comúnmente usada y comprendida en la India. Me estaba recomendando permanecer bajo su mirada, en su presencia, ponerme bajo su amparo.

Después del almuerzo, la señora de Salzmann y Michel encendieron sus cigarrillos. Ella me

ofreció uno, pero yo le dije que no fumaba. Con una mirada de lo más malvada y traviesa, me preguntó:

“Y usted, monsieur, cuál es su debilidad?”

En mi rechazo del cigarrillo debió haber algún sentimiento de “soy-más-santo-que-tú”. Su

sonrisa podría haber desconcertado al más pío de los santos. Me reí y le pregunté si debía hacer un catálogo de mis pecados. No era más que una broma bienintencionada. Me ofrecí para cualquier tarea que hiciera falta: lavar los platos, escribir a máquina… lo que fuera. Michel dijo que encontraría algo para mí.

Más tarde, de vuelta en el lugar donde estaba alojado, resolví fumar de vez en cuando. A pesar de lo mucho que detestaba el cigarrillo, estoy seguro de que sería peor ser un santurrón.

La señora de Salzmann me preguntó sobre qué estaba trabajando. Ya lo había hecho antes. Le

dije que estaba tratando de observar mi respiración y también de hacer algunos ejercicios respiratorios regularmente. Me pidió que le mostrara esos ejercicios. Lo hice. Cuando le pregunté si era deseable continuar con ellos, me dijo: “No lo llevarán muy lejos, pero no le harán ningún daño. Si los encuentra útiles, hágalos”.

Le dije que deseaba comprender de manera concreta las grandes ideas del Trabajo. Las conozco, pero no conozco la realidad que está directamente tras ellas. Me sorprendí hasta cierto punto oyéndome decir: “Je ne les conais pas directement, immediatement.” (No las conozco de manera directa, de manera inmediata).

Le dije que algunas veces, en la enseñanza o en la reunión de grupo, vuelvo a la vida, y a

menudo me sorprendo por lo que digo. Me dijo: “Es necesario tener esa relación. En esas situaciones, ella establece la conexión”.

“Las ideas son necesarias. Durante años, el señor Gurdjieff trabajó sobre las ideas con

Ouspensky. En un momento dado, cambió hacia el trabajo directo. Ouspensky seguía queriendo ideas y explicaciones y Gurdjieff se negaba. Esa es la razón en parte de que Ouspensky se alejara. Es necesario ahora trabajar directamente a fin de conectar la mente y el cuerpo”.

Esto es algo sobre lo que ella ha estado insistiendo y yo debo tratar de comprenderlo en la

experiencia. Ella dijo: “No puedo hacerlo pero tengo que tratar. Si no se hace una conexión, quédese enfrente de la falta de conexión. Es necesario conocer esta carencia. Yo no puedo hacerlo, pero puede hacerse en mí. Y tengo un papel que desempeñar”.

“La Tierra está en intercambio con niveles más altos de existencia. Para esto se requiere de un

instrumento. La humanidad es ese instrumento. Este intercambio no es automático; requiere trabajo”.

En una reunión de grupo la señora de Salzmann puso gran énfasis en la participación activa.

Sentí claramente que esto era muy importante. Veo mi enorme pasividad. Actúo como si yo no tuviera ninguna responsabilidad real por mi propia evolución, como si fuera una cuestión de gracia que tengo de alguna manera garantizada. Ella dijo que el señor Gurdjieff había traído una ciencia del ser, pero veo que algo en mí no acepta el hecho de que hay leyes exactas de evolución espiritual. Sigo soñando y esperando que la ley no se aplique a mí, de que pueda ganarme una lotería espiritual y despertarme en un nivel más alto.

