La vida es real sólo cuando Yo Soy; Gurdjieff.

ESCUELA DE CUARTO CAMINO

EN BUSCA DE LO MILAGROSO: Una Escuela

En  busca de lo milagroso: una Escuela.

De los viajes de P. Ouspensky

Regresé a Rusia en noviembre de 1914, al comienzo de la primera guerra mundial, después de un viaje, relativamente largo, a través de Egipto, Ceilán e India. La guerra estalló cuando me encontraba en Colombo, de donde me embarqué para regresar a través de Inglaterra.

Al salir de San Petersburgo, yo había dicho que partía en busca de lo milagroso. Lo “milagroso” es muy difícil de definir. Pero para mí, esta palabra tenía un significado muy definido. Mucho tiempo atrás había llegado a la conclusión de que para escapar del laberinto de contradicciones en que vivimos, era necesario encontrar un camino enteramente nuevo, diferente de todo lo que habíamos conocido o seguido hasta ahora. Pero dónde comenzaba este camino nuevo o perdido, yo era incapaz de decirlo. Entonces ya había reconocido como un hecho innegable que detrás de la fina película de falsa realidad, existía otra realidad de la cual, por alguna razón, algo nos separaba. Lo “milagroso” era la penetración en esta realidad desconocida. Me parecía que el camino hacia lo desconocido podría ser encontrado en Oriente. ¿Por qué en Oriente? Era difícil decirlo. En esta idea había quizás algo de romántico, pero en todo caso había también la convicción de que nada podía ser encontrado aquí, en Europa. Resumiendo el conjunto de mis impresiones del Oriente y particularmente de la India, tenía que admitir que al regreso mi problema parecía todavía más difícil y más complicado que al partir. La India y el Oriente no sólo no habían perdido nada de su milagroso atractivo sino que, por el contrario, este atractivo se había enriquecido con nuevos matices que anteriormente yo no había podido sospechar.Había visto claramente que algo podía ser encontrado en el Oriente, que por mucho  tiempo había dejado de existir en Europa, y consideraba que la dirección que yo había tomado era buena. Pero al mismo tiempo me había convencido de que el secreto estaba mejor y más profundamente escondido de lo que hubiera podido prever. A mi partida, ya sabía que iba en busca de una o de varias escuelas. Había llegado a esta conclusión hacía ya tiempo, habiéndome dado cuenta que los esfuerzos personales independientes no podían ser suficientes, y que era indispensable entrar en contacto con el pensamiento real y viviente que debe existir en alguna parte, pero con el cual habíamos perdido toda conexión.

Yo comprendía esto, pero la idea misma que tenía de las escuelas se modificaría mucho durante mis viajes; en un sentido se volvió más simple y más concreta, en otro sentido más fría y más distante. Quiero decir que las escuelas perdieron su carácter de cuentos de hadas. En el momento de mi partida, todavía admitía muchas cosas fantásticas acerca de las escuelas. Admitir es quizás una palabra demasiado fuerte. Para decirlo mejor, soñaba con la posibilidad de un contacto no físico con las escuelas, de un contacto, en alguna forma, “en otro plano”. No podía explicarlo claramente, pero me parecía que el primer contacto con una escuela debía tener ya un carácter milagroso. Por ejemplo, imaginaba la posibilidad de entrar en contacto con escuelas que habían existido en un lejano pasado, como la escuela de Pitágoras, o las escuelas de Egipto, o la escuela de los monjes que construyeron Notre-Dame, y así sucesivamente. Me parecía que las barreras del espacio y del tiempo desaparecerían ni producirse tal contacto. La idea de las escuelas era en sí misma fantástica, y nada de lo que les concernía me parecía demasiado fantástico. Asimismo no veía ninguna contradicción entre mis ideas y mis esfuerzos para encontrar en la India escuelas reales. Pues me parecía que era precisamente en la India donde me sería posible establecer una especie de contacto, que podría luego volverse permanente e independiente de toda interferencia exterior. Durante mi viaje de regreso, lleno de encuentros y de impresiones de toda clase, la idea de laescuelas se volvió para mí mucho más real, casi tangible. Había perdido su carácter fantástico. Y esto sin duda porque como me di cuenta entonces, una “escuela” no requiere solamente una búsqueda sino una “selección” o un escoger — quiero decir: de nuestra parte. No podía dudar que hubiera escuelas. Me convencí al mismo tiempo de que las escuelas sobre las que había oído hablar, y con las cuales hubiese podido entrar en contacto, no eran para mí.

