La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

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E L ESFUERZO CONSCIENTE Jeanne de Salzmann

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¿Por qué comienzo a trabajar? Para saber lo que me incita a hacer
un esfuerzo necesito una atención más consciente. Esa atención no
puede ser mecánica, porque debe ser constantemente rectificada para
que pueda durar. Habrá entonces alguien que vigile, y ese vigilante
representará un estado de conciencia diferente.
Cuando me retiro de la vida para abrirme a mí mismo, en algún momento
me siento pertenecer a un orden diferente. Recibo esa impresión,
tomo conciencia de ella. Ahora esa impresión va a formar parte de mi
Presencia. Está allí para ayudarme. O bien la relaciono con un momento
de esfuerzo y la hago entrar en una asociación consciente, o bien ella
se va a asociar inconscientemente y no me ayudará. Debo hacerla aparecer
conscientemente, asociándola con otra impresión. Entonces, debo
vigilar, con una atención voluntaria, para conservar una impresión consciente
de mí mismo el mayor tiempo posible.
Hay momentos accidentales de recuerdo de sí debidos a impresiones
conscientes o no conscientes. Esas impresiones recurren en nosotros,
no sabemos cómo. Pero se nos escapan y se pierden porque
no están relacionadas, no están asociadas intencionalmente. No tenemos
ninguna actitud voluntaria delante de ellas y sólo nos pueden
conducir a una reacción ciega. Necesito adoptar una actitud más consciente
respecto de ellas. Al ver que de un momento a otro no soy el
mismo, siento la necesidad de un punto de referencia, de medir esos
estados diferentes en relación con algo que siempre permanece igual
en mí. Todo mi trabajo gira alrededor de ese punto de referencia. Para
mí, él representa mi comprensión actual de lo que es ser un ser consciente.

Se necesita un sacrificio para conservar el sentimiento de Presencia
que conozco en el momento del esfuerzo. Debo aceptar renunciar intencionalmente
a mi voluntad ordinaria y hacerla servir. Todo depende
de mi participación activa. En general enfatizo demasiado la meta de
no dejarme llevar, de no perder mi estado. Olvido hasta qué punto necesito
ayuda. Confío en algo que nunca me sostendrá y no le pido
ayuda a lo más fino que tengo. Entonces nada me sostiene y estoy
desvalido. No puede ser de otra manera.
El sentimiento pasa por fases relacionadas con la atención. Al activarse,
la atención adquiere algo más fino y es capaz de asir lo que
pasa en otros niveles donde las vibraciones tienen una longitud de
onda diferente. Cuando tengo el sentimiento de mi presencia estoy
en relación con fuerzas superiores y al mismo tiempo con fuerzas inferiores.
Estoy en el medio. No puedo tener una sensación de mi sin
la participación de las fiierzas inferiores que trabajan en mi. Atención
consciente significa algo que está entre dos mundos.
Lo que es difícil de comprender es que nada es posible sin esftierzo
consciente, y que el esfiaerzo consciente está relacionado con la naturaleza
superior. Sola, mi naturaleza inferior no puede llevarme a la
conciencia. Es ciega. Pero cuando despierto y siento que pertenezco
a un mundo superior, ésa no es sino sólo una parte de mi esfuerzo
consciente. Sólo me vuelvo realmente consciente cuando estoy abierto
a todas mis posibilidades superiores e inferiores.
Sólo hay valor en el esfuerzo consciente.

 


ESTAR AQUI Y AHORA – JEANNE DE SALZMANN

J. Salzmann¿Qué significa estar presente, estar aquí, ahora?

Lo pienso.

Tengo la sensación de esto.

Lo siento.

Los tres centros están presentes con la

misma fuerza, con una intensidad que viene del mismo grado de

actividad.

Lo siento como una energía que circula más libremente entre

ellos y que no es retenida más en uno que en otro. Esa energía es

voluntariamente alimentada por esas tres partes hacia una misma dirección.

Hay una dirección común que conlleva la posibilidad de una

acción consciente en la cual el impulso viene de los tres centros al

mismo tiempo. Quiero conocer con todas las partes de mí mismo.

Para estar presente a mí mismo, debo comprender cómo trabaja

mi mente, comprender que la función del pensamiento es situar y explicar,

pero no vivir la experiencia. Ese pensamiento está hecho de

saber, de conocimientos acumulados que se presentan bajo la forma

de imágenes y asociaciones. Captura la experiencia para hacerla entrar

en las categorías de lo conocido. Si se callara podría ver algo nuevo.

Pero en cuanto interviene, transforma inmediatamente esa experiencia

en algo antiguo, en algo que ya fue objeto de una experiencia. La imagen

despierta en mí una reacción inmediata. Y entonces siempre se

repite la misma cosa. Nunca algo nuevo.

¿Puedo decir hoy que sé lo que yo soy? ¿Me permite la actitud de

mi mente abordar realmente esa pregunta? Es más importante de lo

que pienso. ¿Estoy convencido de mi ignorancia y de la inutilidad de

todo lo que creo saber? Incluso si lo digo, no lo siento realmente. Me

gusta mi saber. Siempre quiero aportar una respuesta o llegar a una

conclusión. Estoy condicionado por eso. Todo lo que conozco, lo que

sé, condiciona mi mente y limita mi percepción. Todo lo que conozco,

lo que sé, es una masa de memorias, de recuerdos, que me empuja a

acumular, a repetir experiencias de la misma índole.

Necesito ver que mi mente siempre es movilizada por las exigencias

del yo ordinario, por sus asociaciones, por sus reacciones. Eso

la corrompe. Un pensamiento movilizado por las asociaciones no es

libre, no está libre en su movimiento. Los trayectos que atraviesa están

llenos de obstáculos, de barreras, bajo formas de imágenes, ideas fijas

o experiencias. Inmovilizan o cambian el curso del pensamiento, otorgándole

la impresión de una continuidad. Pero la continuidad no está

en el material que ocupa el pensamiento. Está en la energía misma.

El hecho de creer en ese material mantiene esa energia presa en el

circulo de los pensamientos. Pierde toda movilidad y agudeza. Se

vuelve cada vez más débil y el pensamiento se vuelve pequeño y obtuso.

Percibimos esto a través de las tensiones constantes de la cabeza,

de la cara y del cuello.

Mi pensamiento está sometido al yo ordinario. Esto es lo que impide

que la mente esté tranquila. Sin embargo, su apaciguamiento no

vendrá de que yo me retire de mi mente, sino de que la comprenda.

No vendrá de una lucha contra ese hecho. Ella no me llevará a la liberación.

Sólo viéndolo me puedo liberar de ese condicionamiento.

No es ignorándolo o negándolo que alcanzaré a liberarme. Sólo crearé

un nuevo condicionamiento. Asimismo, necesito ver que la mente es

el centro de mi yo ordinario, del ego. Ese yo busca la seguridad. Tiene

miedo y se identifica para encontrar esa seguridad; es una batalla perpetua.

Toda mi conciencia habitual consiste en juzgar, condenar, aceptar

o rechazar. Eso no es realmente la conciencia. En ese estado, sin

la tranquilidad de la mente, nada real me podrá ser revelado.

Jeanne de Salzmann


El trabajo con la señora de Salzmann

S

Jeanne de Salzmann, al cumplir 100 años

El hombre tiene una función especial que otras criaturas no pueden cumplir. Puede servir a la Tierra al convertirse en un puente para ciertas energías superiores. Sin esto, la Tierra no puede vivir de la manera adecuada. Pero el hombre, tal como es por naturaleza, está incompleto. Para cumplir la función que le es propia necesita desarrollarse. Hay una parte en él que está insatisfecha con su vida. A través de las tradiciones religiosas o espirituales puede llegar a darse cuenta de lo que esa parte necesita. Jeanne de Salzmann

Un corazón sin medida 

Ravi Ravindra

Quedarse enfrente

…Reflexioné largo tiempo sobre lo que yo quería, pero no estaba claro para mí. ¿Cuál era mi

aspiración? Quiero saber si hay un propósito para mi existencia aquí en la tierra, saber lo que se pide de mí y tratar de realizarlo. Algo que está llegando a ser bien claro es que necesito cambiar radicalmente,

experimentar una metanoia, volverme hacia dentro, hacia lo que es real y esencial. ¿En cuál estadio de mi vida me habré vuelto tan viejo copio para tomarme el mundo tan en serio?

Mi llegada a París no pudo ser más inoportuna. A causa de un feriado religioso, todo estaba

cerrado, hasta la Maison. Empece a sentir mucha lástima de mí mismo por mi piala suerte. Pero es increíble cuan poco sabe uno lo que realmente es bueno para sí. Parece difícil permitir que las fuerzas ayuden. Yo siempre intervengo, pensando que sé más. En realidad las vacaciones terminaron pueden ser de gran ayuda: pude ver a la señora de Salzmann en seguida ya que no estaba tan ocupada como de costumbre con las reuniones y otras actividades en la Maison.

La señora de Salzmann parecía contenta del esfuerzo que había hecho sólo en llegar hasta allí y en tratar de aprender algo de francés. Le interesó el hecho de que antes de ir a verla había estado en la Alianza Francesa y me había matriculado para cuatro horas diarias de francés. Me dijo: “\Me doy cuenta de cómo hace usted las cosas”. Ahora que sabía que no hablaba francés, me dijo que en las reuniones podría preguntar en inglés.