Tengo una imagen recurrente de la señora de Salzmann exhortando, cuestionando. ¿Se trata de mi propia conciencia?, ¿de mi otro yo? Aparte de tener una sensación más clara de mi cuerpo, me parece que nada cambia, que nada sucede, que nada se hace. Paso la mayor parte de mi vida en una especie de somnolencia en la que nada está claro y nadie se distingue nítidamente. Es como si no estuviera vivo para nada ni para nadie, ni siquiera para mí mismo. Tengo el sentimiento definido de que nada cambiaría en mí, ni siquiera si alguien muy cercano muriera. Sin duda que me dolería. Expresaría un duelo y todo eso, pero no habría un cambio radical. El asunto es que frente a la muerte o frente a la vida, al éxito o al fracaso, no me siento realmente vivo y presente al momento. No estoy conectado con lo que está sucediendo. Es como si todo esto le sucediera a otro. El hecho de ser una criatura mortal que lenta, pero inevitablemente está muriendo, no parece impresionarme. Soy como un hombre borracho que pasa frente a alguien que grita pidiendo socorro; el hombre se detiene por un momento, siguiendo cierto reflejo, y mira fijamente el origen de aquel sonido, sin comprender; entonces, se queda allí o sigue su camino, sin saber lo que está haciendo, ni por qué lo hace.

Pareciera que no tengo idea de cómo hacer un esfuerzo. Todo lo que aprendo de cualquier

esfuerzo es que no soy capaz de hacer un esfuerzo. Actúo como si me pareciera muy bueno que otro viniera y tomara el mando y la responsabilidad de mi vida. ¿Quién lo haría?, ¿por qué? Además, ¿dejaría yo que alguien lo hiciera?, ¿soy capaz de seguir instrucciones?, ¿de obedecer?, ¿dejaré que algo venga a perturbar mi comodidad?

Durante una reunión de grupo en Nueva York, la señora de Salzmann me preguntó por qué yo

no hablaba. Dije -y ya lo había pensado antes, estaba preformulado que siempre que ella hablaba, todo estaba muy claro para mí, pero más tarde, cuando estaba solo, nada estaba claro. Todos rieron y ella dijo que eso no era completamente cierto. Haciendo un gesto con todo el cuerpo, dijo que de una u otra manera yo siempre me las arreglaba. La señora Welch dijo entonces que yo era muy inteligente.

Después de una pausa, como si se dirigiera a todos, dijo: “Hablen ahora. Si se atreven, tal vez puedan encontrar algo acerca de su rasgo principal”.

Tuve la sensación de que había algo que podía ver; pero no lo veía claramente. Tal vez sólo esto: de alguna manera yo me las arreglo para escurrir el bulto y salir airoso de cualquier situación –con palabras y con ideas- a fin de evitarme el ver. Hay un miedo de ver mi propia verdad.

La señora de Salzmann puso mucho énfasis en la atención. La atención es todo lo que tenemos; es decir, la atención es todo lo que somos capaces de aportar. Lo demás está fuera de nuestro control.

Lo que tenemos que exigirnos es atención. No sólo tenemos que prestar atención, sino también pagar con nuestra atención.

La señora de Salzmann reiteró la necesidad de establecer una conexión entre los centros, no sólo como una idea, sino como una experiencia. Ella dijo: “Incluso con una mente excelente, un cuerpo sensible y unos muy buenos instintos, se necesita una conexión entre la cabeza y el cuerpo. Ninguno de los dos debe ser más fuerte que el otro. Deben tener igual fuerza. Entonces, el sentimiento aflorará”.

“Traten por algún tiempo. Quédense frente al hecho de que no están conectados. Traten de

nuevo después de tres o cuatro horas. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Dije que algunas veces siento la necesidad de una fuerza exterior; como si necesitara a otro que me disciplinara por la fuerza.

Ella dijo: “Si es necesario, aplíquese un castigo, o prívese de algún placer”.

He pensado algunas veces en castigar el cuerpo o privarlo de algún placer, pero algo en mí se las arregla para justificar el no hacerlo. Me doy cuenta de que hay una enorme posibilidad de autoengaño y autojustificación que surge del ensueño constante. Necesito luchar contra mi pasividad -tanto de la mente como del cuerpo- y recordar su indicación: “Quédense frente al hecho de que no están conectados. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Nueva York, 1973-79; Halifax, marzo de 1980; París, mayo de 1980.


