La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

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LA REALIDAD DEL SER pdf

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LA REALIDAD DEL SER JEANNE DE SALZMANN PDF

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Musica de Gurdjieff Hartmann mp3

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Musica de Gurdjieff – Hartmann mp3

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LA CUESTIÓN DE SER Y HACER GURDJIEFF

GI3

 

 

“Para la definición del hombre, considerado desde nuestro punto de vista, el conocimiento contemporáneo anatómico, fisiológico o psicológico de sus síntomas no puede ayudarnos, puesto que son inherentes en distintos grados a todo hombre y, en consecuencia, se aplican por igual a todos. De ahí que no nos capaciten para encontrar la diferencia exacta que queremos establecer entre la gente. Dicha diferencia sólo puede formularse en los términos siguientes:

“El hombre es un ser que puede hacer y hacer significa actuar conscientemente por propia iniciativa y es haciendo que el hombre comprende”. G.I.Gurdjieff

 

Ser hombre – Gurdjieff

Cada hombre llega al mundo como una hoja de papel en blanco; luego la gente y las
circunstancias a su alrededor empiezan a rivalizar entre sí para ensuciar esta hoja y cubrirla
con escritos. Entran aquí la educación, la formación de la moralidad, la información que
llamamos conocimiento: todos los sentimientos de deber, honor, conciencia, etc. Y todos
pretenden que los métodos adoptados para injertar al tronco estos retoños conocidos como la
“personalidad del hombre” son inmutables e infalibles. Gradualmente se ensucia la hoja y
mientras más se ensucia con el así llamado “conocimiento”, más listo se considera al hombre.
Cuanto más hay escrito en el espacio llamado “deber”, más honesto se dice que es el
poseedor; y así es con todo. Y la misma hoja sucia, al ver que la gente considera su suciedad
como un mérito, cree que es valiosa. Este es un ejemplo de lo que llamamos “hombre”, al cual
aun agregamos frecuentemente términos tales como talento y genio. Sin embargo, el humor de
nuestro “genio”, cuando se despierta en la mañana, se arruina para todo el día si no encuentra
sus pantuflas junto a la cama.
El hombre no es libre ni en sus manifestaciones ni en su vida. No puede ser lo que desea ser ni
lo que cree que es. No se asemeja al retrato de sí mismo y las palabras “hombre, el ápice de la
creación’ no son aplicables a él.
“Hombre”, éste es un término para enorgullecerse, pero tenemos que preguntarnos ¿qué clase
de hombre? No el hombre, por cierto, que se irrita por trivialidades, que presta atención a
pequeñeces y se enreda en todo lo que lo rodea. Para tener derecho a llamarse hombre, se
debe ser un hombre; y este “ser” se obtiene sólo a través del conocimiento de sí y del trabajo
sobre uno mismo en las direcciones que llegan a ser claras a través del conocimiento de sí.

gurdjieff

Perspectivas desde un mundo real. 

¿Cómo debe comprenderse la evolución?

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¿Cómo debe comprenderse la evolución?”

“Para comprender la ley de la evolución del hombre, es indispensable captar que esta

evolución, más allá de cierto grado, no es en absoluto necesaria, es decir: de ningún modo

necesaria para el desarrollo propio de la naturaleza en un momento dado. En términos más

precisos, la evolución de la humanidad corresponde a la evolución de los planetas; pero el

proceso evolutivo de los planetas, para nosotros, se desarrolla a través de ciclos de tiempo

infinitamente largos. En el espacio de tiempo que el pensar humano puede abarcar, no puede

tener lugar ningún cambio esencial en la vida de los planetas, y por consiguiente no puede

tener lugar ningún cambio esencial en la vida

de la humanidad.

“La humanidad no progresa, ni evoluciona. Lo que nos parece ser progreso o evolución es una

modificación parcial que puede ser inmediatamente contrabalanceada por una modificación

correspondiente en la dirección opuesta.

“La humanidad, así como el resto de la vida orgánica, existe sobre la tierra para los fines

propios de la tierra. Y es exactamente lo que debe ser para responder a las necesidades

actuales de la tierra.

“Sólo un pensamiento tan teórico y alejado de los hechos, podría concebir la posibilidad de la evolución del hombre independientemente de la naturaleza circundante, o considerar la evolución del hombre como una gradual conquista de la naturaleza. Esto es completamente imposible. Ya sea que viva, muera, evolucione o degenere, igualmente el hombre sirve a los fines de la naturaleza, o más bien, la naturaleza se sirve igualmente —aunque quizá por motivos diferentes— de los resultados tanto de la evolución como de la degeneración.