Tres días después de haber llegado a París recibí un telegrama que la señora de Salzmann me

había enviado a Canadá y que me había sido remitido desde allá. Decía: “Si usted no habla francés, será difícil. Venga por unos pocos días y veremos. Afectuosamente, Jeanne de Salzmann”. Menos mal que nunca recibí ese telegrama antes de viajar.

Había llegado a París con toda clase de reservas. La gente en Nueva York me había dicho que

los franceses no eran nada cálidos con los extranjeros. Esa no ha sido mi experiencia. Ni ha sido así en mis viajes anteriores. He recibido mucho más de lo que me hubiera atrevido a esperar o a imaginar. La señora de Salzmann me recomendó que participara en todo: las clases de movimientos, las reuniones de grupo, las sesiones de meditación. Me sugirió que me reuniera con toda la gente mayor en el Trabajo.

Además, quería verme ella misma a menudo.

Almorcé con la señora de Salzmann y con Michel al día siguiente. Me impresionó el hecho de

que ella comiera muy liviano. Hablamos acerca de muchas cosas, incluso de Krishnamurti, a quien ella apreciaba mucho y consideraba un ser humano excepcional. Le dije que a mí Krishnamurti me resultaba demasiado santo. Y que lo que me había interesado de la enseñanza de Gurdjieff era que él incluía todo, hasta el Diablo.

Hay algo tan enteramente razonable, normal y digno de amor en la señora de Salzmann!

Desborda de amor, pero no hay en ello nada sentimental. Tiene un enorme sentido común y tiene sitio para todo y para todos -en su debido lugar-. Krishnamurti, en cambio -indudablemente un ser muy elevado- parecía tan correcto, tan bueno, casi un santo. Para él, era obviamente cuestión de principio insistir en que los procesos deben ser excluidos, en que las tradiciones no son sino trampas, en que el pensamiento en todos los niveles engendra miedo, en que uno no debe tener nada que ver “con dinero, sexo y todo eso”. Le conté a la señora de Salzmann sobre una conversación que tuve con Krishnamurti.

Yo le había dicho a él que de la misma manera que un buzo necesita ser lastrado con algún material pesado para poder llegar más profundo en el océano, él debería usar un cinturón de plomo a fin de bajar hasta nuestro nivel; de lo contrario, su extrema liviandad le impide ponerse en contacto con nosotros, en la Tierra. El me preguntó: “¿Qué quiere usted decir? ¿A qué tipo de cinturón se refiere? Y yo le contesté: “Krisnaji… un poquito de carne y de sexo”.

Le pareció graciosa mi observación, pero se negó a entrar en esa discusión y me dijo: “Usted es demasiado inteligente para su propio bien”.

La señora de Salzmann fue generosa como siempre al decir: “Usted puede darse cuenta de la

libertad interior que tiene Krishnamurti. Pero él no tiene una ciencia del ser. El señor Gurdjieff nos trajo una ciencia del ser”.

Delante de la señora de Salzmann, Michel dijo: “Por lo que a mí concierne, el mejor consejo que puedo darle es quedarse en el darshana de mi madre tanto como le sea posible”. Me impresionó su uso de esa palabra en sánscrito, comúnmente usada y comprendida en la India. Me estaba recomendando permanecer bajo su mirada, en su presencia, ponerme bajo su amparo.

Después del almuerzo, la señora de Salzmann y Michel encendieron sus cigarrillos. Ella me

ofreció uno, pero yo le dije que no fumaba. Con una mirada de lo más malvada y traviesa, me preguntó:

“Y usted, monsieur, cuál es su debilidad?”

En mi rechazo del cigarrillo debió haber algún sentimiento de “soy-más-santo-que-tú”. Su

sonrisa podría haber desconcertado al más pío de los santos. Me reí y le pregunté si debía hacer un catálogo de mis pecados. No era más que una broma bienintencionada. Me ofrecí para cualquier tarea que hiciera falta: lavar los platos, escribir a máquina… lo que fuera. Michel dijo que encontraría algo para mí.

Más tarde, de vuelta en el lugar donde estaba alojado, resolví fumar de vez en cuando. A pesar de lo mucho que detestaba el cigarrillo, estoy seguro de que sería peor ser un santurrón.

La señora de Salzmann me preguntó sobre qué estaba trabajando. Ya lo había hecho antes. Le

dije que estaba tratando de observar mi respiración y también de hacer algunos ejercicios respiratorios regularmente. Me pidió que le mostrara esos ejercicios. Lo hice. Cuando le pregunté si era deseable continuar con ellos, me dijo: “No lo llevarán muy lejos, pero no le harán ningún daño. Si los encuentra útiles, hágalos”.

Le dije que deseaba comprender de manera concreta las grandes ideas del Trabajo. Las conozco, pero no conozco la realidad que está directamente tras ellas. Me sorprendí hasta cierto punto oyéndome decir: “Je ne les conais pas directement, immediatement.” (No las conozco de manera directa, de manera inmediata).

Le dije que algunas veces, en la enseñanza o en la reunión de grupo, vuelvo a la vida, y a

menudo me sorprendo por lo que digo. Me dijo: “Es necesario tener esa relación. En esas situaciones, ella establece la conexión”.

“Las ideas son necesarias. Durante años, el señor Gurdjieff trabajó sobre las ideas con

Ouspensky. En un momento dado, cambió hacia el trabajo directo. Ouspensky seguía queriendo ideas y explicaciones y Gurdjieff se negaba. Esa es la razón en parte de que Ouspensky se alejara. Es necesario ahora trabajar directamente a fin de conectar la mente y el cuerpo”.

Esto es algo sobre lo que ella ha estado insistiendo y yo debo tratar de comprenderlo en la

experiencia. Ella dijo: “No puedo hacerlo pero tengo que tratar. Si no se hace una conexión, quédese enfrente de la falta de conexión. Es necesario conocer esta carencia. Yo no puedo hacerlo, pero puede hacerse en mí. Y tengo un papel que desempeñar”.

“La Tierra está en intercambio con niveles más altos de existencia. Para esto se requiere de un

instrumento. La humanidad es ese instrumento. Este intercambio no es automático; requiere trabajo”.

En una reunión de grupo la señora de Salzmann puso gran énfasis en la participación activa.

Sentí claramente que esto era muy importante. Veo mi enorme pasividad. Actúo como si yo no tuviera ninguna responsabilidad real por mi propia evolución, como si fuera una cuestión de gracia que tengo de alguna manera garantizada. Ella dijo que el señor Gurdjieff había traído una ciencia del ser, pero veo que algo en mí no acepta el hecho de que hay leyes exactas de evolución espiritual. Sigo soñando y esperando que la ley no se aplique a mí, de que pueda ganarme una lotería espiritual y despertarme en un nivel más alto.

Tengo una imagen recurrente de la señora de Salzmann exhortando, cuestionando. ¿Se trata de mi propia conciencia?, ¿de mi otro yo? Aparte de tener una sensación más clara de mi cuerpo, me parece que nada cambia, que nada sucede, que nada se hace. Paso la mayor parte de mi vida en una especie de somnolencia en la que nada está claro y nadie se distingue nítidamente. Es como si no estuviera vivo para nada ni para nadie, ni siquiera para mí mismo. Tengo el sentimiento definido de que nada cambiaría en mí, ni siquiera si alguien muy cercano muriera. Sin duda que me dolería. Expresaría un duelo y todo eso, pero no habría un cambio radical. El asunto es que frente a la muerte o frente a la vida, al éxito o al fracaso, no me siento realmente vivo y presente al momento. No estoy conectado con lo que está sucediendo. Es como si todo esto le sucediera a otro. El hecho de ser una criatura mortal que lenta, pero inevitablemente está muriendo, no parece impresionarme. Soy como un hombre borracho que pasa frente a alguien que grita pidiendo socorro; el hombre se detiene por un momento, siguiendo cierto reflejo, y mira fijamente el origen de aquel sonido, sin comprender; entonces, se queda allí o sigue su camino, sin saber lo que está haciendo, ni por qué lo hace.

Pareciera que no tengo idea de cómo hacer un esfuerzo. Todo lo que aprendo de cualquier

esfuerzo es que no soy capaz de hacer un esfuerzo. Actúo como si me pareciera muy bueno que otro viniera y tomara el mando y la responsabilidad de mi vida. ¿Quién lo haría?, ¿por qué? Además, ¿dejaría yo que alguien lo hiciera?, ¿soy capaz de seguir instrucciones?, ¿de obedecer?, ¿dejaré que algo venga a perturbar mi comodidad?

Durante una reunión de grupo en Nueva York, la señora de Salzmann me preguntó por qué yo

no hablaba. Dije -y ya lo había pensado antes, estaba preformulado que siempre que ella hablaba, todo estaba muy claro para mí, pero más tarde, cuando estaba solo, nada estaba claro. Todos rieron y ella dijo que eso no era completamente cierto. Haciendo un gesto con todo el cuerpo, dijo que de una u otra manera yo siempre me las arreglaba. La señora Welch dijo entonces que yo era muy inteligente.

Después de una pausa, como si se dirigiera a todos, dijo: “Hablen ahora. Si se atreven, tal vez puedan encontrar algo acerca de su rasgo principal”.