EXPERIMENTO EL YO SOY

EXPERIMENTO EL Yo SOY / Jeanne de Salzmann

No sé si ustedes ven que el problema que tenemos es el del sentimiento. Empezamos a ver la pobreza de cualquier emoción, sentimos la necesidad de un sentimiento más puro, más penetrante. Pero no llegamos en nosotros a la profundidad donde puede tener lugar una transformación.No abandono mis ídolos. Se despierta en mí un anhelo de ser más completamente yo mismo, de abrirme a una parte muy alta de mí mismo donde habita una fuerza emocional que conoce. Necesito escucharla. Para esto necesito alcanzar una profundidad de silencio donde mi sentimiento ya no esté atado a mi egoísmo habitual. Sólo en ese silencio esa fuerza es verdad.Quiero estar presente, mantenerme presente. Pero me siento impotente. Siento que no puedo querer, no puedo ser. No tengo un deseo fuerte, un querer fuerte. Necesito ayuda, necesito una fuerza de otra calidad. La ayuda me viene bajo la forma de un sentimiento más activo,dotado de más convicción; un sentimiento que viene del centro emocional superior. Conozco en ese momento una nueva posibilidad en mi Presencia que me sitúa diferentemente en relación con lo que me rodea y me da el sentido de mi Presencia. Pero no conozco esa ayuda y sólo recibo esa fuerza cuando experimento la necesidad imperiosa de ella. Ese llamado viene de la visión, cuando siento mi impotencia tal como soy. Entonces hay algo justo, algo verdadero en la conciencia que tengo de mi situación, y puedodesear la ayuda de esa fuerza, otra posibilidad de ser, y querer someterme a esa ley. Le doy un lugar en mí, atento a conformar la actitud de todas mis partes para recibirla. Mientras le dé el primer lugar, puedo recibir su ayuda. Pero ese sentimiento de impotencia es demasiado esquivo. De nuevo creo que puedo, tal como soy, y regreso a la imaginación de mi yo, a mi ceguera. ¿Cómo comprender la experiencia del sentimiento? Sabemos lo que es sentir algo, el contacto interior. Experimentar, sentir profundamente, pide otra calidad. El sentimiento no tiene nada que ver con «amar» o «no amar» y sin embargo se trata de la emoción. Experimento la tristeza y la felicidad. El sentimiento siempre se eleva; prende y se apaga. Y experimento, siento profundamente, «Yo soy». El sentimiento puro no tiene objeto. Sólo puedo comprender lo si soy capaz de ver sin una idea, de estar en contacto con «lo que es».Empiezo a ver que el mundo en el que vivo es un mundo de ficción. No es un mundo real. La visión que tengo de mí mismo no es la de mi propia realidad. Me veo a través de mi mente ordinaria, perdido en la imaginación que tengo de mí mismo. Sólo por breves instantes toco algo real de mí mismo: tengo el sentimiento de que yo soy. El sentimiento que tengo de mí mismo me hace conocer mi realidad. En ese momento, y solamente en ese momento, sé que yo soy. Estoy en la fuente. Tengo ahora una medida de mi realidad que es la realidad en sí misma más que mi estado habitual con mi percepción ordinaria. Esa realidad siempre está allí. Necesita volverse el centro de atracción de mi sentimiento.

 Gurdjieff dio el ejercicio «Yo soy» para trabajar sobre el sentimiento. En un estado de recogimiento experimento el sentimiento «yo». Lo dirijo a mi brazo derecho: «yo»; después tengo la sensación en mi pierna derecha: «soy».Después, tengo un sentimiento, pierna derecha; sensación, pierna izquierda; sentimiento, pierna izquierda; sensación, brazo izquierdo; sentimiento, brazo izquierdo; sensación, brazo derecho. Y cuando he hecho esto tres veces, cada vez con el sentimiento «yo» y la sensación «soy», siento todo el cuerpo: «yo», y siento todo el cuerpo: «soy». Experimento «yo» siempre como sentimiento; «soy», como sensación.El sentimiento es una calidad más intensa de sensación. Este ejercicio puede también ser practicado en canon empezando por la pierna derecha, pierna izquierda y así sucesivamente. De la misma manera, «yo soy» puede ser remplazado por «Señor…, ten piedad».