La humanidad considerada como un todo jamás puede escapar a la naturaleza, ya que aun en su lucha contra ella, el hombre actúa de conformidad con los fines de la misma. La evolución de grandes masas humanas está en oposición a los fines de la naturaleza. La evolución de un pequeño porcentaje de hombres puede estar de acuerdo con estos fines. El hombre contiene en sí mismo la posibilidad de su evolución. Pero la evolución de la humanidad en su conjunto, es decir, el desarrollo de esta posibilidad en todos los hombres, o en la mayoría de ellos, o aun en un gran número, no es necesaria a los designios de la tierra o del mundo planetario en general, y de hecho, esto podría serle perjudicial o aun fatal. Hay, por consiguiente, fuerzas especiales (de carácter planetario) que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas y que las mantienen al nivel en que deben quedar.

“Por ejemplo, la evolución de la humanidad más allá de cierto grado, o más exactamente, más

allá de cierto porcentaje, sería fatal para la luna. Actualmente la luna se nutre de la vida

orgánica, se nutre de la humanidad. La humanidad es una parte de la vida orgánica; esto

significa que la humanidad es un alimento para la luna. Si todos los hombres llegaran a ser

demasiados inteligentes, ya no querrían ser comidos por la luna.

“Pero las posibilidades de evolución existen y se pueden desarrollar en individuos aislados,

con la ayuda de los conocimientos y de los métodos apropiados. Tal desarrollo puede

efectuarse sólo en interés del hombre, en oposición a las fuerzas y, se podría decir, a los

intereses del mundo planetario. Un hombre tiene que comprender esto: que su evolución no

interesa sino a él. A ningún otro le interesa. Y no debe contar con la ayuda de nadie. Porque

nadie está obligado a ayudarle, y nadie tiene la intención de hacerlo. Por el contrario, las

fuerzas que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas también se oponen a la

evolución de cada hombre. Toca a cada uno el chasquearlas. Mas si un hombre puede

chasquearlas, la humanidad no puede hacerlo. Ustedes comprenderán más tarde que todos

estos obstáculos son muy útiles; si no existieran, sería necesario crearlos intencionalmente,

porque sólo al vencer los obstáculos un hombre puede desarrollar en sí mismo las cualidades

que necesita.

“Tales son las bases de un concepto correcto de la evolución del hombre. No hay evolución obligatoria, mecánica. La evolución es el resultado de una lucha consciente. La naturaleza no necesita esta evolución; no la quiere y la combate. La evolución no puede ser necesaria sino al hombre mismo, al darse cuenta de su situación y de la posibilidad de cambiarla, cuando se da cuenta de que tiene poderes que nunca emplea, y riquezas que no ve. Y es en el sentido de lograr la posesión de estos poderes y de estas riquezas que la evolución es posible. Pero si todos los hombres, o la mayoría de ellos, comprendieran esto y desearan obtener lo que les pertenece por derecho de nacimiento, la evolución llegaría a ser otra vez imposible. Lo que es posible para cada hombre es imposible para las masas.

“El individuo tiene el privilegio de ser muy pequeño, y por lo tanto de no contar en la

economía general de la naturaleza, donde no cambia nada el que haya un hombre mecánico de

más o de menos. Podemos darnos una idea de la correlación de magnitudes comparándola a la

que existe entre una célula microscópica y nuestro cuerpo entero. La presencia o la ausencia

de una célula no cambia nada en la vida del cuerpo. No podemos ser conscientes de ello, y

esto no puede tener influencia sobre la vida y las funciones del organismo. Exactamente de la

misma manera, un individuo como tal es demasiado pequeño para influir en la vida del

organismo cósmico, con el cual está en la misma relación (en lo que se refiere al tamaño) que

la de una célula con todo nuestro organismo. He aquí precisamente lo que le puede permitir

«evolucionar», he aquí en qué se basan sus «posibilidades».

“En cuanto a la evolución, es indispensable convencerse bien, desde el principio mismo, que

nunca existe evolución mecánica. La evolución del hombre es la evolución de su conciencia.

Y la «conciencia» no puede evolucionar inconscientemente. La evolución del hombre es la

evolución de su voluntad, y la «voluntad» no puede evolucionar involuntariamente. La evolución

del hombre es la evolución de su poder de «hacer», y el «hacer» no puede ser el

resultado de lo que «sucede».

Gurdjieff en FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA P. D. OUSPENSKY

EL TRABAJO EN LA CALMA – N o r a S a b a t e r

Intensivos consejos  para la ampliación de la consciencia al levantarse, preparatorios para el recuerdo de Sí.

