La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

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¿Cómo debe comprenderse la evolución?

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¿Cómo debe comprenderse la evolución?”

“Para comprender la ley de la evolución del hombre, es indispensable captar que esta

evolución, más allá de cierto grado, no es en absoluto necesaria, es decir: de ningún modo

necesaria para el desarrollo propio de la naturaleza en un momento dado. En términos más

precisos, la evolución de la humanidad corresponde a la evolución de los planetas; pero el

proceso evolutivo de los planetas, para nosotros, se desarrolla a través de ciclos de tiempo

infinitamente largos. En el espacio de tiempo que el pensar humano puede abarcar, no puede

tener lugar ningún cambio esencial en la vida de los planetas, y por consiguiente no puede

tener lugar ningún cambio esencial en la vida

de la humanidad.

“La humanidad no progresa, ni evoluciona. Lo que nos parece ser progreso o evolución es una

modificación parcial que puede ser inmediatamente contrabalanceada por una modificación

correspondiente en la dirección opuesta.

“La humanidad, así como el resto de la vida orgánica, existe sobre la tierra para los fines

propios de la tierra. Y es exactamente lo que debe ser para responder a las necesidades

actuales de la tierra.

“Sólo un pensamiento tan teórico y alejado de los hechos, podría concebir la posibilidad de la evolución del hombre independientemente de la naturaleza circundante, o considerar la evolución del hombre como una gradual conquista de la naturaleza. Esto es completamente imposible. Ya sea que viva, muera, evolucione o degenere, igualmente el hombre sirve a los fines de la naturaleza, o más bien, la naturaleza se sirve igualmente —aunque quizá por motivos diferentes— de los resultados tanto de la evolución como de la degeneración.

La humanidad considerada como un todo jamás puede escapar a la naturaleza, ya que aun en su lucha contra ella, el hombre actúa de conformidad con los fines de la misma. La evolución de grandes masas humanas está en oposición a los fines de la naturaleza. La evolución de un pequeño porcentaje de hombres puede estar de acuerdo con estos fines. El hombre contiene en sí mismo la posibilidad de su evolución. Pero la evolución de la humanidad en su conjunto, es decir, el desarrollo de esta posibilidad en todos los hombres, o en la mayoría de ellos, o aun en un gran número, no es necesaria a los designios de la tierra o del mundo planetario en general, y de hecho, esto podría serle perjudicial o aun fatal. Hay, por consiguiente, fuerzas especiales (de carácter planetario) que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas y que las mantienen al nivel en que deben quedar.

“Por ejemplo, la evolución de la humanidad más allá de cierto grado, o más exactamente, más

allá de cierto porcentaje, sería fatal para la luna. Actualmente la luna se nutre de la vida

orgánica, se nutre de la humanidad. La humanidad es una parte de la vida orgánica; esto

significa que la humanidad es un alimento para la luna. Si todos los hombres llegaran a ser

demasiados inteligentes, ya no querrían ser comidos por la luna.

“Pero las posibilidades de evolución existen y se pueden desarrollar en individuos aislados,

con la ayuda de los conocimientos y de los métodos apropiados. Tal desarrollo puede

efectuarse sólo en interés del hombre, en oposición a las fuerzas y, se podría decir, a los

intereses del mundo planetario. Un hombre tiene que comprender esto: que su evolución no

interesa sino a él. A ningún otro le interesa. Y no debe contar con la ayuda de nadie. Porque

nadie está obligado a ayudarle, y nadie tiene la intención de hacerlo. Por el contrario, las

fuerzas que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas también se oponen a la

evolución de cada hombre. Toca a cada uno el chasquearlas. Mas si un hombre puede

chasquearlas, la humanidad no puede hacerlo. Ustedes comprenderán más tarde que todos

estos obstáculos son muy útiles; si no existieran, sería necesario crearlos intencionalmente,

porque sólo al vencer los obstáculos un hombre puede desarrollar en sí mismo las cualidades

que necesita.

“Tales son las bases de un concepto correcto de la evolución del hombre. No hay evolución obligatoria, mecánica. La evolución es el resultado de una lucha consciente. La naturaleza no necesita esta evolución; no la quiere y la combate. La evolución no puede ser necesaria sino al hombre mismo, al darse cuenta de su situación y de la posibilidad de cambiarla, cuando se da cuenta de que tiene poderes que nunca emplea, y riquezas que no ve. Y es en el sentido de lograr la posesión de estos poderes y de estas riquezas que la evolución es posible. Pero si todos los hombres, o la mayoría de ellos, comprendieran esto y desearan obtener lo que les pertenece por derecho de nacimiento, la evolución llegaría a ser otra vez imposible. Lo que es posible para cada hombre es imposible para las masas.