Eran escuelas de naturaleza francamente religiosa o semi-religiosa y de tono netamente devocional. No me atraían, sobre todo porque si hubiese buscado un camino religioso habría podido encontrarlo en Rusia. Otras escuelas más moralizadoras eran de tipo filosófico, ligeramente sentimental, con un matiz de ascetismo, como las escuelas de los discípulos o seguidores de Ramakrishna; entre estos últimos había personas agradables, pero tuve la impresión de que les faltaba un conocimiento real. Otras escuelas, ordinariamente descritas como “escuelas de yoga”, y que están basadas en la creación de estados de trance, participaban, a mis ojos, un tanto demasiado del género espiritista. Yo no podía tenerles confianza; conducían inevitablemente a mentirse a uno mismo o bien a lo que los místicos ortodoxos, en la literatura monástica rusa, llaman “seducción”.

Había otro tipo de escuelas, con las cuales no pude tomar contacto y de las que sólo oí hablar. Estas escuelas prometían mucho, pero igualmente exigían mucho. Exigían todo de una sola vez. Hubiera sido necesario quedarse en la India y abandonar para siempre toda idea de regreso a Europa. Habría tenido que renunciar a todas mis ideas, a todos mis proyectos, a todos mis planes y comprometerme a un camino del cual no podía saber nada de antemano. Estas escuelas me interesaban mucho, y las personas que habían estado en relación con ellas y que me habían hablado de ellas, se destacaban nítidamente sobre el común de las personas. Sin embargo me parecía que debería haber escuelas de un tipo más racional, y que hasta cierto punto, un hombre tenía derecho de saber hacia dónde iba. Paralelamente, llegué a la conclusión de que una escuela —no importa como se llame: escuela de ocultismo, de esoterismo o de yoga— debe existir sobre el plano terrestre ordinario como cualquier otro tipo de escuela: escuela de pintura, de danza o de mediana. Me di cuenta de que la idea de escuelas “en otro plano” era simplemente un signo de debilidad: esto significaba que los sueños habían reemplazado la búsqueda real. Así comprendí que los sueños son uno de los obstáculos más grandes en nuestro camino eventual hacia lo milagroso. En camino hacia la India, hacía planes para próximos viajes. Esta vez deseaba comenzar por el Oriente musulmán. Sobre todo estaba atraído por el Asia Central rusa y Persia. Pero nada de todo esto estaba destinado a realizarse.

De Londres, a través de Noruega, Suecia y Finlandia, llegué a San Petersburgo, que había sido ya rebautizada “Petrogrado”, y donde el patriotismo y la especulación estaban en todo su apogeo. Poco después, partí para Moscú retomando mi trabajo en el periódico del cual había sido corresponsal en la India. Llevaba ahí ya cerca de seis semanas, cuando ocurrió un pequeño episodio que iba a ser el punto de partida de numerosos acontecimientos.

Un día que me encontraba en la redacción del periódico, preparando la próxima edición, descubrí, creo que en La Voz de Moscú, un aviso con referencia a la puesta en escena de un ballet titulado “La Lucha de los Magos”, que se decía era la obra de un “Hindú”. La acción del ballet debía tener lugar en la India, y ofrecer un cuadro completo de la magia del Oriente con milagros de faquires, danzas sagradas, etcétera. No me gustó el tono parlanchín del párrafo, pero como los autores de ballets hindúes eran más bien raros en Moscú, recorté el aviso, insertándolo en mi artículo y añadiendo brevemente que en el ballet se encontraría seguramente todo aquello que los turistas van a buscar y que es imposible de hallar en la India verdadera.