Alex_Grey-Ecstacy

Trabajo en calma y sensación de uno mismo
Este ejercicio  debe practicarse todos los días, preferentemente por la mañana,
tan pronto como sea posible después de levantarse. Es el «trabajo en calma». Antes de
comenzar el ejercicio propiamente dicho, es útil prepararse durante unos días de la
manera siguiente:
Antes de levantarse por la mañana, uno ha de concentrarse en su cuerpo y debe intentar
ser consciente de todas las sensaciones que se presentan. Hay que dejar que la atención
se pasee por cada parte del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Uno debe notar de
qué partes del cuerpo es consciente, y con qué claridad e intensidad. Hay que notar todas
las partes que parecen calientes o frías, los pequeños dolores o tensiones musculares
inútiles. Cuando uno se da cuenta de ellas, hay que dejarlas por el momento, sin intentar
relajarse prematuramente. En principio, hay que llegar a ser consciente de las situaciones
y de sus límites precisos.
Una vez levantado, durante el aseo, hay que intentar mantenerse consciente de las
sensaciones espontáneas del cuerpo: ¿es más fácil sentir las sensaciones de una parte
del cuerpo cuando se está en movimiento o cuando se está en reposo? A medida que
uno se vuelve cada vez más consciente de las diferentes sensaciones y movimientos del
cuerpo, se debe comenzar a notar si se encuentran combinaciones entre las diferentes
sensaciones y tensiones, es decir, los acontecimientos que van juntos, que
aparentemente forman un todo que se siente al mismo tiempo.
Se debe notar igualmente si, de tiempo en tiempo, uno retiene el aliento o incluso deja de
respirar durante un tiempo más o menos corto, y si se acompaña de alguna sensación o
tensión especial. ¿Existe una relación entre las modificaciones del ritmo respiratorio y la
mirada? ¿Cuándo se esfuerza en escuchar, en oír mejor? ¿Cuándo se experimenta
alguna sensación insólita en la piel? ¿Qué otras combinaciones de sensaciones
descubre?
Tras realizar correctamente tal preparación, se pasa al ejercicio propiamente dicho, la
sensación del cuerpo o de uno mismo. Debe ejecutarse, de ser posible, un par de veces
al día, después de levantarse y antes de acostarse.
Hay que sentarse bien derecho, sobre una silla dura, con la espalda recta, los pies
descansando firmemente sobre el suelo, juntos, y las palmas de las manos sobre los
muslos, tan cerca de las rodillas como sea posible. Los dedos deben dirigirse hacia
adelante, pero no han de permanecer rígidos; el índice, paralelo al muslo, y los otros
dedos, colocados sin tensión a cada lado. La cabeza debe estar en equilibrio sobre la
columna vertebral, erguida, pero sin tensión ni rigideces. Cuando uno comienza el
ejercicio, un cojín colocado entre la espalda y la silla ayuda a sostener la columna
vertebral bien recta. El cuerpo debe permanecer distendido, sin caerse de la silla, y el
espíritu debe tranquilizarse. La mirada debe dirigirse hacia delante, y replegarse el
mentón hacia el cuello, pero sin tensión alguna.
A continuación, se cierran los ojos. Se relajan todos los músculos en la medida de lo
posible, comenzando por los pequeños músculos faciales. Es más fácil si los ojos,
cerrados tras los párpados, miran hacia abajo.
Cuando uno está seguro de que todos los músculos del cuerpo se han relajado por
completo, hay que verificar aún el estado de los músculos faciales, del cuello, de los
hombros y del resto de las articulaciones. Entonces hay que dirigir toda la atención sobre
el brazo derecho. Uno llega a ser consciente del brazo entero, desde la punta de los
dedos hasta el hombro. Hay que tomarse el tiempo necesario, asegurarse bien de que se
experimenta en efecto, en esa parte del cuerpo, una sensación a la cual no se está
habituado. Se sabe que uno tiene un brazo derecho fijando la atención en el brazo. A
partir de que uno es consciente del brazo derecho, hay que retirar súbita y
completamente la atención, y llevarla sobre la pierna derecha: se es consciente de la
pierna entera, desde la punta de los dedos hasta el muslo y la ingle derecha.
En la medida de lo posible, hay que llegar a «ser» la pierna derecha. No hay que permitir
que nada coexista con ella en el consciente. No se debe tener prisa, pero una vez
consciente de la sensación de toda la pierna, se debe retirar una vez más la atención y
fijarla, de la misma manera, sobre la pierna izquierda. Después, cuando uno está
preparado, hay que retirar la atención de la pierna y llevarla al brazo izquierdo, y cuando
se haya conseguido, decirse interiormente, en silencio y con convicción: «sé que estoy
aquí».
De nuevo se repite el proceso, pero esta vez intentando conservar la sensación en cada
miembro tanto tiempo como sea posible.
Nunca hay que permitir que desaparezca la sensación en contra de la voluntad. Esta
segunda vez es, a menudo, más fácil que la primera y se tiene la consciencia de una
cierta sensación en cada miembro. La sensación experimentada se expresa de manera
diferente de una persona a otra.
Una vez más, hay que efectuar el recorrido completo del ciclo, es decir, brazo derecho,
pierna derecha, pierna izquierda, brazo izquierdo, y llevar entonces la atención sobre el