LA REALIDAD DEL SER

EDITORIAL GANESHA


LA CONSCIENCIA EN EL CENTRO DEL CENTRO.

 LA CONSCIENCIA DE ESTAR AQUÍ
Jeanne de Salzmann
Hay en mí algo muy real que soy yo. Pero siempre estoy cerrado
a ello, pidiendo a todo lo externo a mí que me lo pruebe. Siempre estoy
en la superficie de mí mismo, siempre vuelto hacia lo exterior
para tomar algo o para defenderme. Puede ser que haya otra disposición
en la que nada tengo que tomar, he de recibir. Recibir una impresión
que nada de lo exterior me puede dar; la impresión de ser algo,
de tener un sentido por mí mismo. El movimiento de conocer es un
movimiento de abandono. Hay que abrir las manos.
En los momentos de mayor atención, tengo la conciencia de «estar
allí»: una mirada, una luz, la conciencia que conoce. La conciencia
está allí. No puedo ponerlo en duda. Y, sin embargo, no le doy confianza,
no la siento como «Yo mismo», «Yo», mi naturaleza esencial.
Creo que puedo buscar  la conciencia, ver la conciencia, conocerla.
La tomo como objeto de observación. Pero yo no puedo ver la conciencia.
Es la conciencia la que ve y la que conoce. Me doy cuenta
de esto si la siento como detrás de mi cuerpo o como una visión desde
arriba. No hay un observador; hay un conocimiento. Pero si la siento
como en mi cuerpo, me parece que el yo es el cuerpo y que la conciencia
es un atributo del cuerpo.
Comienzo a sentir lo que quiere decir ser verdadero. Es el momento
en que mi pensamiento se conoce tal como es y mi sentimiento se
conoce tal como es. Es el momento en que aparece en mí un pensa-
miento de otra clase, inmóvil, sin palabras, capaz de contenerlas, y
donde el sentimiento de mi esencia y no de mi forma puede contener
esa forma. Tengo un pensamiento nuevo y un sentimiento nuevo que
pueden ver el hecho, «lo que es».
Sólo hay realidad para mí hoy en dia en mi esfuerzo por estar presente
a mi mismo. Lo demás no es real porque todo es deformado por la pantalla
de lo mental, que me impide estar en contacto con la naturaleza de
las cosas. Primero me hace falta ir hacia mi propia naturaleza, estar despierto
a la conciencia del Yo y sólo estar atento a eso. La conciencia es
siempre conciencia de sí mismo. Uno puede llamar el sí mismo como
quiera: Dios, la sede de la conciencia. El punto es que el sí mismo es el
centro, el corazón mismo de nuestro ser, sin el cual no hay nada.
Mi atención aprende a concentrarse hacia ese centro y a quedarse
allí. Aprendo a comprender lo que es ese acto de Presencia, ese movimiento
activo de Presencia, siempre amenazado por un movimiento
pasivo en la dirección opuesta. Tengo el sentido de una realidad que
no puedo poseer; soy yo, lo que soy en el fondo de mi ser. Pero siento
que reconocerlo me pide algo. No sé qué. Esta realidad pertenece a
un nivel de percepción que nunca he explorado. Mi avidez me separa
de ello, impidiéndome comprender cuál es mi sitio. Siempre estoy
allí para tomar o recibir lo que se me debe, sin el respeto que es lo
único que me permitirá una apertura sin condiciones.
Empiezo a darme cuenta de que a lo que busco acercarme no es
solamente mío, no sólo está en mí, sino que es inmenso y mucho más
esencial. Ante eso, mis tensiones se relajan, una tras otra, hasta el momento
en que experimento, como el don de una unidad, una Presencia
recogida. Ésta trae consigo una cuestión vital. Está en tela de juicio
a cada segundo, nunca cierta, nunca segura, siempre tan incognoscible
que me exige todo de mí. Entonces existo con el sentido de una fuerza
misteriosa que es mejor no nombrar y que me ha traído a esta unidad.
¿A qué influencia me abro?… Quiero saber. Estoy aquí. No estoy encerrado,
aprisionado en una parte de mi ser. Estoy consciente de ser un todo.
 