Tuve la sensación de que había algo que podía ver; pero no lo veía claramente. Tal vez sólo esto: de alguna manera yo me las arreglo para escurrir el bulto y salir airoso de cualquier situación –con palabras y con ideas- a fin de evitarme el ver. Hay un miedo de ver mi propia verdad.

La señora de Salzmann puso mucho énfasis en la atención. La atención es todo lo que tenemos; es decir, la atención es todo lo que somos capaces de aportar. Lo demás está fuera de nuestro control.

Lo que tenemos que exigirnos es atención. No sólo tenemos que prestar atención, sino también pagar con nuestra atención.

La señora de Salzmann reiteró la necesidad de establecer una conexión entre los centros, no sólo como una idea, sino como una experiencia. Ella dijo: “Incluso con una mente excelente, un cuerpo sensible y unos muy buenos instintos, se necesita una conexión entre la cabeza y el cuerpo. Ninguno de los dos debe ser más fuerte que el otro. Deben tener igual fuerza. Entonces, el sentimiento aflorará”.

“Traten por algún tiempo. Quédense frente al hecho de que no están conectados. Traten de

nuevo después de tres o cuatro horas. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Dije que algunas veces siento la necesidad de una fuerza exterior; como si necesitara a otro que me disciplinara por la fuerza.

Ella dijo: “Si es necesario, aplíquese un castigo, o prívese de algún placer”.

He pensado algunas veces en castigar el cuerpo o privarlo de algún placer, pero algo en mí se las arregla para justificar el no hacerlo. Me doy cuenta de que hay una enorme posibilidad de autoengaño y autojustificación que surge del ensueño constante. Necesito luchar contra mi pasividad -tanto de la mente como del cuerpo- y recordar su indicación: “Quédense frente al hecho de que no están conectados. La voluntad y una iniciativa activa son necesarias”.

Nueva York, 1973-79; Halifax, marzo de 1980; París, mayo de 1980.


DOS VIDAS Jeannet de Salzmann

 

salzmann1Dos VIDAS 

Contrariando la mecanicidad

Uno debería pensar seriamente antes de decidirse a trabajar sobre

sí mismo con la meta definida de llegar a ser consciente y de desarrollar

una relación con los centros superiores. Ese trabajo no admite

ninguna componenda y exige una fuerte disciplina. Es necesario estar

dispuesto a obedecer las leyes. * ;

Puedo estudiar el sistema de las ideas, pero si no me doy cuenta de

mi mecanicidad y de mi impotencia, esto no me llevará lejos. Las condiciones

pueden cambiar y puedo perder toda posibilidad. El pensamiento

no debe permanecer perezoso. Hay que comprender la necesidad

de introducir los principios del trabajo en mi vida personal. No

podemos aceptar que una parte de nosotros mismos piense falsamente

y al mismo tiempo esperar que otra parte vaya a pensar correctamente.

Uno necesita vivir la enseñanza con todas las partes de sí mismo.

Es absolutamente necesario tener una sensación continua, una relación

constante entre el pensamiento y el cuerpo. De otra manera,

estoy tomado por el automatismo. La relación de la cabeza y el cuerpo

depende de una atención voluntaria, activa. Cuando la relación es

fuerte, hay una corriente de energía superior que pasa por la cabeza.

La atención debe ser mantenida voluntariamente sobre la relación entre

las energías de los centros. Uno ve que es necesario que nuestros

centros estén de acuerdo y, para hacer cualquier cosa juntos, deben

someterse a un amo común. Pero les es difícil ponerse de acuerdo,

porque si hubiera un amo ya no les sería posible hacer lo que quisieran.

Sin embargo, cuando no hay amo no hay alma…; ni alma ni voluntad.

Para que la relación no se pierda, necesito mantener todo el tiempo

un estado recogido. Debo aprender a contrariar mi subjetividad en la

vida cotidiana; por ejemplo, contrariar mis hábitos. Lo que habitualmente

tomo con la mano derecha, lo tomo con la izquierda. Al ir a la

mesa, me siento de una manera desacostumbrada. Todo el tiempo me

contrarío. Pienso en esto a menudo durante el dia, recordando que

quiero mantener mi atención, no perderla. Quiero conservarla en mí,

para mí, concientemente. Lo importante en nuestro trabajo es la lucha

interior. Sin esto, el tiempo pasará sin que aparezca ningtin cambio.

Uno debe aprender a no identificarse interiormente y a representar un

papel exteriormente. Uno ayuda a lo otro. Mientras lo hago, no me

identifico con nada. Sin ser fuerte en lo exteríor es imposible ser fiierte

en lo interior. Sin ser fuerte en lo interior, no es posible ser fuerte en

lo exterior. La lucha debe ser real. Cuanto más difícil, más vale.

Para representar un papel hay que estar presente a lo que sucede

a mi alrededor y al mismo tiempo a lo que pasa en mí. Dos clases de

acontecimientos, dos vidas, una en la otra, de orden diferente. La manera

de vivir ambas testimonia el poder de ser. Mientras no se pueda

representar su papel de esa manera, habrá intentos, impulsos, momentos

más intensos, pero no habrá poder. Es como una especie de

cruz sobre la que hay que clavarse para poder estar atento sin descanso,

un molde rígido que constituye mi límite. Soy consciente de este

límite, lo reconozco. Puedo entonces ser lo que soy. Sin el límite de

ese papel no es posible ninguna concentración de fuerzas. De esa manera,

mi vida exteríor se vuelve como un ríto, un servicio, para mi

vida interior.

El sufrimiento voluntario es el único principio activo en nosotros

que puede ser convertido en sentimiento superíor. Esto es necesario

para la creación del segundo cuerpo. En la lucha entre dos octavas,

el cuerpo debe rechazar su automatismo para someterse a la acción

de una fuerza más alta. Con el esfuerzo de seguir permaneciendo, la

energía crece y llega a tener una fuerza activa que lleva la fuerza pasiva

a obedecer. Esa energía debe ser mantenida ante todas las situaciones

de la vida. Es necesario llevarse hasta un cierto estado de Presencia

una y otra vez, hacer un esfuerzo consciente una y otra vez, hasta que

se forme algo que tiene su propia vida. Luego eso será indestructible.

Trabajamos para el mañana, para el futuro. Sufrímos conscientemente

hoy para conocer mañana la dicha verdadera.

LIBRO:

pordada-La-realidad-del-Ser-med


EXPERIMENTO EL YO SOY

EXPERIMENTO EL Yo SOY / Jeanne de Salzmann

No sé si ustedes ven que el problema que tenemos es el del sentimiento. Empezamos a ver la pobreza de cualquier emoción, sentimos la necesidad de un sentimiento más puro, más penetrante. Pero no llegamos en nosotros a la profundidad donde puede tener lugar una transformación.No abandono mis ídolos. Se despierta en mí un anhelo de ser más completamente yo mismo, de abrirme a una parte muy alta de mí mismo donde habita una fuerza emocional que conoce. Necesito escucharla. Para esto necesito alcanzar una profundidad de silencio donde mi sentimiento ya no esté atado a mi egoísmo habitual. Sólo en ese silencio esa fuerza es verdad.Quiero estar presente, mantenerme presente. Pero me siento impotente. Siento que no puedo querer, no puedo ser. No tengo un deseo fuerte, un querer fuerte. Necesito ayuda, necesito una fuerza de otra calidad. La ayuda me viene bajo la forma de un sentimiento más activo,dotado de más convicción; un sentimiento que viene del centro emocional superior. Conozco en ese momento una nueva posibilidad en mi Presencia que me sitúa diferentemente en relación con lo que me rodea y me da el sentido de mi Presencia. Pero no conozco esa ayuda y sólo recibo esa fuerza cuando experimento la necesidad imperiosa de ella. Ese llamado viene de la visión, cuando siento mi impotencia tal como soy. Entonces hay algo justo, algo verdadero en la conciencia que tengo de mi situación, y puedodesear la ayuda de esa fuerza, otra posibilidad de ser, y querer someterme a esa ley. Le doy un lugar en mí, atento a conformar la actitud de todas mis partes para recibirla. Mientras le dé el primer lugar, puedo recibir su ayuda. Pero ese sentimiento de impotencia es demasiado esquivo. De nuevo creo que puedo, tal como soy, y regreso a la imaginación de mi yo, a mi ceguera. ¿Cómo comprender la experiencia del sentimiento? Sabemos lo que es sentir algo, el contacto interior. Experimentar, sentir profundamente, pide otra calidad. El sentimiento no tiene nada que ver con «amar» o «no amar» y sin embargo se trata de la emoción. Experimento la tristeza y la felicidad. El sentimiento siempre se eleva; prende y se apaga. Y experimento, siento profundamente, «Yo soy». El sentimiento puro no tiene objeto. Sólo puedo comprender lo si soy capaz de ver sin una idea, de estar en contacto con «lo que es».Empiezo a ver que el mundo en el que vivo es un mundo de ficción. No es un mundo real. La visión que tengo de mí mismo no es la de mi propia realidad. Me veo a través de mi mente ordinaria, perdido en la imaginación que tengo de mí mismo. Sólo por breves instantes toco algo real de mí mismo: tengo el sentimiento de que yo soy. El sentimiento que tengo de mí mismo me hace conocer mi realidad. En ese momento, y solamente en ese momento, sé que yo soy. Estoy en la fuente. Tengo ahora una medida de mi realidad que es la realidad en sí misma más que mi estado habitual con mi percepción ordinaria. Esa realidad siempre está allí. Necesita volverse el centro de atracción de mi sentimiento.

