La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

SALZMANN

LA REALIDAD DEL SER pdf

pordada-la-realidad-del-ser-med

 

 

 

 

 

 

 

LA REALIDAD DEL SER JEANNE DE SALZMANN PDF

Scribd: Gratuito, para bajar el libro tienes que abrir tu cuenta con tu mail. Es muy útil y te encontraras con un montón de libros más para bajar.


E L ESFUERZO CONSCIENTE Jeanne de Salzmann

LOGO1
¿Por qué comienzo a trabajar? Para saber lo que me incita a hacer
un esfuerzo necesito una atención más consciente. Esa atención no
puede ser mecánica, porque debe ser constantemente rectificada para
que pueda durar. Habrá entonces alguien que vigile, y ese vigilante
representará un estado de conciencia diferente.
Cuando me retiro de la vida para abrirme a mí mismo, en algún momento
me siento pertenecer a un orden diferente. Recibo esa impresión,
tomo conciencia de ella. Ahora esa impresión va a formar parte de mi
Presencia. Está allí para ayudarme. O bien la relaciono con un momento
de esfuerzo y la hago entrar en una asociación consciente, o bien ella
se va a asociar inconscientemente y no me ayudará. Debo hacerla aparecer
conscientemente, asociándola con otra impresión. Entonces, debo
vigilar, con una atención voluntaria, para conservar una impresión consciente
de mí mismo el mayor tiempo posible.
Hay momentos accidentales de recuerdo de sí debidos a impresiones
conscientes o no conscientes. Esas impresiones recurren en nosotros,
no sabemos cómo. Pero se nos escapan y se pierden porque
no están relacionadas, no están asociadas intencionalmente. No tenemos
ninguna actitud voluntaria delante de ellas y sólo nos pueden
conducir a una reacción ciega. Necesito adoptar una actitud más consciente
respecto de ellas. Al ver que de un momento a otro no soy el
mismo, siento la necesidad de un punto de referencia, de medir esos
estados diferentes en relación con algo que siempre permanece igual
en mí. Todo mi trabajo gira alrededor de ese punto de referencia. Para
mí, él representa mi comprensión actual de lo que es ser un ser consciente.

Se necesita un sacrificio para conservar el sentimiento de Presencia
que conozco en el momento del esfuerzo. Debo aceptar renunciar intencionalmente
a mi voluntad ordinaria y hacerla servir. Todo depende
de mi participación activa. En general enfatizo demasiado la meta de
no dejarme llevar, de no perder mi estado. Olvido hasta qué punto necesito
ayuda. Confío en algo que nunca me sostendrá y no le pido
ayuda a lo más fino que tengo. Entonces nada me sostiene y estoy
desvalido. No puede ser de otra manera.
El sentimiento pasa por fases relacionadas con la atención. Al activarse,
la atención adquiere algo más fino y es capaz de asir lo que
pasa en otros niveles donde las vibraciones tienen una longitud de
onda diferente. Cuando tengo el sentimiento de mi presencia estoy
en relación con fuerzas superiores y al mismo tiempo con fuerzas inferiores.
Estoy en el medio. No puedo tener una sensación de mi sin
la participación de las fiierzas inferiores que trabajan en mi. Atención
consciente significa algo que está entre dos mundos.
Lo que es difícil de comprender es que nada es posible sin esftierzo
consciente, y que el esfiaerzo consciente está relacionado con la naturaleza
superior. Sola, mi naturaleza inferior no puede llevarme a la
conciencia. Es ciega. Pero cuando despierto y siento que pertenezco
a un mundo superior, ésa no es sino sólo una parte de mi esfuerzo
consciente. Sólo me vuelvo realmente consciente cuando estoy abierto
a todas mis posibilidades superiores e inferiores.
Sólo hay valor en el esfuerzo consciente.

 


ESTAR AQUI Y AHORA – JEANNE DE SALZMANN

J. Salzmann¿Qué significa estar presente, estar aquí, ahora?

Lo pienso.

Tengo la sensación de esto.

Lo siento.

Los tres centros están presentes con la

misma fuerza, con una intensidad que viene del mismo grado de

actividad.

Lo siento como una energía que circula más libremente entre

ellos y que no es retenida más en uno que en otro. Esa energía es

voluntariamente alimentada por esas tres partes hacia una misma dirección.

Hay una dirección común que conlleva la posibilidad de una

acción consciente en la cual el impulso viene de los tres centros al

mismo tiempo. Quiero conocer con todas las partes de mí mismo.

Para estar presente a mí mismo, debo comprender cómo trabaja

mi mente, comprender que la función del pensamiento es situar y explicar,

pero no vivir la experiencia. Ese pensamiento está hecho de

saber, de conocimientos acumulados que se presentan bajo la forma

de imágenes y asociaciones. Captura la experiencia para hacerla entrar

en las categorías de lo conocido. Si se callara podría ver algo nuevo.

Pero en cuanto interviene, transforma inmediatamente esa experiencia

en algo antiguo, en algo que ya fue objeto de una experiencia. La imagen

despierta en mí una reacción inmediata. Y entonces siempre se

repite la misma cosa. Nunca algo nuevo.

¿Puedo decir hoy que sé lo que yo soy? ¿Me permite la actitud de

mi mente abordar realmente esa pregunta? Es más importante de lo

que pienso. ¿Estoy convencido de mi ignorancia y de la inutilidad de

todo lo que creo saber? Incluso si lo digo, no lo siento realmente. Me

gusta mi saber. Siempre quiero aportar una respuesta o llegar a una

conclusión. Estoy condicionado por eso. Todo lo que conozco, lo que

sé, condiciona mi mente y limita mi percepción. Todo lo que conozco,

lo que sé, es una masa de memorias, de recuerdos, que me empuja a

acumular, a repetir experiencias de la misma índole.