resto del cuerpo, desde los órganos sexuales hasta la cabeza, esforzándose en mantener
esta sensación del cuerpo entero durante tanto tiempo como sea posible. Después, hay
que retirarla completamente antes de que desaparezca por ella misma. Cuando se haya
conseguido, hay que decirse de nuevo interiormente y con una gran convicción: «siento
que soy ahora». Durante ambas veces, pasando de una parte del cuerpo a la siguiente,
se retira la atención de la parte sentida y, entonces, se cesa de sentir. En la tercera y
última vez hace falta el esfuerzo de no perder la sensación de las diferentes partes del
cuerpo pasando de una parte a otra. Es decir, cuando se efectúa el repaso, no hay que
retirar toda la atención, sino que hay que guardar la atención suficiente para continuar
sintiendo la parte «abandonada» hasta el final del ejercicio. De esta manera, cuando se
efectúa el proceso completo del cuerpo, la persona es consciente al mismo tiempo de la
sensación de cada parte del cuerpo y del cuerpo como un todo. Hay que guardar esta
sensación global el máximo tiempo antes de retirar la atención y terminar el ejercicio.
La tercera y última vez se efectúa de la manera siguiente:
Se dirige la atención sobre el pulgar de la mano derecha, y si es posible, hay que llegar a
ser consciente incluso de su uña; después, sobre el índice y, uno tras otro, sobre el resto
de los dedos de la mano. Entonces, hay que dejar una parte de la atención en los dedos y
pasar a la palma, después, al dorso de la mano, y de ahí, al puño. Se continúa guardando
una parte de la atención en cada parte abandonada a medida que se sube a lo largo del
brazo: antebrazo, codo, brazo, hombro y axila. La persona debe ser consciente, en ese
momento, del entero brazo derecho, desde las uñas hasta la punta del hombro y la axila.
Después, hay que enfocar la atención progresivamente en sentido inverso, es decir,
comenzando por el hombro y terminando por los dedos. Una vez que se ha retirado
completamente la atención del brazo, hay que reemplazarla de golpe por la atención al
brazo entero y continuar siendo consciente de la sensación de este brazo, mientras uno
continúa el ejercicio efectuando el mismo proceso para el resto de miembros (pierna
derecha, pierna izquierda, brazo izquierdo).
Se continúa probando la sensación en los cuatro miembros, y se fija la atención sobre los
órganos sexuales externos e internos. En ese momento, se avanza desde lo bajo hacia lo
alto del cuerpo subiendo por la columna vertebral y sintiendo el recorrido en cada nivel
sucesivo: espalda, costados, vientre, pecho, cuello y, al final, la cabeza.
En relación a la cabeza, se empieza por la sensación del mentón, el labio inferior, las
encías y los dientes de la parte inferior, la lengua, el paladar y el interior de la boca, las
encías y los dientes de la parte superior, el labio superior, la mejilla derecha, la mejilla
izquierda, la nariz, el ojo derecho, el ojo izquierdo y la frente. Llegados a este punto, se
siente la cara por entero, como una máscara. Se pasa a la frente, el cuero cabelludo, la
oreja derecha, la oreja izquierda y la nuca. Se retiene la sensación del cuerpo entero
(extremidades, tronco, cuello y cabeza) durante tanto tiempo como sea posible. Entonces,
antes de retirar la atención del cuerpo, uno se dice a sí mismo de la misma forma que en
procesos anteriores: «aquí, ahora, yo soy». Una vez acabado el ejercicio de sensación
corporal, hay que ser consciente de que uno mismo es quien ha realizado el esfuerzo de
dirigir la atención sobre su cuerpo por propia voluntad. Hay que estar seguro de
acordarse siempre que ninguna otra persona puede dirigir el cuerpo de uno ni controlar la
propia atención. Sólo uno mismo, el yo, es capaz de hacerlo.
En tal estado de saber, de sentir el yo que reacciona, es cuando verdaderamente se
comienza a experimentar, a ser consciente. Esto se llama «recordarse a uno mismo»,
«ser consciente de uno mismo», «presencia de uno mismo» o «sensación de uno
mismo». Este estado es muy especial, y cuando la persona llega con éxito a probarlo, a
sentirlo, tal estado se puede reconocer en el futuro por su «gusto» particular y singular.
Hay que hacer el esfuerzo de acordarse de dicho gusto para ser capaz de conectarlo, a
voluntad, todas las veces que uno se olvida de querer estar en ese estado.
El esfuerzo de practicar el ejercicio para llegar a ser consciente de la sensación del
cuerpo, y no olvidarse de hacerlo, el «trabajo en calma», procura un beneficio
inestimable, según el pensador, cuyo valor es indecible y múltiple. Al principio, es
imposible obtener la sensación corporal sin un esfuerzo consciente. La sensación
«normal» nunca es mecánica, como lo son el dolor u otras molestias. El sobreesfuerzo
consciente implica la voluntad y le permite a uno adquirirla con esta disciplina, como hace
un faquir, pero ignorando las restantes posibilidades de desarrollo de los centros
emocional y del pensamiento. Gurdjieff opina que uno de los puntos importantes de este
ejercicio tiende a que uno se separe constante e inconscientemente de la sensación de
sueño agradable. Ello impide ejecutar el ejercicio de forma correcta, es decir,