Poco después, por varias razones, dejé el periódico y fui a San Petersburgo. Allí, en febrero y marzo de 1915, ofrecí conferencias públicas sobre mis viajes por la India. Los títulos de éstas eran: “En Busca de lo Milagroso” y “El Problema de la Muerte”. En estas conferencias, que debían servir de introducción a un libro sobre mis viajes, que tenía intención de escribir, dije que en la India lo “milagroso” no se buscaba donde debía buscarse, que todos los caminos habituales eran inútiles y que la India guardaba sus secretos mucho mejor de lo que se suponía: sin embargo, de hecho lo “milagroso” sí existía y estaba indicado por muchas cosas que la gente pasaba de largo sin captar su contenido verdadero y su significado oculto, y sin saber cómo acercarse a ellas. Nuevamente tenia en la mente “las escuelas”. A pesar de la guerra, mis conferencias despertaron considerable interés. Cada una de ellas atrajo más de mil personas al Hall Alexandrowski del Domo municipal de San Petersburgo. Recibí muchas cartas; la gente vino a verme; y sentí que sobre la base de una “búsqueda de lo milagroso” sería posible reunir a un número grande de personas que ya no podían tragar las formas usuales de mentira y de la vida en medio de la mentira.

Después de Pascua, salí de nuevo hacia Moscú para ofrecer las mismas conferencias. Entre las personas que encontré con motivo de estas conferencias había dos, un músico y un escultor, que muy pronto comenzaron a hablarme de un grupo de Moscú, dedicado a varias investigaciones y experimentos “ocultos” bajo la dilección de un cierto G., un griego del Cáucaso; era precisamente, como yo lo comprendí, el “Hindú”, autor del argumento del ballet mencionado en el periódico que había llegado a mis manos tres o cuatro meses atrás. Debo confesar que lo que estas dos personas me contaron acerca de este grupo y de lo que en él ocurría — toda clase de prodigios de autosugestión — me interesó muy poco. Es una mezcla de superstición, autosugestión y debilidad intelectual; pero estas historias, según lo que he podido observar, nunca aparecen sin cierta colaboración de parte de los hombres a los cuales están referidas.

Prevenido así por mis experiencias anteriores, fue sólo ante los persistentes esfuerzos de M., uno de mis nuevos conocidos, que acepté conocer a G. y tener una conversación con él. Mi primera entrevista modificó enteramente la idea que tenia de él y de lo que me podía aportar. Lo recuerdo muy bien. Habíamos llegado a un pequeño caté alejado del centro de la ciudad en una calle bulliciosa. Vi a un hombre que ya no era joven, de tipo oriental, con bigotes negros y ojos penetrantes. En primer término me asombró porque parecía estar completamente fuerade sitio en tal lugar y dentro de tal atmósfera. Estaba todavía lleno de mis impresiones delOriente, y hubiera podido ver a este hombre con cara de raja hindú o de  jeque árabe, bajo una túnica blanca o un turbante dorado, pero sentado en este pequeño café de tenderos y de comisionistas, con su abrigo negro de cuello de terciopelo y su bombín negro, producía la impresión inesperada, extraña y casi alarmante, de un hombre mal disfrazado. Era un espectáculo embarazoso, como cuando se encuentra uno delante de un hombre que no es lo que pretende ser, y con el cual sin embargo se debe hablar y conducirse como si no se diera cuenta de ello. G. hablaba un ruso incorrecto con fuerte acento caucasiano, y este acento, que estamos habituados a asociar con cualquier cosa menos con ideas filosóficas, reforzaba aún más la extrañeza y el carácter sorprendente de esta impresión.

No me acuerdo del comienzo de nuestra conversación; creo que hablamos de la India, del esoterismo y de las escuelas de yoga. Entendí que G. había viajado mucho, que había estadoen muchos lugares de los cuales yo sólo había oído hablar y que había deseado vivamente conocer. No solamente no le molestaban mis preguntas, sino que me parecía que ponía en cada una de sus respuestas mucho más de lo que yo había preguntado. Me gustó su manera de hablar, que era a la vez prudente y precisa. M. nos dejó. G. me contó lo que hacía en Moscú.

Yo no le comprendía bien. De lo que hablaba se traslucía que en su trabajo, que era sobre todo de un carácter psicológico, la química desempeñaba un gran papel. Como le escuchaba por primera vez, naturalmente tomé sus palabras al pie de la letra.