Necesito ver que mi mente siempre es movilizada por las exigencias

del yo ordinario, por sus asociaciones, por sus reacciones. Eso

la corrompe. Un pensamiento movilizado por las asociaciones no es

libre, no está libre en su movimiento. Los trayectos que atraviesa están

llenos de obstáculos, de barreras, bajo formas de imágenes, ideas fijas

o experiencias. Inmovilizan o cambian el curso del pensamiento, otorgándole

la impresión de una continuidad. Pero la continuidad no está

en el material que ocupa el pensamiento. Está en la energía misma.

El hecho de creer en ese material mantiene esa energia presa en el

circulo de los pensamientos. Pierde toda movilidad y agudeza. Se

vuelve cada vez más débil y el pensamiento se vuelve pequeño y obtuso.

Percibimos esto a través de las tensiones constantes de la cabeza,

de la cara y del cuello.

Mi pensamiento está sometido al yo ordinario. Esto es lo que impide

que la mente esté tranquila. Sin embargo, su apaciguamiento no

vendrá de que yo me retire de mi mente, sino de que la comprenda.

No vendrá de una lucha contra ese hecho. Ella no me llevará a la liberación.

Sólo viéndolo me puedo liberar de ese condicionamiento.

No es ignorándolo o negándolo que alcanzaré a liberarme. Sólo crearé

un nuevo condicionamiento. Asimismo, necesito ver que la mente es

el centro de mi yo ordinario, del ego. Ese yo busca la seguridad. Tiene

miedo y se identifica para encontrar esa seguridad; es una batalla perpetua.

Toda mi conciencia habitual consiste en juzgar, condenar, aceptar

o rechazar. Eso no es realmente la conciencia. En ese estado, sin

la tranquilidad de la mente, nada real me podrá ser revelado.

Jeanne de Salzmann


EL ESTADO DE RECOGIMIENTO GURDJIEFF

Biografía de George I. Gurdjieff   Jose Figueras Matute44PROFUNDIZAR EN EL ESTADO DE RECOGIMIENTO
Necesito regresar todo el tiempo y profundizar en lo que Gurdjieff
llamaba «el estado de recogimiento» hasta que se vuelva indispensable
para mí. Es un estado en el cual todos mis centros tratan de ponerse
de acuerdo para conocer ese ser que «yo soy». Todos los centros se
interesan en la misma pregunta; se cuestionan, se acercan y se recogen.
Cuando están verdaderamente juntos, yo puedo «ser» y puedo
hacer algo conscientemente. Sólo cuando ellos están juntos.
Cuando estoy en mi estado ordinario, soy tomado por las asociaciones
de lo último que ha tocado mi amor propio: la vanidad o la envidia.
Esto constituye mi pensamiento inconsciente. Cuando estoy en
estado de recogimiento, tengo otra calidad de pensamiento; mi pensamiento
no divaga, no se sale de mí. Con las asociaciones, divaga,
pero cuando me recojo, se queda en mí. Tampoco mi sentimiento se
proyecta. Estoy ocupado en sentir que «yo soy». Cuando estoy recogido,
mi pensamiento está consciente, pero sólo cuando estoy recogido.
. ‘Quiero aprender a estar en un estado más recogido, pero no puedo,
porque mi pensamiento, mi sensación y mi sentimiento no están armonizados
en una misma acción. Tengo una sensación de mi cuerpo,
pero mi sentimiento es indiferente a ella. Pienso en mí, pero mi cuerpo
está ocupado en otra cosa. Y sin embargo, es eso lo que soy: un cuerpo,
un pensamiento, un sentimiento. Lo sé, pero no puedo sentirlos
al mismo tiempo. Ellos no tienen la misma intensidad ni están orientados
en la misma dirección. Me siento dividido, inseguro.
Al verlo, algunas tensiones caen y me encuentro menos en la superficie.
Mi atención es más penetrante, va hacia las profundidades.
Yo me relajo, no por el hecho de relajarme, sino porque mientras más
suelto, más fuerte se hace el movimiento de recogerme, de reunirme
conmigo mismo. Me relajo, me suelto, para sentirme contenido en
mí mismo. Me concentro en el punto donde mis pensamientos llegan
y desparecen. Miro más allá. No trato de suprimir los pensamientos.
Veo que son sombras, son fantasmas. Los dejo flotar. No tienen sustancia.
La sustancia está en la fuente.
La mente es capaz ahora de un verdadero silencio, de una tranquilidad.
Sin esa tranquilidad de la mente, que, a partir de su propia actividad,
ha visto formarse un centro separado del resto que la limita,
ella nunca será capaz de conocer su propio movimiento. Y su movimiento
es inmenso, desmesurado. Nuestro instrumento de búsqueda
es nuestra mente, tanto así que ella no se deja sugestionar por las respuestas
ya hechas. ¿Puede la mente estar en un estado de no saber?,
¿puede estar en un estado que sea verdad, simplemente un hecho y
no una afirmación? Si ella puede permanecer frente a eso, aceptarlo
como una verdad, sentirse pobre en conocimiento, la mente puede en
realidad estar en un estado de no saber que es la más alta forma de
pensamiento. Entonces, la mente se vuelve aguda, profunda, clara,
sin límites, y puede recibir algo nuevo.
Estoy aquí, tranquilo, sin saber lo que soy, sin hacer esfuerzos repetidos
por saberlo. Veo que el saber no puede ser atrapado. Mi mente
se ha vuelto tranquila, sin movimiento, relacionada con una sensación
de esa tranquilidad y con un sentimiento de ese estado de ser. Es una
tranquilidad, no un vacío. En ese estado de recogimiento, una realidad
comienza a obrar en mí. No soy yo quien la conoce, sino ella la que
se hace conocer. Para dejar que su acción obre, siento la necesidad
de soltar y de relajarme naturalmente. Todos mis centros son más sensibles,
más agudos, más penetrantes. Hay capas de mí mismo que
nunca he penetrado. Al verlo, me hago libre.