 Gurdjieff dio el ejercicio «Yo soy» para trabajar sobre el sentimiento. En un estado de recogimiento experimento el sentimiento «yo». Lo dirijo a mi brazo derecho: «yo»; después tengo la sensación en mi pierna derecha: «soy».Después, tengo un sentimiento, pierna derecha; sensación, pierna izquierda; sentimiento, pierna izquierda; sensación, brazo izquierdo; sentimiento, brazo izquierdo; sensación, brazo derecho. Y cuando he hecho esto tres veces, cada vez con el sentimiento «yo» y la sensación «soy», siento todo el cuerpo: «yo», y siento todo el cuerpo: «soy». Experimento «yo» siempre como sentimiento; «soy», como sensación.El sentimiento es una calidad más intensa de sensación. Este ejercicio puede también ser practicado en canon empezando por la pierna derecha, pierna izquierda y así sucesivamente. De la misma manera, «yo soy» puede ser remplazado por «Señor…, ten piedad».

LA REALIDAD DEL SER

EDITORIAL GANESHA


LA CONSCIENCIA EN EL CENTRO DEL CENTRO.

 LA CONSCIENCIA DE ESTAR AQUÍ
Jeanne de Salzmann
Hay en mí algo muy real que soy yo. Pero siempre estoy cerrado
a ello, pidiendo a todo lo externo a mí que me lo pruebe. Siempre estoy
en la superficie de mí mismo, siempre vuelto hacia lo exterior
para tomar algo o para defenderme. Puede ser que haya otra disposición
en la que nada tengo que tomar, he de recibir. Recibir una impresión
que nada de lo exterior me puede dar; la impresión de ser algo,
de tener un sentido por mí mismo. El movimiento de conocer es un
movimiento de abandono. Hay que abrir las manos.
En los momentos de mayor atención, tengo la conciencia de «estar
allí»: una mirada, una luz, la conciencia que conoce. La conciencia
está allí. No puedo ponerlo en duda. Y, sin embargo, no le doy confianza,
no la siento como «Yo mismo», «Yo», mi naturaleza esencial.
Creo que puedo buscar  la conciencia, ver la conciencia, conocerla.
La tomo como objeto de observación. Pero yo no puedo ver la conciencia.
Es la conciencia la que ve y la que conoce. Me doy cuenta
de esto si la siento como detrás de mi cuerpo o como una visión desde
arriba. No hay un observador; hay un conocimiento. Pero si la siento
como en mi cuerpo, me parece que el yo es el cuerpo y que la conciencia
es un atributo del cuerpo.
Comienzo a sentir lo que quiere decir ser verdadero. Es el momento
en que mi pensamiento se conoce tal como es y mi sentimiento se
conoce tal como es. Es el momento en que aparece en mí un pensa-
miento de otra clase, inmóvil, sin palabras, capaz de contenerlas, y
donde el sentimiento de mi esencia y no de mi forma puede contener
esa forma. Tengo un pensamiento nuevo y un sentimiento nuevo que
pueden ver el hecho, «lo que es».
Sólo hay realidad para mí hoy en dia en mi esfuerzo por estar presente
a mi mismo. Lo demás no es real porque todo es deformado por la pantalla
de lo mental, que me impide estar en contacto con la naturaleza de
las cosas. Primero me hace falta ir hacia mi propia naturaleza, estar despierto
a la conciencia del Yo y sólo estar atento a eso. La conciencia es
siempre conciencia de sí mismo. Uno puede llamar el sí mismo como
quiera: Dios, la sede de la conciencia. El punto es que el sí mismo es el
centro, el corazón mismo de nuestro ser, sin el cual no hay nada.
Mi atención aprende a concentrarse hacia ese centro y a quedarse
allí. Aprendo a comprender lo que es ese acto de Presencia, ese movimiento
activo de Presencia, siempre amenazado por un movimiento
pasivo en la dirección opuesta. Tengo el sentido de una realidad que
no puedo poseer; soy yo, lo que soy en el fondo de mi ser. Pero siento
que reconocerlo me pide algo. No sé qué. Esta realidad pertenece a
un nivel de percepción que nunca he explorado. Mi avidez me separa
de ello, impidiéndome comprender cuál es mi sitio. Siempre estoy
allí para tomar o recibir lo que se me debe, sin el respeto que es lo
único que me permitirá una apertura sin condiciones.
Empiezo a darme cuenta de que a lo que busco acercarme no es
solamente mío, no sólo está en mí, sino que es inmenso y mucho más
esencial. Ante eso, mis tensiones se relajan, una tras otra, hasta el momento
en que experimento, como el don de una unidad, una Presencia
recogida. Ésta trae consigo una cuestión vital. Está en tela de juicio
a cada segundo, nunca cierta, nunca segura, siempre tan incognoscible
que me exige todo de mí. Entonces existo con el sentido de una fuerza
misteriosa que es mejor no nombrar y que me ha traído a esta unidad.
¿A qué influencia me abro?… Quiero saber. Estoy aquí. No estoy encerrado,
aprisionado en una parte de mi ser. Estoy consciente de ser un todo.
 

LA PRIMERA INICIACIÓN JEANNE DE SALZMANN

LA PRIMERA INICIACIÓN

JEANNE DE SALZMANN

CAPÍTULO 1: UN LLAMADO A LA CONCIENCIA………………………………. 35

El recuerdo de sí…………43

5. Dónde está nuestra atención……………………………..43

6. La primera iniciación……………………………………………….. 45

7. ¿Podemos volvernos conscientes?………………………………. 46

8. El que vigila…………………………………………………………… 48

Aprender a ver es la primera iniciación al conocimiento de sí. Jeanne de Salzmann

Detrás de todas mis manifestaciones existe el deseo de conocerme, de darme cuenta de que existo y cómo existo. Pero, cuando se producen mis contactos con el mundo, simultáneamente se forma una imagen de mí. Estoy apegado a esa imagen, porque la confundo conmigo y busco afirmarla y protegerla. Soy esclavo de esa imagen. Y estoy tan apegado a ella y tomado por sus reacciones, no tengo ya atención disponible para saber que soy algo diferente.

Tal como soy, no reconozco nada más allá de mí, ni afuera ni en mí mismo. En teoría tal vez, pero no en la realidad. De manera que no tengo una referencia con la cual medirme y vivo únicamente de acuerdo con “me gusta” o “no me gusta”. Sólo me aprecio a mí y vivo pasivamente según lo que me agrada. Esa apreciación de mi yo me ciega. Es el mayor obstáculo para una vida nueva. La primera exigencia para un trabajo en dirección

a la consciencia de sí es cambiar esa apreciación, lo cual sólo puede suceder si veo en mí mismo algo que antes no había visto. Y para ver tengo que aprender a ver. Ésa es la primera iniciación al conocimiento de sí.

Trato de verme tal como soy en el estado de identificación; trato de experimentarme como soy cuando estoy identificado. Necesito conocer la enorme dimensión de la fuerza que está detrás de la identificación y de su movimiento irresistible. Esa fuerza que nos sostiene en la vida no quiere el recuerdo de sí. Ella nos arrastra hacia la manifestación y rechazar el movimiento hacia el interior.

Verme en la identificación es ver que estoy en la vida. Pero cada vez que recuerdo mis posibilidades más altas, me pierdo y rechazo lo que soy en la vida. Es rechazo me impide conocerla. Tengo que ser astuto para atraparme sin cambiar nada, sin cambiar mi deseo de manifestarme. Necesito verme como una máquina arrastrada por todos los procesos que aparecen: los pensamientos, los deseos, los movimientos. Necesito conocerme como máquina, estar presente cuando funciono como máquina. ¿Quién soy en la vida?

Página 45

Tengo que experimentarlo y tener una impresión de ello más consciente.

Para hacer frente a la fuerza de la identificación, tiene que haber algo presente, algo que presencie, una atención estable, libre, que aspire a otro nivel. Quiero estar presente a lo que pasa, permanecer consciente de mí , no perderme. Mi esfuerzo proviene de algo que no forma parte de mis medios ordinarios. Necesito de cierta voluntad y de un deseo que mi persona ordinaria no conoce. Mi yo ordinario debe ceder su puesto. A fuerza de mantener la atención y no olvidarme de mirar, tal vez un día podré ver una segunda vez, y si esto se repite, ya no seré capaz de no ver.

Para observar, tengo que luchar. Mi naturaleza ordinaria rechaza la observación de mí mismo. Necesito preparar, organizar mi lucha contra el obstáculo, retirarme un poco de mi identificación – de hablar, de imaginar, de expresar emociones negativas – para poder observar. Una lucha consciente exige una elección y una aceptación. No es mi estado el que debe dictar esa elección. Debo escoger la lucha por estar presente y aceptar que el sufrimiento aparecerá. No hay lucha sin sufrimiento. La lucha es inaceptable para mi naturaleza inferior. Eso perturba. Por eso es tan importante recordar lo que uno quiere: el sentido de nuestro trabajo y de nuestra Presencia. Si me niego a satisfacer un hábito, por ejemplo el de comer o sentarme de una cierta manera, no estoy luchando para cambiar ese hábito. Y cuando trato de no expresar las emociones negativas, no estoy luchando contra las emociones mismas, o para destruir su expresión. Es una lucha contra nuestra identificación, de forma que la energía, que de otra manera se desperdiciaría, sirva para el trabajo.