conscientemente, ya que desde que la atención es captada por un sueño, la persona
comienza a imaginar que continúa trabajando, aunque en realidad no lo está haciendo. El
sueño inconsciente constituye un proceso inútil y no conduce al desarrollo de uno mismo.
Otra circunstancia a evitar mientras se está practicando el ejercicio son los pensamientos
que distraen la atención y la concentración sobre el cuerpo y sus sensaciones. En ese
caso, hay que decirse a uno mismo: «detente, déjame hacer mi trabajo ahora y te dejaré
hacer lo que quieras más tarde». Lo esencial de este ejercicio es no permitir que los
pensamientos se ocupen de otra cosa más que de la experiencia propia de la sensación
del cuerpo:
Experimentar una sensación no es lo mismo que percibir un sentimiento o emoción, pensar
o saber. La persona piensa y conoce con su espíritu mental o intelectual, la persona siente
con las pasiones, emociones y sentimientos, pero contacta con el mundo a través de los
sentidos, internos y externos. Se puede decir que estos tres tipos diferentes de experiencia
tienen lugar gracias a tres centros distintos: el centro activo, el centro pensador y el centro
emocional, sentimental y pasional. Para realizar el esfuerzo de sentir; es necesario que la
persona se encuentre tranquila, el cuerpo distendido, y el espíritu en reposo. Ninguna parte
del cuerpo debe estar rígida ni crispada. Para ello, hay que fijarse en los músculos faciales,
ya que a menudo, cuando se hace un esfuerzo cualquiera, las cejas se contraen y la frente
se arruga. No se debe permitir que ello se produzca, sino que hay que relajar los músculos
sin la función inmediata de mantener el cuerpo en la posición deseada.
Puede ser de ayuda repetirse, silenciosa e interiormente, la orden de que la atención se
pose sobre las diferentes partes del cuerpo; por lo menos, al principio, ello facilita seguir el
orden correcto de progresión de la consciencia de sensación corporal. Esto impide también,
en gran medida, que aparezca un estado de sueño. Si al realizar el ejercicio uno nota que
va a dormirse o tiene sensación de somnolencia, hay que caminar dos o tres veces
alrededor del asiento y recomenzar.
Algunas personas sienten su cuerpo más fácilmente si dirigen sus ojos hacia la parte
sobre la cual se centra la atención, y así llegan a ser conscientes de la sensación, o bien
imaginan (visualizan) esta parte mentalmente. Esto es de mucha ayuda, sobre todo
cuando se comienza a practicar el ejercicio de trabajo en calma; pero no es preciso que la
cabeza se incline o se desplace de su posición de equilibrio sobre la columna vertebral.
Según Gurdjieff, es necesario comprender que la finalidad del ejercicio consiste en llegar
a ser consciente de la sensación corporal normal, siempre presente en el cuerpo. Éste no
es un ejercicio de visualización-imaginación, y no hay que desviarse de ese fin; ser capaz
de visualizar de una manera fácil y conveniente constituye una ventaja en todo trabajo
interior.
El ejercicio de recordarse a uno mismo comienza con el empleo intencionado de la
facultad de dirigir, a voluntad, la atención de uno mismo sobre una parte determinada del
cuerpo y, al mismo tiempo, de saber que «yo estoy» aquí para hacer precisamente eso, y
que lo hago ahora por «mí mismo», en el momento presente y actual, por «mi» propia
voluntad y al servicio de «mi» albedrío. Cuando se llega a tener éxito, incluso una sola
vez, entonces uno ya se encuentra en el camino de sentir y de «ser», no importa dónde ni
en qué momento; de saber que «soy».
Este objetivo no tiene por qué ser difícil de alcanzar. Fue Gurdjieff quien habló primero de
«recordarse a sí mismo» y quien señaló este olvido en el hombre, así como el primero en
proponer a sus alumnos ejercicios que permitían entrar en ese estado. Antes de Gurdjieff,
ningún psicólogo lo había remarcado, pero a partir de él, numerosas escuelas de
psicología y de esoterismo lo han adoptado, normalmente sin referencia alguna a
Gurdjieff.
Cuando una persona practica dicho ejercicio a menudo con el fin de adquirir una gran
facilidad por sentir, llegar a ser consciente y tener la sensación del cuerpo, debe realizar
el esfuerzo suplementario de alcanzar, al mismo tiempo, el estado de recordarse a sí
mismo durante todo el ejercicio.
Ese estado de tener consciencia de uno mismo simultáneamente a la consciencia de la
sensación del cuerpo, se denomina «estado de recogimiento». Hay que guardarlo el
máximo tiempo posible, sin dejar que la sensación corporal desaparezca ni disminuya
contra la voluntad de uno mismo. En el momento en que la sensación del cuerpo
comienza a debilitarse, hay que retirar la atención de la propia decisión. Se debe hacer
saber al cuerpo que es uno mismo el maestro, y no al revés:
Nunca hay que permitir a una voluntad cualquiera que prevalezca sobre nuestra voluntad.
La sumisión a la voluntad de otro sólo conduce a la perdición, y nunca a la consciencia
objetiva.
Cuando la persona ha adquirido el gusto de recordarse a sí misma y sabe cómo llegar
rápidamente a la consciencia de la sensación corporal, es decir, a entrar a voluntad en el
estado de recogimiento, se deben mantener los ojos abiertos durante todo el trabajo en
calma.