JEANNE DE SALZMANN, LA REALIDAD DEL SER

CURSO OCTUBRE


JEANNE DE SALZMANN: SER ESPIRITUALIZADO

JEANNE DE SALZMANN, LA REALIDAD DEL SER

CUERPO SUTIL

SER ESPIRITUALIZADO  

Las fuerzas que hoy nos hacen actuar tienen un poder de vida muy

limitado. Las ondas de sus vibraciones disminuyen rápidamente. Son

vibraciones de inercia. La energía puesta en movimiento está poco

cargada por la «voluntad de ser» y es incapaz de transmitir esa voluntad.

Un llamado que viene de lo profundo de nosotros mismos está

siempre allí. Se vuelve cada vez más insistente. Como si la presencia

de una energía diferente pidiera ser escuchada, demandara una relación.

En el estado de no-movimiento, en calma, la relación se establece

mejor. Esto pide abrirse a una densidad interior diferente, a una

diferente calidad de vibración. La sensación es la percepción de esa

calidad. Necesito sentir la Presencia de lo espiritual en mí, que el espíritu

penetre la materia y la transforme. Necesito ese mismo acto,

ser espiritualizado.

La acción creadora de la fuerza de vida sólo aparece donde no hay

tensiones. Es decir, en el vacío. Si quiero desarrollar mi ser, debo llegar

a un punto donde no haya tensiones, que percibo como el vacío,

lo desconocido. El vacío de mi ego. Es algo que no conozco, mi esencia.

Lo percibo como un vacío porque lo fino de las vibraciones va

más allá de lo que conozco de mi densidad habitual. En ese momento

toco la voluntad de ser, al querer ser lo que soy, que no depende ni de

la forma ni del tiempo. Me siento en una densidad diferente que se

vuelve más fina en la medida en que las tensiones se disuelven.

Empiezo a comprender lo que es una sensación pura, que aparece

cuando mi pensamiento está libre, sin imagen. Bajo esa visión, mi

cuerpo se suelta. El relajar se hace por sí mismo en la medida en que

mi visión se hace más clara. Esa sensación es la primera señal de obediencia

a algo más grande. No puede ser consciente sin que yo esté

voluntariamente pasivo. No es mi yo ordinario quien lo hace. No es

ese yo el que busca manifestar su fuerza; mi fuerza es de otro tipo.

Si no es verdad, si no lo reconozco sinceramente en el momento en

que trabajo, no lograré liberarme. Necesito reconocer una fuerza más

elevada, un maestro, y sentir su autoridad. Esto ocurre cuando el yo,

el ego, deja de crear sus propios movimientos. Entonces aparece una

energía de una calidad muy especial que es irresistible, con un poder

que todo lo puede mientras sea percibida y obedecida. Con todas las

tradiciones podríamos dar el nombre de «amor» a esa energía si supiéramos

lo que es el amor. La sensación consciente es el primer paso

hacia esa fuerza.

Para ir hacia esa sensación consciente, una verdadera sensación

de lo que es, se necesita un pensamiento nuevo, un pensamiento l i bre

de sus creencias, de su saber y hasta de su experiencia pasada. Un

pensamiento que ve a la vez todas las contradicciones, el caos, y al

mismo tiempo es capaz de mantenerse absolutamente inmóvil y tranquilo.

Siento mi cuerpo enteramente pasivo, como si no existiera. Ese

estado de pasividad mantenida es mi primer poder sobre el cuerpo.

Es la señal de la participación de una energía nueva en mi Presencia.

No dejo que mi atención sea tomada por ninguna tensión: ni contracción,

ni pensamiento ni emoción. No tengo sino una meta en la cual

todos mis centros participan: percibir las vibraciones más finas hasta

que yo sea capaz de discernir su calidad.

La sensación consciente de sí misma pertenece a la encarnación.

El espíritu se materializa y toma una densidad definida, se vuelve carne.

Tener la experiencia de una sensación pura en el cuerpo físico

puede llevar a una experiencia espiritual. Penetramos en el mundo de

las vibraciones, de las sustancias finas. Es mi cuerpo, claro está, es

una energía, una vida que está en mi. Pero las percibo como una sola

cosa. ¿Es esto posible? Ante esa pregunta, no puedo ni negar ni afirmar

nada y surge el sentimiento de lo real, de lo verdadero.


EL QUE VIGILA JEANNE DE SALZMANN

EL QUE VIGILAAlexander Salzmanns

EL QUE VIGILA Jeanne De Salzmann, La Realidad del Ser

No vemos nuestro estado de sueño. En ese estado pensamos en el

trabajo; pensamos «Yo quisiera estar presente». Pero el esfuerzo de

estar presente es algo muy diferente. Es un esfuerzo en la dirección

de la conciencia. Uno debe llegar a saber si es consciente o no de sí

mismo en un determinado momento y debe reconocer todos los ni-

veles de esa conciencia. Su presencia o ausencia puede así ser probada

por un acto interior de observación.

Estoy frente a algo que no conozco. Estoy frente a un misterio, el

misterio de mi Presencia. Debo sentir que no puedo pretender conocer

ese misterio con mis medios ordinarios. Si comprendo, al menos mentalmente,

lo que significaría estar presente, con todos los elementos

de mi Presencia, y no sólo con mi cabeza, mi sensación o mis emociones,

tal vez no estaría aún verdaderamente presente, pero estaría

en busca de una dirección común.

¿Quién está presente? ¿Presente a quién? ¿Quién ve a quién? Ahí

está todo el problema.