EL ENEAGRAMA: SUS PARTES

EL ENEAGRAMA: SUS PARTES

EL SIGNIFICADO DEL CÍRCULO:

Símbolo universal, Totalidad; integridad, la redondez es sagrada por es la forma más natural por eso tal vez por que nos mueve las entraña,  estuvimos metidos dentro de uno antes de nacer, el útero, contiene el prefijo ut  de la nota Do, justamente un embarazo tiene en sí mismo una octava completa. Una octava contiene Los siete tonos fundamentales, con los dos «intervalos» o los dos «choques adicionales», dan nueve escalones, en nuestro caso nueve meses.De este modo simboliza el pasaje de la oscuridad a la luz. Dio a luz, nació a la luz cuando alguien sale del círculo. Por este motivo es también  estar encerrado en un círculo limitado y en un lugar no hay luz, está cerrado. El cero, para la mente lineal  es la nulidad y lo desconocido. La nada, el vacío. El círculo vacío es la vacuidad, que  viene de vano, es la ausencia de amor.

El círculo es lo femenino en oposición a lo recto masculino. Representa los números del  1 al 9  y el diez el que todo lo incluye, el círculo y el uno, es  El Círculo con un punto es el Hidrógeno, es el  símbolo del Sol,  que a su vez es la idea de Yo Soy, el que está en toda la materia, pero en este caso  es el Yo soy encarnado. La forma circular representa la circularidad del tiempo, puede representar  la repetición del tiempo como recurrencia y el eterno retorno.  Lo cíclico, los ciclos solares, y todo lo que termina y vuelve a empezar.  Es la rueda del Karma para la filosofía hindú- tibetana. Círculo con laberinto significa el regreso al centro de sí mismo, es análogo a tener el propio centro de gravedad donde se concentra la energía.

Los círculos  concéntricos en música los círculos armónicos, en física simbolizan dimensiones, tres modos que van desde el más externo a lo más interno, en esoterismo, mesotérico y exotérico. La representación análoga a anterior de los centros instinto, emoción e intelecto. Los tres círculos en plano cósmico y estudio de las leyes representan a la vez, la Luna, la Tierra y el Sol, que incluye la interrelación entre ellos. Símbolos que se usan en alquimia medieval, incluyendo en un gran círculo todos los planetas.  Macrocosmos, Microcosmos y Tritocosmos.

Como esfera significa lo completo, lo realizado,  lo satisfecho. La perla preciosa, la hostia, el pan como alimento.

Tomado como circunferencia: al dividirla en nueve es 360º/9=40º las estaciones de la agricultura, basado en calendarios climáticos. El movimiento de la Vida o de todas las cosas. Si lo tomamos como 3×3, la triple Tríada, en la que dos triángulos están quietos, principios masculino y femenino, activo y pasivo y un tercer triángulo en giro, que va estimulando el cumplimiento de las leyes, acelerando, catalizando, endureciendo, generando, no es bueno ni malo, es acción que depende la  voluntad creadora. Crea mundos, seres, todas las cosas inteligencia que necesita de la consciencia que guía sino se hace, sucede, el suceder por sí sólo, la naturaleza pero a la vez inteligente.


SUFRIMIENTO CONSCIENTE

TRABAJO:

LA DIMENSION INTERIOR

Una vez dijo el Sr. Gurdjiéff, “Cuando se ejercite, hágalo como un servicio para toda

la humanidad.” ¿ Qué es lo que quiso transmitir ?

Cuando me pregunto, “Cómo puedo hacer mi esfuerzo para toda la humanidad ?,” veo

que no sólo es demasiado pequeña la escala de ese esfuerzo, sino que también hay una

dimensión superior, una implicación más profunda, incluso en el esfuerzo personal. Esa

implicación mayor, aparentemente fuera de mi alcance, debe incluirse, realizarse, en el

esfuerzo de mi trabajo; de otra manera éste no corresponderá a un “trabajo de escuela.”

¿ Qué es esta dimensión superior ? No hay palabras que la expresen porque no puede

ser percibida directamente por los sentidos. Sin embargo, sí hay momentos en que la

percibe una atención interna. Ésto lleva a preguntas: ¿ Qué es mi “escencia” ? ¿ Qué es

el “ser imperecedero” ?