 No luchamos contra algo. Luchamos por algo.

PARA LEER MÁS DE SALZMANN

Para los que nos gusta comparar aquí les dejo una versión que pulula por ahí de dudosa apariencia, pero rica en entonaciones, ustedes saquen sus propias conclusiones sin dejar de ver que lo que importa es llegar a la verdad.

Here’s the translation of a text often quoted in this forum, and called “The First Initiation”, by Jeanne de Salzmann (one of Gurdjieff’s pupils). It’s an important text, so I think it’s good to make it available in French also, and in other languages if possible.

No figura en el libro

Ustedes verán que en la vida reciben exactamente lo que pusieron en

ella. Su vida es un espejo de lo que ustedes son, es su propia

imagen. Ustedes son pasivos, ciegos y demandantes. Ustedes toman todo,

aceptan todo, sin ningún sentimiento de endeudamiento. Su actitud hacia el

mundo y hacia la vida, es la actitud de alguien que tiene el derecho

de demandar y de tomar. De uno que no necesita pagarlo o ganarlo.

¡Creen que todas las cosas son debidas a ustedes, sólo porque son

suyas! Todas sus cegueras están ahí. Pero esto no captura su

atención.

Y es lo que siempre separa, en ustedes, un mundo del otro.

Ustedes no tienen una medida para medirse a ustedes

mismos. Viven sólo entre: “Yo quiero esto” y “Yo no quiero aquello”.

Lo cual significa, que sólo tienen apreciación por ustedes mismos. No

permiten que nada esté arriba de ustedes, quizás teórica y lógicamente, pero no en la realidad. Éste es el por qué ustedes siempre están demandando, y permanecen pensando que todo debe ser barato, y que pueden permitirse pagar por cualquier cosa que quieran.

No reconocen nada superior a ustedes mismos, ni fuera de ustedes

mismos, ni dentro de ustedes mismos. Éste es el por qué, lo repito,

ustedes no tienen una medida y viven sólo para satisfacer sus propios

antojos

¡Sí, su apreciación de ustedes mismos los mantiene ciegos! Este es el

mayor obstáculo hacia una nueva vida. Uno tiene que ser capaz de

pasar este obstáculo, este umbral, antes de que pueda continuar. Esta es la

prueba que separa la “cascarilla” del “trigo” en la gente. No importa

qué tan inteligente, qué tan dotado, qué tan brillante sea un hombre,

si él no cambia su opinión acerca de él mismo, estará perdido para el

desarrollo interior, para el trabajo basado en el conocimiento de sí

mismo, para una evolución real. Permanecerá tal y como es toda su

vida.

La primera demanda, la primera condición, la primera prueba para el

que quiere trabajar sobre sí mismo, es cambiar su apreciación de él

mismo. Él no puede sólo imaginarlo, o simplemente creer o pensar

acerca de ello, sino “ver” en la actualidad cosas en él mismo que no

había visto antes, realmente verlas. Su opinión acerca de él mismo

nunca cambiará, mientras no vea dentro de él mismo. Y para poder ver,

tiene que aprender a ver, y esta es la primera iniciación del hombre

dentro del conocimiento de él mismo.

Antes que cualquier otra cosa, tiene que saber a qué

mirar. Y una vez que lo conozca, tendrá que hacer esfuerzos,

focalizar su atención, y mirar constantemente, con tenacidad. Por mantener su

atención sobre eso, por no olvidarse acerca del mirar, quizás un día

podrá llegar a ver. Si él ve una vez, el puede ver otra vez, y si es

repetido, no podrá ignorar el ver. Este es el estado del mirar en

nuestras propias observaciones; es a partir de esto que el verdadero

deseo, el deseo de evolucionar, nacerá. De fríos nosotros llegaremos

a ser calientes, vibrantes; seremos tocados profundamente por nuestra

propia realidad.

Hoy sólo tenemos la ilusión de lo que nosotros somos. Nos

sobrestimamos a nosotros mismos. No nos respetamos a nosotros mismos.

Para respetarme a mí mismo, tengo que reconocer en mí una parte que

Es superior a las otras partes, y hacia la cual mostraré respeto por la

actitud que tenga hacia ella. De esta manera yo me respetaré a mí

mismo. Y mis relaciones con los otros serán reguladas por el mismo

respeto.

Tenemos que comprender que todas las otras unidades de medida:

talentos, erudición, cultura, genio, son unidades cambiantes,

unidades de detalle. La única y verdadera medida nunca cambia, es Objetiva, es

la única real, y es la medida de la visión interior. “Yo” veo, “Yo me

veo a mí mismo”, y ustedes se habrán medido. Con una parte superior,

real, ustedes habrán medido una parte inferior, también real. Y esa

medida, definirá por sí misma los respectivos roles de cada parte, y

aparecerá en ustedes el respeto por ustedes mismos.

Pero ustedes verán que no es fácil. Y que no es una

ganga. Uno tiene que pagar bastante. Para los malos pagadores, para los

perezosos, para los perdedores, no hay oportunidad alguna. Uno debe

pagar, pagar bastante, pagar inmediatamente y pagar por adelantado.

Pagar desde uno mismo, con esfuerzos sinceros, con entusiasmo, sin

expectativas. Lo más que ustedes voluntariamente paguen, sin

evasiva, sin trampas, sin falsedades, lo más que ustedes recibirán.

A partir de ese momento, ustedes encontrarán su verdadera naturaleza.

Y verán todos los trucos, todas las deshonestidades que utilizan para

evitar pagar de contado. Porque ustedes tendrán que pagar con todas

sus teorías gratuitas, con todas las convicciones profundamente

enraizadas, con todos los prejuicios, con todas las conveniencias,

con  todos sus “yo quiero esto” y “yo no quiero aquello”. Sin regateos,

honestamente, no con creencias. Traten de ver cuándo utilizan moneda

falsa.

Traten por un momento de aceptar la idea de que ustedes no son lo que

piensan que son, que se sobrestiman a ustedes mismos, y que por lo

tanto, se mienten a ustedes mismos. Que ustedes siempre se mienten a

ustedes mismos, a cada momento, a todo lo largo del día, durante la

totalidad de su vida. Que la mentira los regula hasta el extremo de

que ustedes no pueden controlarla nunca más. Ustedes son su víctima.

Ustedes mienten en todas partes. Sus relaciones con los otros,

mienten. La educación que ustedes están dando, sus hermosas

convicciones, mienten. Su erudición, miente. Sus teorías, su arte,

mienten. Su vida social, su vida familiar, todo miente. Y lo que

ustedes piensan de ustedes mismos, también miente. Pero ustedes no

detienen lo que están haciendo, ni lo que están diciendo, porque

ustedes creen en ustedes. Ustedes tienen que detenerse internamente y

observar. Observar sin prejuicios.

Y por mientras, acepten por un tiempo esta idea de la mentira. Y si

ustedes observan de esta manera, pagando por ustedes mismos, sin

autocompasión, por dar todas sus riquezas por un instante de

realidad, quizás algún día, ustedes verán repentinamente algo en ustedes que no

habían visto con anterioridad. Verán a otro diferente de lo que

ustedes pensaban que eran. Verán que ustedes son dos. Uno que no es, pero que toma el lugar y juega el rol del otro. Y el otro que es,

pero que es débil y tan inconsistente, que con sólo ponerlo al frente

desaparece inmediatamente. Éste no puede soportar la mentira. La

menor mentira lo mata. Éste no pelea, no resiste, es vencido por

adelantado.

Aprendan a mirarse hasta que ustedes hayan observado la diferencia

entre sus dos naturalezas, hasta que ustedes hayan visto la mentira,

el impostor en ustedes. Cuando ustedes lleguen a ver sus dos

naturalezas, ese día, en ustedes, la verdad habrá nacido.