Para observarse hace falta una atención diferente de la atención

ordinaria. Emprender la lucha del que vigila. Buscar que haya en mí

un vigilante estable. Alguien que vigile. Sólo el que vigila está activo.

El resto de mí mismo está pasivo. El que vigila debe recibir una impresión

de mi estado interior, tratando de tener, al mismo tiempo, un

sentido del todo. Debemos aprender a ver que el verdadero Yo no está

allí, y que el personaje toma el poder y hasta pretende ser el único

que existe. Uno tiene poder sobre el otro. Es necesario invertir los roles.

El peligro está en que no nos damos cuenta de que los roles vuelven

a cambiarse. Creo que necesito poner atención; pero, en realidad,

lo que necesito es conocer mi falta de atención.

La observación de sí enseña cómo concentrarse mejor y fortalece

la atención. Me hace ver que no me recuerdo de mí mismo, que no

veo mi estado de sueño. Estoy fragmentado; mi atención está dispersa

y no tiene ninguna fuerza disponible para ver. Cuando despierto, hago

un esfuerzo para liberar una atención suficiente, capaz de oponerse

a esa dispersión y verla. Es un estado más voluntario. Ahora hay alguien

que vigila y ese vigilante es un estado diferente de conciencia.

Sin embargo, debo recordar siempre que no sé lo que soy y que todo

el problema es quién está presente. La observación de mí mismo por

parte del pensamiento habitual, con la separación entre el observador

y lo que es observado, no hace más que reforzar la ilusión del yo.

Comenzamos a ver dos aspectos, dos naturalezas en nosotros mismos:

una naturaleza superior, relacionada con un mundo, y una naturaleza

inferior, relacionada con otro mundo. ¿Qué es lo que somos?

No somos ni lo uno ni lo otro. Ni Dios ni animal. Participamos de

una naturaleza divina y de una naturaleza animal. El hombre es doble.

No se ha unificado. Es sólo una promesa de hombre hasta que pueda

vivir con sus dos naturalezas presentes en sí mismo, sin retirarse a

una u otra. Si se retira a su parte más elevada, se aleja de sus manifestaciones

y no puede ya evaluarlas. Ya no conoce su animal. Si se

desliza hacia la otra naturaleza, olvida todo lo que no es animal y no

le queda nada para resistirlo: él es ese animal, no un hombre. El animal

siempre rechaza al ángel. El ángel le da la espalda al animal.

El hombre es el que siempre vigila, aquel que se recuerda a sí

mismo en las dos direcciones y tiene sus dos naturalezas siempre enfrentadas.


ESTOY DORMIDO – JEANNE DE SALZMANN

esencia en sí

ESTOY DORMIDO

El verdadero Yo viene de la esencia. Su desarrollo depende del anhelo

de la esencia. Es un querer ser. Y después un querer ser capaz

de ser. La esencia está formada por las impresiones asimiladas en la

infancia hasta los cinco o seis años, cuando se produce una ruptura

entre la esencia y la personalidad. Para continuar su desarrollo, la

esencia debe volverse activa a pesar de los obstáculos provenientes

de la presión ejercida sobre ella por la personalidad. Necesitamos el

recuerdo de sí para que la esencia pueda recibir las impresiones. Sólo

en un estado consciente se puede apreciar la diferencia entre la esencia

y la personalidad.

Por lo común las impresiones son recibidas de forma mecánica. La

personalidad reacciona con pensamientos y emociones que dependen

de su condicionamiento. Esas reacciones son automáticas y las impresiones

no son transformadas porque una personalidad como ésa está

muerta. Para ser transformadas, las impresiones deben ser recibidas

por la esencia. Eso requiere un esfuerzo consciente en el momento de

su recepción. Eso requiere un sentimiento definido, un sentimiento

de amor por el ser, por estar presente. Es el Hidrógeno 12, que de otra

forma no está presente en nosotros, en el lugar donde entran las impresiones.

Hay que responder a las impresiones, no desde el punto de

vista de la personalidad, sino desde el punto de vista del amor por estar

presente. Eso transformará nuestra forma de pensar y de sentir.

La primera necesidad es tener una impresión de mí mismo. Comienza

por un choque cuando surge la pregunta sobre mí mismo. Por

un instante hay una pausa que permite que mi atención cambie de dirección.

Regresa hacia mí y entonces la pregunta me toca. Esa energía

trae una vibración como si en mí resonara una nota, un sonido que

hasta ahora no vibraba. Es muy tenue, muy fino, pero, sin embargo,

se comunica conmigo. Lo siento. Es una impresión que recibo. Todas

nuestras posibilidades están allí. Si voy a abrirme a la experiencia de

Presencia, eso depende de la manera en la cual recibo la impresión.

Uno no comprende suficientemente el momento de ese choque,

de la recepción de la impresión y por qué es tan importante. Uno no

ve la necesidad de verse en la vida, porque el choque de la impresión

nos arrastra. Si no hay nadie en el momento en que la impresión es

recibida, reacciono automática, ciega, pasivamente, y me pierdo. Me

niego totalmente a aceptar la impresión que tengo de mí mismo, tal

como estoy en ese momento. Al pensar, al reaccionar, al interponerme

a la recepción de esa impresión, me cierro. Me imagino lo que soy.

No conozco la realidad. Soy prisionero de esa imaginación, de la mentira

de ese falso yo. Habitualmente busco despertarme por la fuerza,

pero no lo logro. Puedo y debo aprender a despertarme, a abrirme

conscientemente a la impresión de mi mismo y a ver lo que soy en el

momento mismo. Será un choque para despertarse, un choque traído

por la impresión que recibo. Eso me pide una libertad de estar en movimiento

y de no interrumpirlo.