Conexión- Madamme de Salzman

Conexión

No te amas a ti mismo lo suficiente, a ese ti mismo que necesita y desea emerger. Por encima de todo, debes sentir la necesidad de conocerte a sí mismo. Lo que se necesita es percepción directa.

Usted ve este lado, la parte mecánica, y usted sabe que existe algo en el otro lado. ¿Qué puede establecer la conexión entre los dos? A veces es posible situarse a sí mismo en el centro.

¿A qué sirves? Hay algo en ti, una energía más alta, la cual es digna de respeto. Sin esto, sólo sirves a tus placeres. Esto no quiere decir que no debas ocuparte de las necesidades del cuerpo o de la mente. A menos que respetes y sirvas a la más fina energía en ti, que no eres tú, el trabajo aquí no tiene sentido.

No puedo hacerlo, pero tengo que intentarlo. Si una conexión no se realiza, quédate enfrente a la falta de conexión. Es necesario conocer esta falta. No puedo hacerlo, pero se puede hacer en mí, y yo tengo un papel que desempeñar.

La Tierra está en intercambio con los niveles más altos de la existencia. Para ello se necesita un aparato. La humanidad es el aparato. Este cambio no es automático, sino que requiere un trabajo.

Usted necesita tener una conexión entre la cabeza y el cuerpo. Ninguno de los dos debe ser más fuerte que el otro. Tienen que tener la misma fuerza. Entonces surgirán los sentimientos.

Sin el hombre la Tierra no puede recibir la energía de un nivel superior. Por lo tanto, si algunas personas trabajan conscientemente, ayudan a la bajada de esta energía. De lo contrario, hay discordia en la Tierra.

Uno puede sentirlo.

Es importante llevar el cuerpo y la mente, una mente diferente, no la mente de costumbre al mismo tipo de vibración. Luego establece la relación, como entre un hombre y una mujer, y un niño se puede producir, una nueva sensación. La energía superior está ahí, pero no podemos recibirla porque estamos fragmentados. El propósito de la existencia del hombre sobre la Tierra es permitir el intercambio de energía entre la Tierra y los niveles más altos de la existencia. Eso no es posible sin la relación entre el cuerpo y la mente.

El hombre tiene una función especial, que las demás criaturas no pueden cumplir. Puede servir a la Tierra convirtiéndose en un puente para ciertas energías superiores. Sin esto, La Tierra no puede vivir apropiadamente. Pero el hombre, como él es, por naturaleza, no está completo. A fin de cumplir su función propia necesita desarrollarse. Hay una parte en él que no está satisfecha con su vida.

A través de las tradiciones religiosas o espirituales puede llegar a ser consciente de lo que esta parte necesita.

Todo el universo está compuesto de fuerzas y energías. Tienen que estar en relación una con la otra. La Tierra tiene su propio nivel de energía, necesita seres humanos para el propósito de establecer una buena relación con otras energías. Esto es lo que el hombre está destinado a servir.

Para poder llevar energías superiores en contacto con la Tierra, el hombre debe tener un desarrollo armonioso , un intercambio correcto entre sus centros. Todo está en movimiento. Las energías de nuestros centros están en movimiento también, pero no en armonía con ellos.

La mente y el cuerpo, ambos, tienen una resistencia. Tienes que entender eso. Usted debe preguntar en repetidas ocasiones,

‘¿Quién soy yo?’ y “¿Por qué estoy aquí?

Presente una solicitud, una demanda en sí mismo. Si no tienen éxito en establecer una conexión, prive al cuerpo de lo que le gusta.

Usted necesita estar en un estado especial a fin de comprender las cosas más elevadas. Las religiones se han convertido en algo parcial y su significado real se ha perdido. El Sr. Gurdjieff trajo un camino integral de la mente, el sentimiento y el cuerpo, no haciendo hincapié en uno más que en los otros.