J. SALZMANN: BIOGRAFÍA

LA REALIDAD del SER

El Cuarto Camino de Gurdjieff

Jeanne de Salzmann:

 BIOGRAFÍA:

El Cuarto Camino es un camino de la comprensión que requiere el despertar de otra inteligencia. J.Salzmann

Jeanne de Salzmann nació en 1889 en Reims, Francia, la Mayor de cinco hijos de Jules Allemand y Marie- Louise Matignon, ambos descendientes de antiguas familias francesas. Fue educada en Ginebra, Suiza, en un hogar donde predominaba la interacción de la fuerte fe protestante de su padre y el catolicismo devoto de su madre. Pasó muchos ratos de su infancia escuchando a sacerdotes y ministros que a menudo iban a cenar a casa de sus padres, donde se debatían temas teológicos. Esto generó en ella a muy temprana edad una necesidad apremiante de comprender la verdad subyacente en la fe cristiana de sus padres. La madre de Jeanne la llevaba a misa los domingos hasta que siendo niña, en medio de una homilía de sacerdote, susurró ¡mentira! Siempre sintió que su padre comprendía su espíritu independiente. La educación de Jeanne se concentró en la música, para la cual mostró dotes excepcionales de niña prodigio. Empezó estudios de piano a la edad de cuatro años y condujo una orquesta completa a los quince. Durante ese período, el Conservatorio de Ginebra contaba con músicos famosos de otros países, entre los que se destacaba Jaques Dalcroze, un innovador ampliamente reconocido por sus obras de composición improvisación y danza. A los diecisiete años, Jeanne fue elegida, junto con un puñado de estudiantes dotados, para acompañarlo al recientemente inaugurado Instituto Dalcroze en la localidad de  Dresde, Alemania, y ofrecer demostraciones de su obra en capitales  de toda Europa. Fue durante años con Dalcroze que Jeanne conoció a Alexandre Salzmann escenografía, un reconocido pintor ruso que asistía a Dalcroze en la escenografía e iluminación de sus demostraciones. Se casó con Salzmann en Ginebra en 1912, y regresó con él a su hogar en Tbilis, en el Caúcaso, donde comenzó su propia escuela de música basada en el Método Dalcroze.

En 1919, Gurdjieff  llegó a Tbilis con un pequeño grupo de seguidores, que incluía a Thomas de Hartmann. Fue a través de los De Hatmann que los De  Salzmann conocieron a Gurdjieff, un encuentro que iba a cambiar el curso de sus vidas. La primera impresión de Jeanne fue inolvidable: la presencia de Gurdjieff, y especialmente su mirada penetrante, producía una impresión extraordinaria. Uno sentía que era visto realmente, expuesto por una visión que nada escondía, y al mismo tiempo uno no era juzgado ni condenado. Inmediatamente se establecía una relación que eliminaba todo miedo y, al mismo tiempo lo enfrentaba a uno con su propia realidad. En Gurdjieff y su enseñanza Jeanne de Salzmann encontró el camino hacia la verdad que había anhelado desde niña.

En menos de un año la conflictividad en Rusia se había extendido hasta el Caúcaso, y Gurdjieff se vio obligado  a abandonar Tbilis junto con sus seguidores. Para esa fecha los De Salzmann estaban totalmente comprometidos con él y con su trabajo. Para poder partir con él renunciaron a su casa y demás posesiones, y Jeanne dejó atrás su escuela y alumnos. El grupo viajó primero a Constantinopla, luego a Berlín y finalmente se estableció en Fontainebleau, cerca de París en 1922. Jeanne de Salzmann permaneció cerca de Gurdjieff y trabajo a su lado en los grupos hasta su muerte. Estuvo entre el puñado de alumnos incluido en lo que él llamaba trabajo especial para una sensación más consciente.

La señora De Salzmann desempeño el papel principal en la introducción y práctica de los ejercicios de danza que Gurdjieff llamaba Movimientos. En Tbilis, ella organizó su primera clase con alumnos de su escuela de música. Entre 1923 y 1924, en París  y Nueva York, ella misma fue una participante central en las demostraciones. Y en los años cuarenta integró por su cuenta una clase y lo invitó a él, una vez más, a practicar los Movimientos. Posteriormente organizó el material de acuerdo con la meta y los principios que él le había enseñado. Después de su muerte, realizó unas series de films para preservar los movimientos en su forma auténtica.

Antes de morir, Gurdjieff encargó a la señora De Salzmann vivir más de cien años, para poder establecer su enseñanza. Le legó todos los derechos sobre sus escritos y los Movimientos, así como también sobre la música que de Hartmann había compuesto con él. Durante los cuarenta años siguientes organizó la publicación de esos libros y la preservación de los Movimientos. También publicó las partituras musicales para acompañar los Movimientos, pero cedió a los herederos de Gurdjieff  todos los derechos del resto de la música Gurdjieff/De Hartmann, por que según su explicación, esas composiciones no formaban parte de la enseñanza.

La señora De Salzmann estableció centros Gurdjieff en Paría, Nueva York e Londres y Caracas. Allí organizó grupos y clases de Movimientos, luego introdujo los sittings prolongados para el trabajo especial juntos.

La señora de Salzmann murió en 1990 en París a la edad de 101 años.

 


LA ATENCIÓN Estudio

LA ATENCIÓN

ESTUDIO

La contribución de Gurdjieff:

En términos empíricos, la contribución de Gurdjieff  a un enfoque moderno de la atención es indiscutiblemente única. En los primeros días de la psicología experimental, la atención era un concepto central para hombres como Wilhelm Max Wundt, Edward Bradford Tichener y Willians James. No obstante la experimentación de esos pioneros no se basó en la propia experiencia y acabó por transformarse en un estéril debate académico entre la escuela funcionalista –que concebía la atención como un proceso- y la estructuralista – que se ocupaba de la claridad sensorial-. También deberíamos mencionar la figura alguna vez prominente y actualmente ignorada de Pierre-Marie-Félix Janet, padre del análisis psicológico, quien sostenía persuasivamente que pacientes con atención deficiente tenían dificultades para sintetizar experiencias y por lo tanto eran pasibles de disociación histérica. Así mismo merece mención por el énfasis práctico puesto sobre la relajación y la atención, la oscura figura de Roger Vittoz de Lausanne, el analista de T. S. Eliot (ver The Discovery of the Unconscious: the History and Evolucition of Dynamic Psychiatry, de Henri F. Ellenberger, Allen Lane, The Penguin Press, 1970).

Willian James (1842-1910) decía “mi experiencia consiste en lo que accedo a prestar atención”, pero fue Gurdjieff el que exploró esa idea transformándola en una práctica  para lo movilización y dirección de la atención dentro del contexto de una fenomenología persuasiva de la conciencia. En la última década del siglo XX, diversas propuestas (gestalt, psicología transaccional, teoría de aprendizaje, junguianos, kleininanos y freudianos) han relegado la atención a la periferia ideológica y metodológica, por lo que los únicos que siguen trabajando sobre la atención (según sus cánones, un desafío esencial para acceder a la comprensión) son los laicos gurdjieffianos.

James Moore; Gurdjieff Anatomía de un Mito, 1991

Por este motivo vamos a estudiar la Atención:

…un desafío esencial para acceder a la comprensión.

Sabes la comprensión resulta de la conjunción del saber (intelecto) y del ser . Ahora debemos regresar al estudio de los centros y al estudio de la atención y luego más adelante  dar el salto del recuerdo de sí, porque estos son los únicos caminos a la comprensión.

El significado de la atención a nivel de definición de diccionario  es: f. Cortesía, Urbanidad, demostración de respeto; como vemos de  entrada no tiene nada que ver con un prestar atención a los procesos interiores, ni tomar consciencia de sí. No  niego que estar atento a los otros no sea de gran valor, pero para nuestro trabajo interno como diría Nuestro Querido Mujaj Nassr Eddin: Vaya! Qué no se ve en el mundo! ¡Una pulga puede a veces hasta tragarse un elefante! Gurdjieff; 1949

El prestar atención: un poco de historia

 El prestar atención a primera vista parece un acto natural, sin embargo si la estudiamos un poquito veremos que no es tan así, y podríamos hacer una lista muy larga de cosas que creemos naturales y que no lo son, tanto más nos asombraríamos si nos damos cuenta que prestar atención ha sido una labor de siglos. Hoy en día diríamos que el eje de prestar atención se relaciona con el ámbito de nuestro trabajo, se nos exige en las oficinas y debemos llevar agenda para no perder la atención u olvidar. También en los trabajos de precisión y cuando estudiamos o nos concentramos,  más allá de eso ni se piensa en ello, más bien se piensa que es una suerte no tener que hacerlo, algo así como tomar descanso, irse de vacaciones. Pero no se nos ocurre prestar atención a sí mismo, excepto cuando nos miramos al espejo, de todo esto se puede deducir que prestar atención es totalmente superficial, automática y bajo coerción es decir si nos obligan o como se dice porque estamos obligados, o me lo requiere la circunstancia, esto es coerción.

En estudios sociológicos se señalan que fue la cultura occidental la que impuso a los largo del tiempo este tipo de educación, incluso la cultura de prestar atención era muchísima más rigurosa(Castigar y Vigilar, Foulcault) esta es justamente la evolución del prestar atención que nos enseñaron  lo largo de siglos, pero también se sabe que ha sido en las industrias donde se ha tenido que educar a los obreros, (taylorismo sus tiempos  y fordismo la producción en cadena) nada que a principios del S. XX no se supiera, se acuerdan la película Tiempos Modernos de Charles Chaplin. Pero todo esto tuvo una contrapartida política, demasiada rigidez al crecer la cultura de masas, las masas se revelaban, entonces se fueron aflojando las formas, se popularizó, por gracia la democracia. Pero no está de más decir que todo esto se refiere a una forma de prestar atención que tenían, pero bajo ningún punto de vista esta cultura atisbó otra calidad de atención excepto en las últimas décadas. Ahora fijémonos que nunca se hablo a lo largo de la historia de prestar atención a sí mismo, en general se hablaba de control, pero a nivel secular  más bien esa educación se ejercía por y ocasionaba represión (Freud). Cuando uno hace este tipo de estudios, uno aprecia más a Gurdjieff. Hoy en día el consenso en las Universidades, que es donde se trata estas cosas, es que no a la violencia y a las otras formas de represión, pero ahora el problema es cómo hacer prestar atención a los chicos.