Para tener el deseo de estar presente, debo darme cuenta de que

no estoy allí, de que estoy dormido. Debo comprender que estoy encerrado

en un círculo de pequeños intereses, de avidez, en el cual mi

yo está perdido. Y seguirá perdido si no puedo relacionarme con algo

superior. La primera condición es conocer en mí una calidad diferente,

por encima de lo que soy ordinariamente. Entonces mi vida podrá cobrar

un sentido nuevo. Sin esa condición no puede haber trabajo. Debo

recordar la existencia de otra vida y al mismo tiempo conocer la vida

que llevo. Eso es despertar. Despierto a estas dos realidades.

Debo comprender que por mí mismo, sin una relación con algo

más alto, no soy nada, no puedo nada. Por mí mismo sólo puedo estar

perdido en ese círculo de intereses; no tengo ninguna cualidad

que me permita escapar de él. Para eso tendría que sentir mi absoluta

nulidad y empezar a sentir la necesidad de ayuda. Debo experimentar

la necesidad de relacionarme con algo superior, de abrirme a otra

calidad.

JEANNE DE SALZMANN


El trabajo con la señora de Salzmann

S

Jeanne de Salzmann, al cumplir 100 años

El hombre tiene una función especial que otras criaturas no pueden cumplir. Puede servir a la Tierra al convertirse en un puente para ciertas energías superiores. Sin esto, la Tierra no puede vivir de la manera adecuada. Pero el hombre, tal como es por naturaleza, está incompleto. Para cumplir la función que le es propia necesita desarrollarse. Hay una parte en él que está insatisfecha con su vida. A través de las tradiciones religiosas o espirituales puede llegar a darse cuenta de lo que esa parte necesita. Jeanne de Salzmann

Un corazón sin medida 

Ravi Ravindra

Quedarse enfrente

…Reflexioné largo tiempo sobre lo que yo quería, pero no estaba claro para mí. ¿Cuál era mi

aspiración? Quiero saber si hay un propósito para mi existencia aquí en la tierra, saber lo que se pide de mí y tratar de realizarlo. Algo que está llegando a ser bien claro es que necesito cambiar radicalmente,

experimentar una metanoia, volverme hacia dentro, hacia lo que es real y esencial. ¿En cuál estadio de mi vida me habré vuelto tan viejo copio para tomarme el mundo tan en serio?

Mi llegada a París no pudo ser más inoportuna. A causa de un feriado religioso, todo estaba

cerrado, hasta la Maison. Empece a sentir mucha lástima de mí mismo por mi piala suerte. Pero es increíble cuan poco sabe uno lo que realmente es bueno para sí. Parece difícil permitir que las fuerzas ayuden. Yo siempre intervengo, pensando que sé más. En realidad las vacaciones terminaron pueden ser de gran ayuda: pude ver a la señora de Salzmann en seguida ya que no estaba tan ocupada como de costumbre con las reuniones y otras actividades en la Maison.

La señora de Salzmann parecía contenta del esfuerzo que había hecho sólo en llegar hasta allí y en tratar de aprender algo de francés. Le interesó el hecho de que antes de ir a verla había estado en la Alianza Francesa y me había matriculado para cuatro horas diarias de francés. Me dijo: “\Me doy cuenta de cómo hace usted las cosas”. Ahora que sabía que no hablaba francés, me dijo que en las reuniones podría preguntar en inglés.

Tres días después de haber llegado a París recibí un telegrama que la señora de Salzmann me

había enviado a Canadá y que me había sido remitido desde allá. Decía: “Si usted no habla francés, será difícil. Venga por unos pocos días y veremos. Afectuosamente, Jeanne de Salzmann”. Menos mal que nunca recibí ese telegrama antes de viajar.

Había llegado a París con toda clase de reservas. La gente en Nueva York me había dicho que

los franceses no eran nada cálidos con los extranjeros. Esa no ha sido mi experiencia. Ni ha sido así en mis viajes anteriores. He recibido mucho más de lo que me hubiera atrevido a esperar o a imaginar. La señora de Salzmann me recomendó que participara en todo: las clases de movimientos, las reuniones de grupo, las sesiones de meditación. Me sugirió que me reuniera con toda la gente mayor en el Trabajo.

Además, quería verme ella misma a menudo.

Almorcé con la señora de Salzmann y con Michel al día siguiente. Me impresionó el hecho de

que ella comiera muy liviano. Hablamos acerca de muchas cosas, incluso de Krishnamurti, a quien ella apreciaba mucho y consideraba un ser humano excepcional. Le dije que a mí Krishnamurti me resultaba demasiado santo. Y que lo que me había interesado de la enseñanza de Gurdjieff era que él incluía todo, hasta el Diablo.

Hay algo tan enteramente razonable, normal y digno de amor en la señora de Salzmann!

Desborda de amor, pero no hay en ello nada sentimental. Tiene un enorme sentido común y tiene sitio para todo y para todos -en su debido lugar-. Krishnamurti, en cambio -indudablemente un ser muy elevado- parecía tan correcto, tan bueno, casi un santo. Para él, era obviamente cuestión de principio insistir en que los procesos deben ser excluidos, en que las tradiciones no son sino trampas, en que el pensamiento en todos los niveles engendra miedo, en que uno no debe tener nada que ver “con dinero, sexo y todo eso”. Le conté a la señora de Salzmann sobre una conversación que tuve con Krishnamurti.

Yo le había dicho a él que de la misma manera que un buzo necesita ser lastrado con algún material pesado para poder llegar más profundo en el océano, él debería usar un cinturón de plomo a fin de bajar hasta nuestro nivel; de lo contrario, su extrema liviandad le impide ponerse en contacto con nosotros, en la Tierra. El me preguntó: “¿Qué quiere usted decir? ¿A qué tipo de cinturón se refiere? Y yo le contesté: “Krisnaji… un poquito de carne y de sexo”.

Le pareció graciosa mi observación, pero se negó a entrar en esa discusión y me dijo: “Usted es demasiado inteligente para su propio bien”.

