La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

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AMO DE CASA Y VOLUNTAD – NOTT

fritzpeterslargeHace pocos días un hombre le dio un cheque de cien dólares para su “gran trabajo”, insinuando con sus modales que le estaba haciendo un gran favor.

Gurdjieff se lo agradeció muchísimo y le invitó a cenar en un restaurante al día siguiente. Eramos diez para la cena. Cuando el camarero trajo la cuenta, Gurdjieff discutió, diciéndole que había olvidado anotar algo, y el camarero se la llevó. Cuando volvió,

Gurdjieff la miró, pagó, dio al camarero una buena propina y puso la cuenta sobre la mesa para que el donante la pudiese ver. Yo estaba sentado a su lado. Eran exactamente cien dólares”.

Alguien preguntó: “¿Qué lugar
ocupa el libre albedrío en su sistema?”
Gurdjieff respondió: “El hombre ordinario no tiene voluntad, no hace
nada por sí mismo. Lo que es considerado como voluntad, es
meramente un deseo fuerte. Un hombre fuerte tiene deseos fuertes, un
hombre débil, deseos débiles. Un hombre es llevado en una dirección u
otra por lo que desea, por lo que quiere. No tiene un auténtico deseo
sino muchos deseos. Un hombre puede tener muchos deseos pero
puede ser que uno predomine y él dedica su vida al logro de este deseo,
sacrificándolo todo; y la gente dice que tiene una voluntad fuerte. Sólo
un hombre que tiene un ‘Yo’, puede tener voluntad. Cuando un hombre
tiene un ‘Yo’ puede ser amo de sí mismo, entonces tiene una voluntad
que es libre, no un capricho o deseo, sujeto a todo a su alrededor, que
puede cambiar con la comida, la gente, el clima y el sexo. La voluntad
auténtica viene con el deseo consciente, al hacer cosas
voluntariamente. Pero tiene que trabajar durante años, durante siglos
quizás. Tenemos un Amo dentro de nosotros, pero este Amo está
dormido. Tiene que despertarse y controlar todos estos pequeños amos
en nosotros. Muchas veces lo que se llama voluntad es una relación
entre estar dispuesto y no estar dispuesto. Por ejemplo, la mente quiere
algo, los sentimientos no lo quieren. Si la mente en este caso es más
fuerte que los sentimientos, el hombre obedece a su mente. Si los dos
están más o menos igualados, el resultado es conflicto, duda y
vacilación. Esto es lo que se llama el libre albedrío en el hombre
ordinario. Unas veces está dominado por la mente, otras veces por los
sentimientos, otras por el cuerpo y más a menudo por el centro sexual”.

Después de la reunión, alguien preguntó a Orage: “¿Proporciona el
sistema alguna técnica para obtener el libre albedrío, y hay, por escrito,
alguna proposición o descripción clara del sistema?”.

Respondió Orage: “Hay dos partes en esta pregunta: Primero, existe
una técnica y un método definido para el trabajo práctico sobre uno
mismo. También hay un lado teórico, como aquel enseñado por
Ouspensky en Londres. En el Prieuré ambos son enseñados, pero para
los principiantes el trabajo es sobre todo práctico. Gurdjieff dice que
ambos métodos, el práctico y el teórico, se enseñan poco a poco; son
dados en fragmentos que tienen que ser ensamblados y pegados. ‘Pero
usted tiene que hacer el pegamento’, dice él; ‘sin el pegamento, nada
pegará’. La voluntad y su adquisición es un gran misterio. Nadie ha
vistojamás la voluntad, pero podemos ver su manifestación en aquellos
que la tienen. Gurdjieff, por ejemplo, tiene una voluntad tremenda. Es el
poder de hacer”.

Otro preguntó: “¿Cómo pondría usted en palabras la técnica mediante la
cual se puede adquirir la voluntad?”