Curiosamente, los ejercicios de prestar atención a sí mismo, cuando se practican bajo esas  formas ya sea por imposición  o por vehemencia generan lo contrario,  la vehemencia se la toma en Cuarto Camino como un exceso o desequilibrio de los centros.

 

Atención:

La atención desde el punto de vista de la observación de los centros podemos distinguir las partes de los centros y en que parte estamos nosotros. Sin atención, o con una atención errante, estamos en la parte mecánica; con la atención atraída por el objeto con  interés, estamos en la parte emocional; con la atención controlada y mantenida por nuestra voluntad en el objeto, estamos en la parte intelectual. De esta manera la atención es un indicador de nuestro estado interno a menos atención más distracción, más mecánicos. A más atención menos distracción. Pero pasa que la observación del intelecto generalmente se emancipa del resto, y al haber una interferencia del exterior nos sentimos molestos esto es porque no hubo una participación del centro emocional o este centro está desarmonizado.

 

Concentración:

Otro aspecto de la atención  sería concentrarla, que es por definición reunir en un punto o centro lo que está separado.  Esta idea se acerca bastante a nuestras ideas, si uno se dá cuenta que nuestras partes interiores están dispersas y si la mente está agitada se siente como que tironean. También esta idea de concentrarse nos acerca a la idea de los centros, con-centrar los centros es reunirlos alrededor de la atención y generar unidad, los centros en unidad, sobre todo se siente cuando se trabaja con el cuerpo en ejercicios. (en danza, yoga, tai chi, chi kung, tao chin, estiramientos)

La fuerza de atención:

Debemos entender a la fuerza de atención en un sentido más amplio, en diversas prácticas  taoístas se entiende bien,  se habla de  Yi (i), que significa el poder de  mente-ojo-corazón, es la unión dos o más  centros en una con el centro observador, que antes no existía en uno mismo, y va camino a ser tercera fuerza reconciliadora. La mente es el intelecto, el corazón centro emocional y el ojo la observación,  Yi es la fuerza combinada de estas mentes, es la “fortaleza de la mente”. Las mentes o los centros al observarlos tienden a producir otra calidad de energía, de hecho es la razón por la que se realizan los ejercicios de Cuarto Camino,  de Yoga, de Chi Kung, entonces desarrollar la fuerza de atención es tener cada vez más capacidad de observación y auto recuerdo. 

La división de la Atención:

Una de las cosas principales enseñadas en Cuarto Camino es la división intencional  entre uno mismo y el mundo exterior. Collin; 1952/241. Pero fue Peter Ouspensky quien describió esta práctica:

Yo hablo del recuerdo de sí, en lo que se refiere a la división de la atención: siendo ésta su

rasgo característico.

Me la representé de la siguiente manera:

Cuando observo algo, mi atención está dirigida hacia lo que observo.

Yo ———————————————> el fenómeno observado.

Cuando, al mismo tiempo, trato de recordarme a mí mismo, mi atención está dirigida a la vez

hacia el objeto observado y hacia mí mismo.

Yo <———————————————> el fenómeno observado.

P. Ouspensky; 1949/166 ed. Hachette

A lo que agrega Gurdjieff

Pero si «me recuerdo a mí mismo», no miro simplemente a la calle, yo siento que la miro, como si

me dijera a mí mismo: «Yo miro». En vez de una impresión de la calle, tengo dos

impresiones: una de la calle y la otra de mí mismo mirando a la calle. Esta segunda impresión

producida por el hecho de mi «recuerdo de mí», es el «choque adicional». Además, sucede

que la sensación adicional conectada con el «recuerdo de sí» trae consigo un elemento de

emoción.

En cuanto al centro emocional sería sentirlo libre de las emociones mecánicas y de las negativas, de aquellas que creemos emociones.

Otro aspecto a tener en cuenta es la memoria, que no desarrollaremos aquí. Pero la atención  alimenta la memoria, es que recordamos mejor los momentos de auto recuerdo, luego se distinguen del resto por que se recuerdan más vivos y reales.

El alerta:

El estar alerta es otra práctica que se relaciona con la atención.

A primera vista todos entendemos que es el alerta, sabemos que tiene que ver con el vigilar ante el peligro, Krippner; 1968  en su clasificación de los estados de consciencia alterados nos dá una definición de hiperalerta: se caracteriza por una vigilancia incrementada y prolongada mientras uno está despierto. Se puede inducir mediante drogas, actividades que necesitan concentración o mediante medidas de sobrevivencia como en operaciones militares (guardias, misiones peligrosas). Sin embargo para Camino esta sigue siendo una definición para prestar atención a lo externo, en cambio en esta enseñanza se le da un significado más sutil e interno, es la de estar alerta a los cambios internos que suceden mecánicamente y sin darnos cuenta, estar alerta a los cambios de humor, estar alerta al cambio de un Yo a otro Yo, alerta al engranarse con emociones negativas y esto requiere de esta destreza estar alerta, de agudizar el sentido interior para darme cuenta cuando me estoy identificando.

En este punto si realmente estamos alertas brota otra sensibilidad, más de una vez nos damos cuenta de la nadidad ante estos cambios, a la vez que se junta otra calidad de energía, por que uno siente que a la vez superó una dificultad interna, la de haberse metido en una cadena de mentiras, de sueño o negatividad lo cual conlleva a mayor identificación, a perderse en la vida.

 

 

En La Realidad del Ser de Jeanne Salzmann encontré esto:

5. Dónde está mi atención

Creo que necesito poner atención; pero en realidad, lo que necesito es conocer mi falta de atención.

Quiero estar consciente de mí. Tal como estoy es este momento: ¿puedo reconocerme, tener consciencia de mí? No puedo. Estoy demasiado disperso. No siento nada. Pero veo que estoy dormido y veo los síntomas del sueño. Me he olvidado de mí, he olvidado el sentido de mi existencia. Y en ese momento, recibo un choque: siento que me despierto, que quiero despertarme. Apenas experimento el choque, me siento tomado de nuevo, retenido por los elementos de mi sueño: las asociaciones que dan vueltas, las emociones que me toman, las sensaciones pasivas. Siento que vuelvo a caer en el olvido.

Uno no se da cuenta de cuan pasivo es, siempre arrastrado por los acontecimientos, las personas y las cosas. Empezamos el trabajo interno con mucho interés, conscientes de nuestra meta. Pero al cabo de cierto tiempo, el impulso se debilita, vencido por la inercia. La comprensión disminuye y uno siente la necesidad de algo nuevo que restaure el entusiasmo.

El hombre pasivo en nosotros, el único que conocemos, es el que recibe nuestra confianza. Pero mientras permanezcamos pasivos, nada nuevo ocurrirá. Hay que volverse activo en relación con nuestra inercia, en relación con el trabajo pasivo de nuestras funciones. Tenemos que buscar en nosotros el hombre nuevo, el que está escondido, es decir el del recuerdo, que hay que hacer crecer con la voluntad, paso a paso.

Debo reconocer que en mi estado habitual mi atención no está dividida. Cuando me abro a lo exterior, estoy seguramente interesado. Mi atención va allá. No puedo impedirlo. Si mi fuerza de atención está completamente tomada, estoy perdido en la vida, identificado. Toda mi capacidad de estar presente se pierde. Me pierdo, pierdo mi propio rastro, el sentimiento de mi mismo, mi existencia pierde su sentido. Entonces, el primer cambio requerido es un separación en la que mi atención se divide.

Nuestro esfuerzo debe ser siempre claro: estar presente, que es el comienzo del recuerdo de sí. Cuando la atención se divide, estoy presente en dos direcciones. Mi dirección se divide en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio. Es el acto del recuerdo de sí. Quiero mantener una parte de mi atención sobre la consciencia de pertenecer a un nivel superior y , bajo esa influencia, trato de abrirme al exterior. Debo hacer un esfuerzo de atención. Trato de conocer lo que realmente soy. Lucho por seguir estando presente, a la vez con un sentimiento de mi que se vuelve hacia una calidad mejor y otro hacia lo ordinario de mi estado.

Debemos ver donde está nuestra atención. ¿Dónde está nuestra atención cuando nos recordamos de nosotros? ¿dónde está nuestra atención en la vida? el orden sólo puede nacer cuando entramos en contacto directo con el desorden. Si miro lo que soy realmente, veo el desorden. Y donde hay un contacto directo, hay una acción inmediata. Comienzo a darme cuenta de que mi Presencia está donde está la atención.

 Donde está nuestra atención está Dios.

 Bibliografía 1

Del libro Gurdjieff: Anatomía de un Mito, James Moore 1991; Editorial Estaciones

* C. Daly King, The psicology of Consciousness, Kegan, PaulTrench, Trubner & Co., 1932,  capítulo X: “The Legitimacy of the Self-observation Technique”.