La señora de Salzmann fue generosa como siempre al decir: “Usted puede darse cuenta de la

libertad interior que tiene Krishnamurti. Pero él no tiene una ciencia del ser. El señor Gurdjieff nos trajo una ciencia del ser”.

Delante de la señora de Salzmann, Michel dijo: “Por lo que a mí concierne, el mejor consejo que puedo darle es quedarse en el darshana de mi madre tanto como le sea posible”. Me impresionó su uso de esa palabra en sánscrito, comúnmente usada y comprendida en la India. Me estaba recomendando permanecer bajo su mirada, en su presencia, ponerme bajo su amparo.

Después del almuerzo, la señora de Salzmann y Michel encendieron sus cigarrillos. Ella me

ofreció uno, pero yo le dije que no fumaba. Con una mirada de lo más malvada y traviesa, me preguntó:

“Y usted, monsieur, cuál es su debilidad?”

En mi rechazo del cigarrillo debió haber algún sentimiento de “soy-más-santo-que-tú”. Su

sonrisa podría haber desconcertado al más pío de los santos. Me reí y le pregunté si debía hacer un catálogo de mis pecados. No era más que una broma bienintencionada. Me ofrecí para cualquier tarea que hiciera falta: lavar los platos, escribir a máquina… lo que fuera. Michel dijo que encontraría algo para mí.

Más tarde, de vuelta en el lugar donde estaba alojado, resolví fumar de vez en cuando. A pesar de lo mucho que detestaba el cigarrillo, estoy seguro de que sería peor ser un santurrón.

La señora de Salzmann me preguntó sobre qué estaba trabajando. Ya lo había hecho antes. Le

dije que estaba tratando de observar mi respiración y también de hacer algunos ejercicios respiratorios regularmente. Me pidió que le mostrara esos ejercicios. Lo hice. Cuando le pregunté si era deseable continuar con ellos, me dijo: “No lo llevarán muy lejos, pero no le harán ningún daño. Si los encuentra útiles, hágalos”.

Le dije que deseaba comprender de manera concreta las grandes ideas del Trabajo. Las conozco, pero no conozco la realidad que está directamente tras ellas. Me sorprendí hasta cierto punto oyéndome decir: “Je ne les conais pas directement, immediatement.” (No las conozco de manera directa, de manera inmediata).

Le dije que algunas veces, en la enseñanza o en la reunión de grupo, vuelvo a la vida, y a

menudo me sorprendo por lo que digo. Me dijo: “Es necesario tener esa relación. En esas situaciones, ella establece la conexión”.

“Las ideas son necesarias. Durante años, el señor Gurdjieff trabajó sobre las ideas con

Ouspensky. En un momento dado, cambió hacia el trabajo directo. Ouspensky seguía queriendo ideas y explicaciones y Gurdjieff se negaba. Esa es la razón en parte de que Ouspensky se alejara. Es necesario ahora trabajar directamente a fin de conectar la mente y el cuerpo”.

Esto es algo sobre lo que ella ha estado insistiendo y yo debo tratar de comprenderlo en la

experiencia. Ella dijo: “No puedo hacerlo pero tengo que tratar. Si no se hace una conexión, quédese enfrente de la falta de conexión. Es necesario conocer esta carencia. Yo no puedo hacerlo, pero puede hacerse en mí. Y tengo un papel que desempeñar”.

“La Tierra está en intercambio con niveles más altos de existencia. Para esto se requiere de un

instrumento. La humanidad es ese instrumento. Este intercambio no es automático; requiere trabajo”.

En una reunión de grupo la señora de Salzmann puso gran énfasis en la participación activa.

Sentí claramente que esto era muy importante. Veo mi enorme pasividad. Actúo como si yo no tuviera ninguna responsabilidad real por mi propia evolución, como si fuera una cuestión de gracia que tengo de alguna manera garantizada. Ella dijo que el señor Gurdjieff había traído una ciencia del ser, pero veo que algo en mí no acepta el hecho de que hay leyes exactas de evolución espiritual. Sigo soñando y esperando que la ley no se aplique a mí, de que pueda ganarme una lotería espiritual y despertarme en un nivel más alto.

Tengo una imagen recurrente de la señora de Salzmann exhortando, cuestionando. ¿Se trata de mi propia conciencia?, ¿de mi otro yo? Aparte de tener una sensación más clara de mi cuerpo, me parece que nada cambia, que nada sucede, que nada se hace. Paso la mayor parte de mi vida en una especie de somnolencia en la que nada está claro y nadie se distingue nítidamente. Es como si no estuviera vivo para nada ni para nadie, ni siquiera para mí mismo. Tengo el sentimiento definido de que nada cambiaría en mí, ni siquiera si alguien muy cercano muriera. Sin duda que me dolería. Expresaría un duelo y todo eso, pero no habría un cambio radical. El asunto es que frente a la muerte o frente a la vida, al éxito o al fracaso, no me siento realmente vivo y presente al momento. No estoy conectado con lo que está sucediendo. Es como si todo esto le sucediera a otro. El hecho de ser una criatura mortal que lenta, pero inevitablemente está muriendo, no parece impresionarme. Soy como un hombre borracho que pasa frente a alguien que grita pidiendo socorro; el hombre se detiene por un momento, siguiendo cierto reflejo, y mira fijamente el origen de aquel sonido, sin comprender; entonces, se queda allí o sigue su camino, sin saber lo que está haciendo, ni por qué lo hace.

Pareciera que no tengo idea de cómo hacer un esfuerzo. Todo lo que aprendo de cualquier

esfuerzo es que no soy capaz de hacer un esfuerzo. Actúo como si me pareciera muy bueno que otro viniera y tomara el mando y la responsabilidad de mi vida. ¿Quién lo haría?, ¿por qué? Además, ¿dejaría yo que alguien lo hiciera?, ¿soy capaz de seguir instrucciones?, ¿de obedecer?, ¿dejaré que algo venga a perturbar mi comodidad?