N o r a S a b a t e r, 

Pregúntale a Gurdjieff

Ejercicio de observarse – N o r a S a b a t e r

Preguntale a Gurdjieff -N o r a S a b a t e r

Preguntale a Gurdjieff -N o r a S a b a t e r

Ejercicio de observarse a uno mismo

Según Gurdjieff, habría que practicarlo a lo largo de la vida, abordándolo gradualmente, después de algunos días de preparación preliminar. Varias veces al día, durante algunos minutos cada hora, se trata de describirse a uno mismo con palabras explícitas y concisas, pero expresando también que uno mismo puede en ese momento ser consciente. Se puede comenzar cada descripción por «aquí y ahora», o bien por «en este preciso momento». Hay que dejar que la atención se desplace de un objeto a otro, o de una persona a otra, o hacia otros objetos, al agrado de cada uno, notando bien la naturaleza de lo que se mira verdaderamente, es decir, lo que retiene la atención de uno en ese momento.

Pero hay que mirar lo que hay alrededor, y hay que formular, silenciosamente para uno mismo o en voz alta cuando se está solo, cada experiencia consciente, sin omitir nada, diciéndose: «aquí y ahora soy consciente de…» o «ahora y aquí soy consciente de que…»; es decir, hay que notar al mismo tiempo los sentimientos, emociones, pensamientos en relación a la persona, objeto o acontecimiento que atrae la atención y, por ello, darse uno cuenta de que es consciente.

Después se hace una formulación exacta de lo que se observa: «esto me gusta / me disgusta…», o bien «siento hacia ella, él o esto, la emoción o el pensamiento de…». Se ha de diferenciar entre las diversas partes de sentimientos o pensamientos: «es esto en él, ella o eso lo que me gusta / me disgusta…». También: «pienso esto acerca de ella, él o eso».

Para comenzar, se debe observar y prestar atención a los acontecimientos externos percibidos por los sentidos, pero sin suprimir el resto de experiencias. Más tarde, se adjunta la observación simultánea de los acontecimientos y procesos interiores: asociaciones, pensamientos, emociones, sensaciones, tensiones musculares, sueños, etc. Hay que distinguir los diferentes procesos internos considerándolos uno a uno en relación a los otros, y concentrándose durante cierto tiempo sobre cada uno de ellos: por ejemplo, sobre las emociones y sentimientos al principio, luego sobre los pensamientos, después sobre las tensiones musculares u otras reacciones corporales, etc. Hay que seguir cada uno de los acontecimientos externos e internos que uno asocia, reconociendo, con el máximo de detalles, los diversos objetos y acontecimientos. Uno debe conseguir, también, ser consciente de la trama entera del acontecimiento o acontecimientos dramáticos, cuyas partes componentes, dentro de uno mismo, son las reacciones personales.

Llegado ese momento, se debe mantener durante el máximo tiempo la presencia de la constatación o sensación de «aquí y ahora soy consciente de… y observo activamente…», la sensación de actualidad, de presencia de lo que ocurre, la constatación de que la consciencia existe verdaderamente o que, en todo caso, puede existir con un poco de esfuerzo, y por tanto, uno existe también. Es preciso asegurarse de que es uno mismo quien está viviendo esta experiencia, que es uno mismo quien la provoca, quien la hace reaccionar, quien hace el esfuerzo de grabarla en la memoria.