Bibliografía 2

Foulcault Michel,Castigar y Vigilar

Emile Dukheim, Educación y Sociología: La educación, su naturaleza y su papel, Editorial Península

Stanley Krippner; La experiencia mística, Selección de John White 1972, Kairos/Troquel

P. D. Ouspensky: Fragmentos de una enseñanza desconocida, 1949/1981

Collin Rodney: El desarrollo de la Luz, Editorial Yug S.A.1952/1991

Jeanne Salzmann; La Realidad del Ser, editorial Ganesha, 2011


JEANNET DE SALZMANN Nuevo Libro

La REALIDAD del SER

El cuarto Camino de Gurdjieff

LA REALIDAD DEL SER::

El Cuarto Camino de Gurdjieff

de Salzmann, Jeanne.

Ganesha, 2011.

El hombre
sigue siendo un misterio para sí mismo. Padece una nostalgia por el Ser, un
anhelo de duración, de permanencia, de Absoluto: un anhelo de ser.
Sin embargo, todo lo que constituye su vida es temporal, efímero, limitado.
Él aspira a otro orden, a otra vida, a un mundo que está más allá de él.
Siente que su propósito es participar.

Busca una idea, una inspiración, que pudiera moverlo en esa dirección. Esto
surge como una pregunta: «¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo en este mundo?» Si
esa pregunta llega a ser lo suficientemente viva, podría dirigir el curso
de su vida. Él no puede responder. No tiene nada con qué responder. Ningún
conocimiento de sí para enfrentar esa pregunta, ningún conocimiento que le
sea propio. Sin embargo, siente que debe darle la bienvenida. Se pregunta a
sí mismo qué es él. Éste es el primer paso en el camino. Quiere abrir sus
ojos. Quiere despertar.

Introducción:

Yo tenía treinta años y vivía en
la región en la región montañosa del Cáucaso, entonces parte del sur de Rusia,
cuando conocí a George Ivánovich  Gurdjieff. En esa época, trataba de comprender
el sentido de la vida, pero no estaba satisfecha con las explicaciones, que me
parecían teóricas y realmente poco útiles. Mi primera impresión de Gurdjieff
fue muy fuerte, inolvidable. Tenía una expresión que no había visto nunca, una
inteligencia y una fuerza que otros no tenían. No la inteligencia corriente de
la mente intelectual, sino una visión capaz de verlo todo. Al mismo tiempo, era
muy bondadoso y muy,  muy exigente. Uno sentía
que él veía y te mostraba lo que tú eras, de tal manera que no lo olvidarías
nunca más en tu vida.

Era realmente imposible conocer a  Gurdjieff,
porque la impresión que él daba no era nunca la misma. Frente a quienes
no lo conocían, representaba el papel de un maestro espiritual; hacia lo que
esperaban de él y luego los dejaba ir. Pero si veía que algunos buscaban algo
más, podía invitarlos a cenar y hablar de temas muy interesantes, divertidos y
hacerlos reír. Este comportamiento  parecía
más espontáneo y más libre. Pero ¿era realmente más libre o sólo lo parecía porque
él se lo proponía así?  Uno hubiera
podido pensar que conocía muy bien a Gurdjieff, pero luego él se comportaba der
manera diferente y uno se daba cuenta de que realmente no lo conocía. Era como
una fuerza irresistible que no dependía de forma alguna y, sin embargo
continuamente hacía surgir múltiples formas. Gurdjieff aportó conocimiento de
la conciencia, una ciencia que nos muestra de que estamos hecho, nuestra
capacidad y lo que necesita ser desarrollado. Es una verdadera comprensión de
las energías en nosotros, de su relación con nosotros mismos y con todo lo que
nos rodea. Gurdjieff ha venido a mostrar un camino espiritual, a traer una
enseñanza de la conciencia. ¿Qué es un camino?, ¿Qué  es la enseñanza de un camino?

El conocimiento esotérico es la
ciencia de las relaciones del hombre con Dios y con todo el universo. Este conocimiento
necesita de un compromiso con los otros _ eso que se conoce como las escuelas _
puesto que sólo en esas condiciones de trabajo puede producirse cierta clase de
energía. Las escuelas se diferencian entre sí por su saber y por su tipo de
práctica, pero tienen una sola meta común, ver la realidad. El conocimiento se
transmite de manera teórica y a través de la experiencia vivida, es decir, a
través de la vivencia del drama de seguir un camino que se reconoce como mejor.
Se  crea un vínculo sin el cual sería
imposible vivir al mismo tiempo en dos mundos de niveles diferentes.

La enseñanza de Gurdjieff habla al
hombre contemporáneo, es decir, a aquel que ya no sabe reconocer la verdad a
través de de las diversas formas bajo las cuales se revela desde los tiempos
más remotos, aquel profundamente
insatisfecho, que se siente aislado y carente de sentido. Pero ¿cómo
despertar en él una inteligencia capaz de distinguir lo real de lo ilusorio?

continúa …

En el Capítulo I podemos leer:

I – UN LLAMADO A LA CONCIENCIA. se desarrollan en tres secciones llamadas

Estoy dormido

El recuerdo de Sí

La necesidad de conocer

como epígrafes en cada uno encontramos esta frases.

El niño quiere tener. El adulto quiere
Ser.

El querer ser esta detrás de todas mis manifestaciones.

Aprender a ver es la primera iniciación al
Conocimiento de Si.

No luchamos contra algo. Luchamos por algo.

Creo que necesito poner atención, pero, en realidad, lo que necesito es conocer
es mi falta de atención.

Cuando comienzo a ver, comienzo a amar lo que veo.

Donde está nuestra atención, esta Dios.

En la primera sección Estoy dormido encontramos desarrollados estos temas donde encontramos esa frases.

1 La Nostalgia del Ser

2 La fuerza de la vida

3 yo no me conozco

4 Estoy dormido

Dentro de la Sección el Recuerdo de Sí

5 Dónde está nuestra atención

6 La primera iniciación

7 ¿Podemos volcernos conscientes?

8 El que vigila

Aquí les dejo del Capitulo I  UN LLAMADO A LA CONCIENCIA

 sección Recuerdo de Si en el punto 5 Donde esta nuestra atención  (Pag. 43) que se desarrolla ésta frase del epígrafe.

Creo que necesito poner atención, pero, en
realidad, lo que necesito es conocer es
mi falta de atención.

Quiero estar consciente de mí. Tal como estoy en
este momento, ¿puedo conocerme, tener conciencia de mí? No puedo. Estoy demasiado
disperso. No siento nada. Pero veo que estoy dormido y veo los síntomas de ese
sueño. Me he olvidado de mí, he olvidado el sentido de mi existencia. Y en ese
momento, recibo un choque: siento que me despierto, que quiero despertarme.
Apenas experimento el choque, me siento tomado de nuevo, retenido por los
elementos de mi sueño: las asociaciones que dan vueltas, las emociones que me
toman, las sensaciones pasivas. Siento que vuelvo a caer en el olvido.

Uno no se da cuenta de cuán pasivo es, siempre arrastrado
por los acontecimientos, las personas y las cosas. Empezamos un trabajo con
mucho interés, conscientes de nuestra meta. Pero al cabo de cierto tiempo, el
impulso se debilita, vencido por la inercia. La comprensión disminuye y uno
siente la necesidad de algo nuevo que restaure el entusiasmo, la vida. De esa
manera, nuestro trabajo interior avanza por etapas y depende siempre de fuerzas
nuevas. Esto está determinado por una ley. Hay que desechar la idea de que el
avance se realiza en forma continua y en línea recta. Hay etapas en las que la
intensidad disminuye y, si uno no quiere recaer es necesaria la aparición de
una fuerza más activa.

El hombre pasivo en nosotros, el único que
conocemos, es el que recibe toda nuestra confianza. Pero, mientras
permanezcamos pasivos, nada nuevo ocurrirá. Hay que volverse activo en relación
con nuestra inercia, en relación con el trabajo pasivo de nuestras funciones.
Si queremos cambiar, tenemos que buscar en nosotros al hombre nuevo, el que
está escondido; es decir, el del recuerdo, el que tiene una fuerza que sólo
puede ser dirigida por su voluntad y a quien hay que hacer crecer gradualmente,
paso a paso. Uno debe ver que es posible un estado más intenso, más activo.

Debo reconocer que en mi estado habitual mi
atención no está dividida. Cuando me abro a lo exterior, estoy naturalmente
interesado. Mi atención va hacia allá. No puedo impedírmelo. Si mi fuerza de
atención está completamente tomada, estoy perdido en la vida, identificado.
Toda mi capacidad de estar presente se pierde. Me pierdo, pierdo mi propio
rastro, el sentimiento de mí mismo, mi existencia pierde su sentido. Entonces,
el primer cambio requerido es una separación en la que mi atención se divide.

Nuestro esfuerzo debe ser siempre claro: estar
presente, que es el comienzo del recuerdo de sí. Cuando la atención se divide,
estoy presente en dos direcciones, tan presente como pueda. Mi atención se
dirige en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio. Es el acto del
recuerdo de sí. Quiero mantener una parte de mi atención sobre la conciencia de
pertenecer a un nivel superior y, bajo esa influencia, trato de abrirme al
mundo exterior. Debo hacer un esfuerzo para permanecer relacionado, un esfuerzo
de atención. Trato de conocer realmente lo que soy. Lucho por seguir estando
presente, a la vez con un sentimiento de mí que se vuelve hacia una calidad
mejor y con un sentimiento ordinario ligado a mi persona. Quiero ver y no
olvidar mi pertenencia a esos dos niveles.