Durante una reunión de grupo en Nueva York, la señora de Salzmann me preguntó por qué yo

no hablaba. Dije -y ya lo había pensado antes, estaba preformulado que siempre que ella hablaba, todo estaba muy claro para mí, pero más tarde, cuando estaba solo, nada estaba claro. Todos rieron y ella dijo que eso no era completamente cierto. Haciendo un gesto con todo el cuerpo, dijo que de una u otra manera yo siempre me las arreglaba. La señora Welch dijo entonces que yo era muy inteligente.

Después de una pausa, como si se dirigiera a todos, dijo: “Hablen ahora. Si se atreven, tal vez puedan encontrar algo acerca de su rasgo principal”.

Tuve la sensación de que había algo que podía ver; pero no lo veía claramente. Tal vez sólo esto: de alguna manera yo me las arreglo para escurrir el bulto y salir airoso de cualquier situación –con palabras y con ideas- a fin de evitarme el ver. Hay un miedo de ver mi propia verdad.

La señora de Salzmann puso mucho énfasis en la atención. La atención es todo lo que tenemos; es decir, la atención es todo lo que somos capaces de aportar. Lo demás está fuera de nuestro control.

Lo que tenemos que exigirnos es atención. No sólo tenemos que prestar atención, sino también pagar con nuestra atención.

La señora de Salzmann reiteró la necesidad de establecer una conexión entre los centros, no sólo como una idea, sino como una experiencia. Ella dijo: “Incluso con una mente excelente, un cuerpo sensible y unos muy buenos instintos, se necesita una conexión entre la cabeza y el cuerpo. Ninguno de los dos debe ser más fuerte que el otro. Deben tener igual fuerza. Entonces, el sentimiento aflorará”.

“Traten por algún tiempo. Quédense frente al hecho de que no están conectados. Traten de

nuevo después de tres o cuatro horas. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Dije que algunas veces siento la necesidad de una fuerza exterior; como si necesitara a otro que me disciplinara por la fuerza.

Ella dijo: “Si es necesario, aplíquese un castigo, o prívese de algún placer”.

He pensado algunas veces en castigar el cuerpo o privarlo de algún placer, pero algo en mí se las arregla para justificar el no hacerlo. Me doy cuenta de que hay una enorme posibilidad de autoengaño y autojustificación que surge del ensueño constante. Necesito luchar contra mi pasividad -tanto de la mente como del cuerpo- y recordar su indicación: “Quédense frente al hecho de que no están conectados. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Nueva York, 1973-79; Halifax, marzo de 1980; París, mayo de 1980.


DOS VIDAS Jeannet de Salzmann

 

salzmann1Dos VIDAS 

Contrariando la mecanicidad

Uno debería pensar seriamente antes de decidirse a trabajar sobre

sí mismo con la meta definida de llegar a ser consciente y de desarrollar

una relación con los centros superiores. Ese trabajo no admite

ninguna componenda y exige una fuerte disciplina. Es necesario estar

dispuesto a obedecer las leyes. * ;

Puedo estudiar el sistema de las ideas, pero si no me doy cuenta de

mi mecanicidad y de mi impotencia, esto no me llevará lejos. Las condiciones

pueden cambiar y puedo perder toda posibilidad. El pensamiento

no debe permanecer perezoso. Hay que comprender la necesidad

de introducir los principios del trabajo en mi vida personal. No

podemos aceptar que una parte de nosotros mismos piense falsamente

y al mismo tiempo esperar que otra parte vaya a pensar correctamente.

Uno necesita vivir la enseñanza con todas las partes de sí mismo.

Es absolutamente necesario tener una sensación continua, una relación

constante entre el pensamiento y el cuerpo. De otra manera,

estoy tomado por el automatismo. La relación de la cabeza y el cuerpo

depende de una atención voluntaria, activa. Cuando la relación es

fuerte, hay una corriente de energía superior que pasa por la cabeza.

La atención debe ser mantenida voluntariamente sobre la relación entre

las energías de los centros. Uno ve que es necesario que nuestros

centros estén de acuerdo y, para hacer cualquier cosa juntos, deben

someterse a un amo común. Pero les es difícil ponerse de acuerdo,

porque si hubiera un amo ya no les sería posible hacer lo que quisieran.

Sin embargo, cuando no hay amo no hay alma…; ni alma ni voluntad.

Para que la relación no se pierda, necesito mantener todo el tiempo

un estado recogido. Debo aprender a contrariar mi subjetividad en la

vida cotidiana; por ejemplo, contrariar mis hábitos. Lo que habitualmente

tomo con la mano derecha, lo tomo con la izquierda. Al ir a la

mesa, me siento de una manera desacostumbrada. Todo el tiempo me

contrarío. Pienso en esto a menudo durante el dia, recordando que

quiero mantener mi atención, no perderla. Quiero conservarla en mí,

para mí, concientemente. Lo importante en nuestro trabajo es la lucha

interior. Sin esto, el tiempo pasará sin que aparezca ningtin cambio.

Uno debe aprender a no identificarse interiormente y a representar un

papel exteriormente. Uno ayuda a lo otro. Mientras lo hago, no me

identifico con nada. Sin ser fuerte en lo exteríor es imposible ser fiierte

en lo interior. Sin ser fuerte en lo interior, no es posible ser fuerte en

lo exterior. La lucha debe ser real. Cuanto más difícil, más vale.