Según Gurdjieff, hay que prestar atención tanto a las experiencias observadas como a las experiencias internas, abstractas y mentales, las emociones sentimentales y las sensaciones corporales: lo que atrae a uno hacia el pasado, lo que lo empuja hacia el futuro, lo que uno desea ver llegar o debe llegar, o lo que llega espontáneamente, lo que uno invoca de forma voluntaria y, en consecuencia, provoca la realización, y aquello de lo que uno trata de escapar.

Las observaciones propuestas sólo son una preparación para el ejercicio de observación de uno mismo. Es la práctica lo que permite seguir el viejo consejo de «conócete a ti mismo».

Observarse a uno mismo implica prestar atención a todo lo que uno piensa, siente, dice; a la manera como uno habla, calla, gesticula; a la forma como uno bebe, se queda de pie, se sienta, come, descansa, en definitiva, se mueve.

A medida que uno va aprendiendo a observarse a sí mismo más eficazmente, hay que empezar a atribuir lo que se observa a los diferentes centros, cuya reacción es variable. Esto quiere decir que, por ejemplo, si uno se observa cerrando los puños, comprenderá que constituye una actividad del centro motor. Si algo provoca náuseas, es el centro instintivo el que reacciona. Si es el olor de una flor lo que se percibe por la nariz, es el centro emocional, pasional y sentimental el que se pone en funcionamiento.

Habría que tomar nota cada día las observaciones. Sin ser obligatorio, Gurdjieff aconsejaba tal práctica. Si se hace, puede verse que las anotaciones que se escriben sobre este ejercicio no son las mismas que se anotarían en un diario normal. Lo importante es darse cuenta de que los descubrimientos que hace uno mismo de los hechos, son nuevos. Este diario no es un resumen detallado de lo que se hace durante el día, sino de lo que se ha observado sobre la actuación de los centros al ejecutar sus funciones, sobre las actitudes, ya sean externas o internas, hacia diferentes acontecimientos del día. Es decir, representa la revelación de cómo se conduce cada uno, que se evidencia a través de la observación de uno mismo. Hay que ser absolutamente sincero consigo mismo sobre lo que se ha descubierto, incluso si es algo repugnante. El resumen diario por escrito debe ser verídico. Un ejemplo puede aclarar la diferencia entre un diario ordinario y el resumen de la auto observación: si uno observa que cada vez que ve un mendigo en la calle, el cuerpo se le pone tenso, los ojos buscan mirar a otra parte y uno se da cuenta de que está decidido a no escuchar petición alguna, esto es una observación a anotar, sin detalles descriptivos externos. Por el contrario, en un diario normal, se escribiría más bien cuántas veces y dónde se ha visto al mendigo, en qué estado, qué apariencia tenía y qué razones poseía uno para no darle nada. Gurdjieff comenta que existen siete condiciones indispensables para una observación correcta y aprovechable:

– Sin crítica ni comentario.

– Sin cambio ni control de su manifestación.

– Sin análisis.

– En el momento presente.

– Con el recuerdo de uno mismo (autopresencia).

– Con todos los sentidos posibles.

– Todo el tiempo y en todas partes.

En la observación perfecta de uno mismo, uno se vuelve consciente del hecho de que

«tengo un cuerpo» y también de que «este cuerpo no soy yo», pero «en este momento

participamos en la manifestación siguiente…». Tal observación de uno mismo comprende

la completa consciencia de todos los pensamientos y emociones y de todas las

reacciones del cuerpo que los acompaña, es decir, actitud, gestos, movimientos,

expresiones de la vista, tono de la voz, etc. Los sentidos deben despertarse y han de

participar: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, incluso la consciencia de las

sensaciones de temperatura, cambios de color, presiones sentidas, presencia de

secreciones, así como la consciencia del ritmo y de la profundidad de la respiración, y la

amplitud y frecuencia de los latidos del corazón y del pulso.

N o r a S a b a t e r

Pregúntale a Gurdjieff

Gurdjieff Music

du

http://player.ecmrecords.com/gurdjieff

CC

cuarto camino

Llegarán a la conclusión de que casi desde que empiezan a estudiarse, tienen que corregir

en sí mismos ciertas cosas que no son correctas, ordenar ciertas cosas que no están en sus sitios correctos.

El sistema tiene una explicación para esto.