La escala de mi trabajo es la de mis acciones, la de mis respuestas internas a la vida,

en cada momento. Tales respuestas proceden principalmente de mi “personalidad”,

definida por el Sr. Gurdjiéff como aquéllo que se ha adquirido en el transcurso de la

vida: “aquéllo que no es mío”. Como la mayoría de mis acciones se basan en lo que no

es mío, resultan débiles, cambiantes y yo me doy cuenta de ello. Pero en una crisis, ante

un peligro, Yo soy fuerte; todo mi ser se involucra. Hay fuerza y poder en la escencia

cuando la demanda es suficiente como para tocarla. Es como si se tocara otra dimensión

de mí mismo, las profundidades mismas de mi ser.

¿ Cómo alcanzar esa profundidad ? ¿ Cómo vivir y ser guiado por la conciencia y no

por la conveniencia ? Necesito vivir con esa fuerza interior y lo que veo es que todo el

tiempo soy un esclavo de mis reacciones automáticas.

Parece que esa incapacidad para alcanzar mis posibilidades más profundas se debe al

resultado de la Ley de las Octavas. Empiezo a colectar mi atención, a concentrarme,

pero siempre llego al mismo punto. Luego algo llama mi atención, un pensamiento, un

recuerdo o, incluso, el darme cuenta del estado de tranquilidad que tengo y de nuevo me

encuentro envuelto en pensamientos. Así que requiero de una disciplina, de un

entrenamiento que involucra tres aspectos.

Un ejemplo sencillo de ésto sería: Quiero ir a Europa el próximo año y decido

aprender francés, así que me compro un diccionario y una gramática y me pongo a

estudiar. Pero después de poco tiempo encuentro que no avanzo mucho, mi entusiasmo

se debilita, me digo a mí mismo que no tengo tiempo suficiente para estudiar y, cuando

lo tengo no dispongo de la energía adecuada para hacerlo. Esto quiere decir que estoy en

un “intervalo” … hago mis libros a un lado. En este momento, si quiero continuar de

manera efectiva, debo encontrar una escuela o, por lo menos uno o dos compañeros que

den el estímulo para el estudio. Me encuentro entusiasmado otra vez y, otra vez, llego al

punto en que es difícil continuar, ya que no escucho el idioma en mi vida diaria.

Finalmente llego a Europa y ocurre éso. Ahora puede lograrse un dominio completo del

lenguaje.

Este es un ejemplo de la disciplina de escuela. Debe tener tres aspectos, tres

“dimensiones internas” de niveles diferentes. Una es el trabajo en mí mismo, la segunda

es el trabajo con otros, el grupo; la tercera es el trabajo para la escuela, “para la

humanidad.” Estos tres aspectos juntos garantizan que el intervalo (debido a la Ley de

las Octavas) sea superado en cada caso y que el trabajo continúe en forma efectiva hasta

alcanzar la meta.

Pero, ¿ es así de fácil ? – En la práctica no, ya que los tres aspectos son simultáneos;

éstas tres dimensiones internas están interconectadas y deben actuar una sobre las otras

para obtener un resultado. Así que no se puede trabajar solamente en una, en otra

después y luego en la última. El Sr. Gurdjiéff lo expresaba así: “el trabajo debe ser para

Ud., para el grupo y para mí” (o sea para la escuela). Puede empezar por cualquier

aspecto, pero debe desarrollarse pronto hasta abarcar los tres.

Cada línea implica sufrimiento: sufrimiento por ver lo que soy, mi nadidad;

sufrimiento al trabajar con otros, viendo que no nos comprendemos unos a otros sino en

forma superficial, que nó nos amamos, que hasta decimos cosas maliciosas a sus

espaldas; sufrimiento por nuestra pasividad y nuestra complacencia y, por último,

sufrimiento por la condición humana, por aquéllos que están inmersos en la miseria, la

pobreza, el crimen, la ignorancia.

Es el sufrimiento el que produce la interconexión con otra dimensión, con

profundidades interiores. Es esa cualidad esquiva, la sinceridad conmigo mismo, la que

produce el contacto con el “ser”, la verdad que anida en mi mismo. Y así, el sufrimiento

de cada aspecto del trabajo de escuela trae no sólo dicho sufrimiento, sino también un

gozo sutil, porque conocer la verdad, comprender, siempre traen consigo un sentimiento

positivo: “El amor nace en el espacio que rodea al pensamiento.”