“El individuo tiene el privilegio de ser muy pequeño, y por lo tanto de no contar en la

economía general de la naturaleza, donde no cambia nada el que haya un hombre mecánico de

más o de menos. Podemos darnos una idea de la correlación de magnitudes comparándola a la

que existe entre una célula microscópica y nuestro cuerpo entero. La presencia o la ausencia

de una célula no cambia nada en la vida del cuerpo. No podemos ser conscientes de ello, y

esto no puede tener influencia sobre la vida y las funciones del organismo. Exactamente de la

misma manera, un individuo como tal es demasiado pequeño para influir en la vida del

organismo cósmico, con el cual está en la misma relación (en lo que se refiere al tamaño) que

la de una célula con todo nuestro organismo. He aquí precisamente lo que le puede permitir

«evolucionar», he aquí en qué se basan sus «posibilidades».

“En cuanto a la evolución, es indispensable convencerse bien, desde el principio mismo, que

nunca existe evolución mecánica. La evolución del hombre es la evolución de su conciencia.

Y la «conciencia» no puede evolucionar inconscientemente. La evolución del hombre es la

evolución de su voluntad, y la «voluntad» no puede evolucionar involuntariamente. La evolución

del hombre es la evolución de su poder de «hacer», y el «hacer» no puede ser el

resultado de lo que «sucede».

Gurdjieff en FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA P. D. OUSPENSKY


La Octava DEL HOMBRE Michel Congé

El estudio del Rayo de Creación

EL HOMBRE Michel Congé

Estoy convencido de que en un momento dado se le hace
imposible a todo hombre sobrepasar ciertos niveles en su
tentativa interior si no deja penetrar en su ser un saber tan
psicológico como cósmico.

Michel Conge
(discipulo de Mme de Salzmann en Paris).

Pero este saber no nos ha sido transmitido como un todo
organizado, sino de una manera fragmentada, y una de las
grandes labores que nos puede incumbir sería la
reconstrucción del corpus de ideas sobre el cual está
fundamentada esta enseñanza.
He entresacado dos frases de M. Gurdjieff dichas por
Ouspensky:
“Para una comprensión exacta, es necesario un lenguaje
exacto”.
“La propiedad fundamental de este nuevo lenguaje es que
todas las ideas se concentran alrededor de una sola idea;
en otros términos, todas se contemplan en su relación
mutua, desde el punto de vista de una idea única. Esta es la
idea de la Evolución”.
Esta conclusión subraya con fuerza el lugar esencial de la
idea de la evolución. Y si nos quedaba una duda, la
siguiente definición extraída igualmente de “Fragmentos”,
terminaría de convencernos: “La evolución del hombre, es
la evolución de su conciencia (…), la evolución de su
voluntad (…), la evolución de su poder de “hacer”.
Pero cuidémonos, en este punto, de no dejar que nuestro
esfuerzo de comprensión se deslice hacia una forma
limitativa. No llevemos la idea de la evolución a la noción
mucho más estrecha de la evolución del hombre, -incluso
dando a la palabra “hombre”, el sentido más amplio posible
-, porque la evolución del hombre no es sino un aspecto del
problema. Esta limitación nos impediría toda comprensión.
Si bien nuestra propia evolución puede devenir un
problema lacerante para nosotros, lo tenemos que situar,
integrarlo sin cesar en su verdadero marco.
La evolución es ante todo un problema universal. Sin este
carácter universal, nuestra propia pregunta pierde todo
significado y ninguna esperanza podrá aparecer.
Para permitirnos pensar de forma más audaz, he situado
ante nosotros los diagramas paralelos de la gran octava
cósmica, de la octava lateral y de los cuatro cuerpos del
hombre.
El problema de la evolución me aparece indisociable del
problema de la Vida, de la Creación y del Ser – debo
abrirme más profundamente a esta idea del Ser y a pesar
de que sea incapaz de vivirla, me debo preparar, aunque
hoy solo sea de forma teórica. No hay sino un Ser. Él es lo
impensable y lo incognoscible. Sin embargo, es de Él que yo
debo partir y a Él que yo debo volver.