Estamos hechos de tal modo que podemos vivir en cuatro estados de consciencia, pero, tales

como somos, usamos sólo dos: uno cuando estamos dormidos, y el otro cuando estamos lo

que llamamos “despiertos”: es decir, en el estado actual, cuando podemos charlar, escuchar,

leer, escribir, etc. Pero éstos son sólo dos de los cuatro estados posibles. El tercer estado de

consciencia es muy extraño. Si la gente nos explica qué es el tercer estado de consciencia,

empezamos a pensar que lo tenemos. El tercer estado puede llamarse consciencia de sí, y la

mayoría de la gente, si se le pregunta, dice: “¡Somos ciertamente conscientes!” Requiérese

tiempo suficiente o esfuerzos de observación de si, repetidos y frecuentes, antes que realmente

reconozcamos el hecho de que no somos conscientes; que somos conscientes sólo

potencialmente. Si nos preguntan, decimos: “Si, lo soy”, y por ese momento lo somos, pero en

el momento siguiente cesamos de recordar y no somos conscientes. De modo que, en el

proceso de observación de sí, comprendemos que no estamos en el tercer estado de consciencia,

que vivimos sólo en dos. Vivimos en estado de sueño o en estado de vigilia, lo cual,

en el sistema, llamase consciencia relativa. El cuarto estado, que se llama consciencia

objetiva, es inaccesible para nosotros porque sólo puede alcanzarse a través de la consciencia

de sí, es decir, primero convirtiéndose en consciente de uno mismo, de manera que mucho

después podemos disponernos a alcanzar el estado objetivo de la consciencia.

De modo que, al mismo tiempo que la observación de si, tratamos de ser conscientes de

nosotros reteniendo la sensación de “Yo estoy aquí”, nada más. Y este es el hecho que se le

escapó, sin la mínima excepción, a toda la psicología occidental. Aunque muchas personas se

aproximaron muchísimo a él, no reconocieron la importancia de este hecho y no

comprendieron que el estado del hombre, como éste es, puede ser cambiado: que el hombre

puede recordarse, si lo intenta durante largo tiempo.

 

Esta no es una cuestión de un día o un mes. Es un estudio muy prolongado, y un estudio de

cómo suprimir obstáculos, porque no nos recordamos, no somos conscientes de nosotros,

debido a muchas funciones equivocadas de nuestra máquina, y todas estas funciones han de

corregirse y ajustarse. Cuando la mayoría de estas funciones es ajustada, estos períodos de

recuerdo de sí se tornarán cada vez más largos, y si llegan a ser lo suficientemente largos,

adquiriremos las dos nuevas funciones. Con la consciencia de sí, que es el tercer estado de

consciencia, adquirimos una función que se llama emocional superior, aunque igualmente es

intelectual, porque en este nivel no hay diferencia entre intelectual y emocional tal como

existe en el nivel corriente. Y cuando llegamos al estado de consciencia objetiva, adquirimos

otra función que se llama mental superior. Los fenómenos de lo que llamo psicología

supernomal pertenecen a estas dos funciones; y he aquí porqué, cuando realicé aquellos

experimentos hace veinticinco años, llegué a la conclusión de que el trabajo experimental es

imposible, porque no es una cuestión de experimentación sino de cambio del propio estado de

consciencia.

 

EL  CUARTO  CAMINO –  P. D.  OUSPENSKY.

LA PRIMERA CONEXIÓN CON OTRA REALIDAD

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La Postura para hacer este ejercicio sentado al borde de una silla con los pies apoyados en el suelo y las manos sobre las piernas, trate de mantener la postura erguida y derecha su columna vertebral, hágalo de manera natural y sin forzar.

Este ejercicio requiere que le dedique 20 minutos desde su inicio hasta su final, así que procure adoptar su Postura en un lugar donde no vaya a ser interrumpido…Se debe practicar por la mañana al despertar, antes de hacer cualquier cosa; quiere decir es lo primero por realizar es esta Tarea.

Me miro a mi mismo sentado aquí. Soy consciente del cuerpo que se sienta Aquí. Me doy cuenta de la Respiración: como el aire entra y sale. Me doy cuenta de la Tensión y la Relajación en diferentes partes de mi Cuerpo.

Comienzo a ser consciente de un inmenso silencio. Toda mi atención esta concentrada en la quietud. Mi respiración me ancla Aquí. Soy más Sensible a este momento, este momento que viene a mi puro, sin la interrupción del pensamiento.

La quietud comienza a ayudarme.

La respiración es Tranquila. El cuerpo comienza a relajarse….La mente es mas libre. Si vienen los pensamientos, simplemente observo. Un nuevo nivel de soltar, de abrirme, de estar aquí, escuchando… escuchando el Silencio…. este momento de Silencio.

Trato de ir mas profundo, pero el tratar no es un tratar…. Es un entregarse al Momento.

Siempre, siempre puedo regresar a la respiración.

Ahora, en la quietud, comienzo a ser consciente de una relación con otra Realidad…….

ws

Wiliam Segal.

Respirar el Instante.

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