“En primer lugar”, dijo Orage, “tiene usted que saber que se puede
adquirir una voluntad equivocada. Por ejemplo, un hombre desea tener
poder sobre los otros para sus propios fines materiales. Después de
cierto tiempo, algo en él se cristaliza, pero es una cristalización
equivocada. El método se puede resumir en la siguiente frase:
sufrimiento voluntario y esfuerzo consciente. El sufrimiento voluntario es
forzarse a sí mismo a soportar las manifestaciones desagradables de los
demás. El esfuerzo consciente, es el esfuerzo de sentir, recordar y
observarse a sí mismo. Es el hacer conscientemente cosas pequeñas, el
esfuerzo hecho en contra de la inercia y la mecanicidad del organismo,
no para provecho o ganancia personal, no por ejercicio, salud, deporte,
placer o ciencia, y no por resentimiento, gusto o disgusto. El recuerdo de
sí nunca llega a ser un hábito. Es siempre el resultado de un esfuerzo
consciente, muy pequeño al empezar, pero que se incrementa al
hacerlo. Un momento de recuerdo de sí es un momento de conciencia,
es decir, de conciencia de sí, no en el sentido ordinario, sino una
conciencia del Ser real, que es ‘Yo’, junto con una conciencia del
organismo: el cuerpo, los sentimientos y los pensamientos”.

Stanley Nott, Diario de un alumno


LA PARÁBOLA DEL CARRUAJE

LA PARÁBOLA DEL CARRUAJE
 
 Pero con respecto a los cuerpos del hombre, introdujo un detalle que no había dado antes. Recurrió otra vez a la comparación oriental del hombre con un carruaje, un caballo, un cochero y un amo, y volviendo al esquema, añadió:
—El hombre es una organización compleja. Está formado de cuatro partes que pueden estar conectadas, no conectadas, o mal conectadas. El carruaje está conectado al caballo por las varas, el caballo al cochero por las riendas, y el cochero a su amo por -la voz de su amo. Pero el cochero debe oír y comprender la voz del amo, debe saber cómo conducir; y el caballo debe estar adiestrado a obedecer a las riendas. En cuanto a la relación del caballo con el carruaje  debe estar correctamente enganchado. De esta manera, entre las cuatro partes de esta compleja organización existen tres relaciones, tres conexiones (ver Fig. 5 a pág. 134). Si una sola de ellas presenta algún defecto, el conjunto no puede funcionar como un todo. Las conexiones entonces no son menos importantes que »los cuerpos». Al trabajar sobre sí mismo, el hombre trabaja simultáneamente sobre los «cuerpos» y sobre las «conexiones». Pero se trata de dos clases de trabajo. “El trabajo sobre sí debe comenzar por el cochero. El cochero es el intelecto. A fin de poder oír la voz del amo, ante todo el cochero no debe estar dormido — se debe despertar. Luego, puede suceder que el amo hable un lenguaje que el cochero no comprenda. El cochero debe aprender este lenguaje. Cuando lo sepa, comprenderá a su amo. Pero esto no basta, debe también aprender a conducir el caballo, a engancharlo, a alimentarlo, a cuidarlo, y a mantener
bien el carruaje — porque no serviría de nada el que comprenda a su amo, si no está en
condiciones de hacer algo. El amo da la orden de partida. Pero el cochero es incapaz de
marchar porque no ha alimentado al caballo, no lo ha enganchado, y no sabe dónde están las riendas. El caballo representa las emociones. El carruaje es el cuerpo. El intelecto debe aprender a gobernar las emociones. Las emociones siempre arrastran al cuerpo. Este es el orden en que se debe llevar el trabajo sobre sí. Pero fíjense bien: el trabajo sobre los «cuerpos», es decir sobre el cochero, el caballo y el carruaje, es una cosa. Y el trabajo sobre las «conexiones», es decir, sobre la «comprensión del cochero» que lo une a su amo, sobre las «riendas» que lo conectan al caballo, sobre las «varas» y los «arneses» que conectan el carruaje con el caballo — es algo totalmente diferente. “Sucede a veces que los cuerpos están en excelente estado, pero que las «conexiones» no se establecen. Entonces, ¿de qué sirve toda la organización?
Como sucede con los cuerpos no desarrollados, la organización total es entonces
inevitablemente gobernada desde abajo. En otras palabras: no por la voluntad del amo, sino por accidente.