Debido a que existen estas tres dimensiones ocultas, Gurdjiéff compara una escuela

con un monasterio que visitó en Asia y que tenía tres patios: en el más exterior se

encuentran los que pertenecen al círculo exotérico; en el medio, aquellos del círculo

mesotérico y en el interior, los del círculo esotérico. La reja del círculo exterior conecta

con la vida ordinaria; es el sitio en que se pone a prueba a los novicios. El patio medio

está en contacto directo con los círculos externo e interno. Con los que están siendo

puestos a prueba y con aquéllos que saben, los que ya han pasado por la disciplina.

La vida allí es dura; los del patio intermedio están “entre dos sillas”, despiertos a

muchos defectos propios y aún no en armonía consigo mismos; incapaces aún de vivir

desde su escencia. En el patio más interno hay profundidad: tanto ser como

comprensión; armonía y conocimiento; acciones dirigidas hacia una meta.


NOTAS DEL TRABAJO EN UNA ESCUELA

 La Consciencia Título en Inglés: “Conscience” Traducción: Esther Pérez Vázquez

 

La Consciencia

Una búsqueda de la verdad

P.D. Ouspensky

07-Beatriz_y_Virgilio

 

Notas al trabajo en uno mismo

Intente recordar y conservar constantemente en su pensamiento todas las líneas en las que tiene que trabajar. Tiene que trabajar en la mente, en la consciencia, en las emociones y en la voluntad. Intente comprender que cada línea de trabajo necesita de una atención especial, métodos especiales y especial comprensión. Después de algún tiempo las cuatro comenzarán a ayudarse las unas a las otras y más tarde emergerán como una sola, pero al principio las cuatro líneas deben marchar separadamente.especificas que adquieren en usted.

Intente comprender el trabajo con la mente. Para llevar a cabo este trabajo debe revisar constantemente todas las ideas del sistema que se refieren al hombre y al universo, y particularmente las relacionadas con la filosofía, al estudio de las emociones, los muchos “yoes”, la división del hombre, la personalidad falsa, el “yo” permanente, el esoterismo, las escuelas y los métodos del trabajo de la escuela. Mantenga su mente en estas ideas o cuando menos regrese a ellas siempre que le sea posible. Su mente nunca debe estar ociosa. En cada momento que le sea posible debe reflexionar sobre una idea u otra, sobre uno u otro aspecto del sistema y de sus métodos.

Intente comprender la necesidad de introducir los métodos y principios del trabajo en su vida personal y en primer lugar la necesidad de pensar correctamente en todos los interrogantes personales y en su posible relación con su trabajo. Sin esto, nunca alcanzara la unidad. No puede permitir que una parte de usted mismo piense equivocadamente y esperar que otra parte pensara correctamente.

La comprensión de los principios, reglas y métodos del trabajo de escuela es una de las partes más importantes del trabajo con la mente. La mente debe ser entrenada para no dudar en su elección entre lo correcto y lo equivocado, debe asimilar perfectamente las relaciones correctas conmigo, con otras personas en el trabajo y con las personas de fuera.

La mente debe entender que en el mismo principio de trabajo serio en uno mismo se abandona la propia libertad. Ciertamente que es una libertad ilusoria, pero cuando uno se somete a las leyes del trabajo, naturalmente que esta sometido a más leyes que alguien de fuera del trabajo. Intente comprender el significado del silencio en el trabajo, el significado de la sinceridad y el significado de la verdad.

No se puede nunca esperar conseguir nada del trabajo si no se guarda silencio cuando no se precisa hablar por el bien del trabajo. Las personas generalmente hablan demasiado, hablan para su propia gratificación, por su orgullo, por su vanidad, por el deseo de revivir experiencias placenteras o penosas; hablan porque no pueden resistir la identificación con el hablar o porque no se dan cuenta de que no deberían hablar de esa manera particular o acerca de ese tema concreto. Muy a menudo la especial atracción a hablar, para ellos, es el hecho de que ellos saben que no deberían hablar.

No me refiero incluso a hablar con personas de fuera del trabajo. Eso debería haber sido resuelto mucho tiempo antes de que surja en uno mismo cualquier posibilidad de trabajo serio. Lo que quiero decir es que uno debe guardarse mucho incluso de hablar con sus amigos del trabajo, a menos que yo le diga que hable.