Para representar un papel hay que estar presente a lo que sucede

a mi alrededor y al mismo tiempo a lo que pasa en mí. Dos clases de

acontecimientos, dos vidas, una en la otra, de orden diferente. La manera

de vivir ambas testimonia el poder de ser. Mientras no se pueda

representar su papel de esa manera, habrá intentos, impulsos, momentos

más intensos, pero no habrá poder. Es como una especie de

cruz sobre la que hay que clavarse para poder estar atento sin descanso,

un molde rígido que constituye mi límite. Soy consciente de este

límite, lo reconozco. Puedo entonces ser lo que soy. Sin el límite de

ese papel no es posible ninguna concentración de fuerzas. De esa manera,

mi vida exteríor se vuelve como un ríto, un servicio, para mi

vida interior.

El sufrimiento voluntario es el único principio activo en nosotros

que puede ser convertido en sentimiento superíor. Esto es necesario

para la creación del segundo cuerpo. En la lucha entre dos octavas,

el cuerpo debe rechazar su automatismo para someterse a la acción

de una fuerza más alta. Con el esfuerzo de seguir permaneciendo, la

energía crece y llega a tener una fuerza activa que lleva la fuerza pasiva

a obedecer. Esa energía debe ser mantenida ante todas las situaciones

de la vida. Es necesario llevarse hasta un cierto estado de Presencia

una y otra vez, hacer un esfuerzo consciente una y otra vez, hasta que

se forme algo que tiene su propia vida. Luego eso será indestructible.

Trabajamos para el mañana, para el futuro. Sufrímos conscientemente

hoy para conocer mañana la dicha verdadera.

LIBRO:

pordada-La-realidad-del-Ser-med


EXPERIMENTO EL YO SOY

EXPERIMENTO EL Yo SOY / Jeanne de Salzmann

No sé si ustedes ven que el problema que tenemos es el del sentimiento. Empezamos a ver la pobreza de cualquier emoción, sentimos la necesidad de un sentimiento más puro, más penetrante. Pero no llegamos en nosotros a la profundidad donde puede tener lugar una transformación.No abandono mis ídolos. Se despierta en mí un anhelo de ser más completamente yo mismo, de abrirme a una parte muy alta de mí mismo donde habita una fuerza emocional que conoce. Necesito escucharla. Para esto necesito alcanzar una profundidad de silencio donde mi sentimiento ya no esté atado a mi egoísmo habitual. Sólo en ese silencio esa fuerza es verdad.Quiero estar presente, mantenerme presente. Pero me siento impotente. Siento que no puedo querer, no puedo ser. No tengo un deseo fuerte, un querer fuerte. Necesito ayuda, necesito una fuerza de otra calidad. La ayuda me viene bajo la forma de un sentimiento más activo,dotado de más convicción; un sentimiento que viene del centro emocional superior. Conozco en ese momento una nueva posibilidad en mi Presencia que me sitúa diferentemente en relación con lo que me rodea y me da el sentido de mi Presencia. Pero no conozco esa ayuda y sólo recibo esa fuerza cuando experimento la necesidad imperiosa de ella. Ese llamado viene de la visión, cuando siento mi impotencia tal como soy. Entonces hay algo justo, algo verdadero en la conciencia que tengo de mi situación, y puedodesear la ayuda de esa fuerza, otra posibilidad de ser, y querer someterme a esa ley. Le doy un lugar en mí, atento a conformar la actitud de todas mis partes para recibirla. Mientras le dé el primer lugar, puedo recibir su ayuda. Pero ese sentimiento de impotencia es demasiado esquivo. De nuevo creo que puedo, tal como soy, y regreso a la imaginación de mi yo, a mi ceguera. ¿Cómo comprender la experiencia del sentimiento? Sabemos lo que es sentir algo, el contacto interior. Experimentar, sentir profundamente, pide otra calidad. El sentimiento no tiene nada que ver con «amar» o «no amar» y sin embargo se trata de la emoción. Experimento la tristeza y la felicidad. El sentimiento siempre se eleva; prende y se apaga. Y experimento, siento profundamente, «Yo soy». El sentimiento puro no tiene objeto. Sólo puedo comprender lo si soy capaz de ver sin una idea, de estar en contacto con «lo que es».Empiezo a ver que el mundo en el que vivo es un mundo de ficción. No es un mundo real. La visión que tengo de mí mismo no es la de mi propia realidad. Me veo a través de mi mente ordinaria, perdido en la imaginación que tengo de mí mismo. Sólo por breves instantes toco algo real de mí mismo: tengo el sentimiento de que yo soy. El sentimiento que tengo de mí mismo me hace conocer mi realidad. En ese momento, y solamente en ese momento, sé que yo soy. Estoy en la fuente. Tengo ahora una medida de mi realidad que es la realidad en sí misma más que mi estado habitual con mi percepción ordinaria. Esa realidad siempre está allí. Necesita volverse el centro de atracción de mi sentimiento.

 Gurdjieff dio el ejercicio «Yo soy» para trabajar sobre el sentimiento. En un estado de recogimiento experimento el sentimiento «yo». Lo dirijo a mi brazo derecho: «yo»; después tengo la sensación en mi pierna derecha: «soy».Después, tengo un sentimiento, pierna derecha; sensación, pierna izquierda; sentimiento, pierna izquierda; sensación, brazo izquierdo; sentimiento, brazo izquierdo; sensación, brazo derecho. Y cuando he hecho esto tres veces, cada vez con el sentimiento «yo» y la sensación «soy», siento todo el cuerpo: «yo», y siento todo el cuerpo: «soy». Experimento «yo» siempre como sentimiento; «soy», como sensación.El sentimiento es una calidad más intensa de sensación. Este ejercicio puede también ser practicado en canon empezando por la pierna derecha, pierna izquierda y así sucesivamente. De la misma manera, «yo soy» puede ser remplazado por «Señor…, ten piedad».

LA REALIDAD DEL SER

EDITORIAL GANESHA