Si aún un pie no está correctamente alineado, la conexión con la energía más alta puede romperse.

Relacionar con este relato: Posición de la Tierra en el Rayo de Creación, el estudio de los Centros, los movimientos (ejercicios con el cuerpo, mente y atención).

Traducción libre de: http://www.facebook.com/notes/the-gurdjieff-society-of-west-virginia/jeanne-de-salzmann-on-right-alignment-edited/139040826161753


QUE ES LA CONCIENCIA? 4ta parte

LA MIRADA DESDE ARRIBA

El pensamiento objetivo es la mirada desde arriba. Una mirada libre, uno que ve. Sin esta mirada situada sobre mí y que me ve, mi vida es la vida de un ciego que va allá donde le empujan sus impulsos, sin saber porqué o cómo. Sin ésta mirada emplazada sobre mí, no puedo saber que Yo existo.

Yo tengo el poder de elevarme sobre mí mismo y de verme a mí mismo libremente… de ser visto. Tengo el poder de que mi pensamiento no sea esclavizado. Para ésto, deben abandonar todas las asociaciones, que lo mantienen cautivo, pasivo. Se deben cortar todas las asociaciones que lo mantienen cautivo, pasivo. Se deben cortar los hilos que lo atan a todas esas imágenes, a todas esas formas; se deben liberar a sí mismo del constante empuje de la emoción. Deben sentir el poder que tiene de resistirse a ese empuje, de verlo mientras se eleva firmemente sobre él. En éste movimiento el pensamiento se vuelve activo; se vuelve activo en el acto de purificarse a sí mismo y de ésta forma adquiere un objetivo, un simple objetivo; pensar Yo, realizar “quien soy yo”, entrar dentro de éste misterio.

De ésta forma, los pensamientos son sólo objetos, ocasiones para la esclavitud, trampas en las que el pensamiento real pierde su poder de objetividad y de acción voluntaria. Apresada por las palabras, por las imágenes, las formas que lo atrapan, el pensamiento real pierde su facultad de ver. Pierde el sentido de Yo. Entonces yo no soy nada más que un organismo a la deriva. Un cuerpo privado de inteligencia,,. En la ausencia de ésta mirada, estoy obligado a retornar al automatismo y a la ley de accidente.

Esta mirada me sitúa y al mismo tiempo me libera. Y en los momentos de recogimiento, adquiero un estado dónde yo puedo conocer, donde puedo sentir la divinidad de ésta mirada que desciende sobre mí, que me abraza. Me siento a mí mismo bajo el resplandor de ésta mirada.

El primer paso para ésto es el reconocimiento de una carencia. Siento la necesidad de un pensamiento. La necesidad de un pensamiento libre vuelto hacia mí mismo, de la forma que pueda realmente volverme consciente de mi existencia. Un pensamiento activo cuyo único objetivo sea Yo, encontrar el Yo nuevo.

Esta es mi lucha: una lucha contra la pasividad de mi pensamiento. Una lucha sin la que nada que sea más consciente pueda encontrar su espacio, puede nacer. Es una lucha para abandonar la ilusión del yo en el que vivo, para acercarme a una mirada más real. En el corazón de ésta lucha se crea un orden en el caos, una jerarquía; son revelados dos niveles, dos mundos. Si sólo hay un nivel no hay mirada. Se debe reconocer otro nivel, que es el despertar del Pensamiento.

Sin éste esfuerzo, el pensamiento cae de nuevo en el sueño habitado por palabras, imágenes, nociones aprendidas, conocimiento adquirido y aproximado, sueños y diferentes molestias. Es el pensamiento de un ser humano sin inteligencia. Es terrible de repente comprender que uno ha estado viviendo sin el pensamiento independiente, propio de uno mismo. Sin inteligencia. Sin nada que vea lo que es real. Y así, sin conexión con el mundo de arriba.

Está en mi esencia que yo me reúna con aquello que ve. Si pudiera permanecer ahí, estaría en la fuente de algo único, algo estable; en la fuente
de eso que no cambia.

Jeanne de Salzman