Asimismo, uno no puede esperar nada si no puede ser sincero consigo mismo y conmigo. Debe comprender la necesidad de ser cuidadoso cuando diga “yo”. Puede decir “yo” cuando

habla acerca de sí mismo sólo cuando esté seguro de que habla acerca del trabajo o las ideas o las reglas y principios de la obra, o de acuerdo con todas las reglas y principios. En todos los demás casos debe intentar comprender que parte de usted esta hablando o pensando, y llamarla por su nombre. Esta idea no debe exagerarse. No hay nada malo en que diga: voy a comprar cigarrillos. Pero no puede decir: me disgusta este hombre. Debe encontrar que parte de usted rechaza a esa persona y por qué, y no adscribir este disgusto a todo usted.

Debe entender claramente la necesidad de la auto observación para el estudio de uno mismo. Debe entender la diferencia entre funciones y consciencia. En términos de funciones, debe ser capaz de distinguir las funciones intelectual, emocional, de movimiento e instintiva; las partes positiva y negativa de los centros en los centros intelectuales e instintivo; las partes de movimiento, emoción e intelecto de todos los centros. Debe estudiar la atención y entender cómo, mediante el estudio de la atención, puede distinguir las partes de los centros.

En relación con el estudio de la consciencia, debe recordar lo que sabe acerca de los estados de sueño y de despertar, los diferentes niveles del estado de despertar y la conexión de los centros superiores con los estados superiores de consciencia. Debe recordar que su meta es producir estados superiores de consciencia en usted mismo y establecer la conexión con los centros superiores. Debe entender que los centros superiores poseen muchas funciones desconocidas que no pueden ser descritas en el lenguaje ordinario. Tienen mucho

más poder y una penetración más profunda en las leyes de la naturaleza. Debe recordar que muchos problemas insolubles para nuestra mente ordinaria pueden verse solucionados por los centros superiores. Y siempre debe volver a la idea del “yo” permanente y darse cuenta de lo lejos que está de él y de cuantos esfuerzos y sacrificios son necesarios para alcanzarlo.

En el trabajo sobre la consciencia debe entender lo primero de todo que este trabajo esenteramente práctico. El estudio teórico no servirá de ayuda. En segundo lugar, debe entender que el trabajo sobre la consciencia puede dar resultados solo cuando se convierte en permanente o tan continuo como sea posible. El trabajo espasmódico, accidental o interrumpido, no puede dar resultados. Así que intente encontrar el modo de hacer con continuidad su trabajo sobre la consciencia. Su mente puede guiarle en un principio, recordándole constantemente la necesidad de recordarse a sí mismo, y ayudándole a captar los momentos de no-recuerdo.

Pero entienda que la mente puede únicamente prepararle para este trabajo y solamente guiarle durante un cierto trecho. Puede ir más lejos en el trabajo sobre la consciencia únicamente con la ayuda de la voluntad y de las emociones.

Recuerde también que la consciencia puede ser medida por la duración de los periodos de consciencia y por la frecuencia de aparición de dichos períodos.

Los esfuerzos para crear consciencia en uno mismo parecen casi desesperados al principio. Pero muy pronto comenzaran a dar resultados. Se dará cuenta de estos resultados al observar cómo aparecen por sí mismos momentos de consciencia sin ningún esfuerzo por su parte. En realidad, son los resultados de esfuerzos previos.

La práctica de parar los pensamientos ayuda muchísimo al auto recuerdo. La lucha contra la imaginación y contra la charla mecánica con uno mismo o con los demás es necesaria desde el primer momento. Pero se puede conseguir aun más ayuda para el auto recuerdo mediante el sacrificio del propio sufrimiento. Sólo esto puede hacer que el trabajo sobre la consciencia sea real y serio. Todo lo anterior es únicamente una preparación para ello.

El trabajo con las emociones como el trabajo con la consciencia debe ser práctico desde el principio. Comienza por la lucha contra la expresión de emociones negativas. Cuando se logra un cierto control y cuando comprenda totalmente todos los malos aspectos de las emociones negativas en su propia vida y en la vida en general, debe formarse un plan para su trabajo personal con la identificación, la imaginacióny las mentiras en aquellas formas.